Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Tras el horror, la cotidiana pelea por una tenencia

Familia Saracho. ¿Qué pasará cuando cumpla la pena?

Viernes 26 de mayo de 2017
SEGUIR
LA NACION
0

Apenas llega a la mesa. Se las ingenia y, en puntas de pie, alcanza una pequeña porción de pizza, más grande que su mano. "Se cayó al piso. Vamos a buscar otra", dice suavemente Lorena a la niña de casi dos años y la llena de besos. La nena la abraza, se ríe. Lorena no es su mamá, sino su tía. Hace poco tiempo que tiene a la menor en guarda. Su hermana, la madre de la niña, murió cuatro días después de que su pareja la roció con alcohol y la prendió fuego.

Foto: LA NACION

Pasaron casi cuatro meses de ese día. Es un sábado de mayo y la familia Saracho habla con LA NACION en el departamento de la mamá del clan, Fany, en Balvanera. Lorena vuelve a la habitación, esta vez sin la niña, la dejó jugando con sus primos y Teo, su hermanito de cinco años, hijo de una relación anterior de Carolina y que hoy vive con su papá biológico.

En esa casa se juntan todos los fines de semana. Son seis hermanos, cada uno con pareja e hijos. Falta Caro. Son cinco. Las fotos que hay en ese hogar cuentan su historia. Los hermanos abrazados en la vereda. Los ahora más chiquitos, a pura sonrisa. Caro con sus hijos. Caro sonriendo desde un cartel gigante que dice "Justicia por Caro".

Otro sábado, el 21 de enero pasado, en la ciudad de Salta, no eran todavía las ocho de la mañana cuando Carolina Saracho y Andrés Cruz discutieron en el baño. La madre del joven, que vivía con ellos, a los minutos llamó a la ambulancia. "La quemó", dijo... La chica sólo llegó a decirle a la policía: "Mirá lo que me hizo". Tenía el 80% del cuerpo quemado. Su nariz no se diferenciaba de sus ojos.

Una semana antes, Carolina le había confesado a Fany que Andrés la había pegado. Por eso, ese sábado tenía pasajes para volver a Buenos Aires.

Juan Carlos, el papá de la familia, cuenta que tras el ataque todos viajaron a Salta: "La vimos en terapia y supimos que no iba a .". No termina la frase. No puede. Lorena toma la posta: "Andrés primero dijo que ella se quiso suicidar. Después, que fue un accidente, que él tenía una botella de alcohol en la mano y en la otra un cigarrillo. Su mamá nos dijo que él la quemó".

En esa casa de Salta, a donde Carolina se mudó con sus hijos y su pareja, viven la mamá de Andrés y su novio; y el hermano. El día del ataque, todos estaban en la vivienda. La pequeña dormía con Carolina. Teo no estaba con ellas. En la última visita que hicieron a Buenos Aires, el nene no quiso volver. Belén, una de las hermanas, recuerda: "Hace unos días le pregunté a Teo si Andrés se enojaba con Caro. Me dijo que sí, que para proteger a su hermanita corrían juntos a un rincón".

Tras el ataque a Carolina, la niña convivió una semana con su abuela paterna en la casa donde su mamá gritó de dolor mientras se quemaba. Mimí al principio les decía a los Saracho que Andrés tenía que verla crecer. Dicen que en la Secretaría de la Niñez de Salta no los ayudaron ni con la custodia inmediata. "Pura burocracia. Sabían del caso por la tele", lamentan. Gracias a un abogado ad honorem, Jorge Agüero, de la Fundación Cintia Fernández que ayuda a víctimas de violencia de género, consiguieron la guarda por un año. Así, también lograron que Andrés quede en prisión preventiva por el delito de homicidio triplemente agravado por femicidio, por el vínculo y alevosía. No hay fecha de juicio.

"No queremos pensar que él cumpla la pena, reclame a la nena, a pesar de que pedimos perpetua. La quiero adoptar", dice Lorena. Por eso desean que salga la Ley de privación de la responsabilidad parental en casos de femicidios.

Hoy la niña vive en la casa de Lorena y su marido. Recibe los mimos de su prima de 14 y las sonrisas de una beba de ocho meses, ambas hijas de Lorena. "Al principio le tenía miedo a los varones. Ahora no. Está bien ¿Qué habrá presenciado? ¿Qué le habrá pasado?", se pregunta quien tiene su guarda.

Teo suele preguntar por qué no vive con su hermana y dónde está su mamá. "Está en una estrella", le contestan. Teo abre grande los ojos: "¿Cuando voy a ir allá para verla?". Entonces, las preguntas se clavan en la garganta: "¿Cómo le respondemos? ¿Cómo les decimos qué pasó? ¿Por qué el Estado no les da una ayuda psicológica inmediata?". Por eso hablan de otro proyecto, la Ley Brisa, que les brindaría una cobertura de salud a los huérfanos por femicidios.

La pequeña de Caro entra en la habitación. "Mirá quién está ahí", le dice Lorena, la alza y le señala el cartel con el que piden Justicia. Mira a su madre, lanza un "ma", le tira un beso y abraza a su tía guardiana.

En esta nota:
Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas