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El diseño como resiliencia

La australiana Renée Cuocco brindó una conferencia en Buenos Aires, donde planteó el rol clave del creador en el proceso hacia una industria más sustentable

Sábado 27 de mayo de 2017 • 00:00
"La venus de los harapos", de Michelangelo Pistoletto. El italiano detrás de la obra creada en 1967 y uno de los artistas fundadores del llamado arte pobre creó esta instalación con objetos cotidianos, para criticar el consumismo frenético de la posmodernidad.
"La venus de los harapos", de Michelangelo Pistoletto. El italiano detrás de la obra creada en 1967 y uno de los artistas fundadores del llamado arte pobre creó esta instalación con objetos cotidianos, para criticar el consumismo frenético de la posmodernidad.. Foto: Archivo / Gentileza Proa
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Una gran desilusión con la moda llevó a la diseñadora australiana a involucrarse con la sustentabilidad. Después de graduarse en Central Saint Martins, en Londres, Renée Cuocco trabajó en marcas de diseño como Louise Goldin -que dejó de producir en 2011- y en la cadena de retail, Selfridges, como compradora de marcas de lujo. "La cantidad de ropa y la velocidad a la que todo se movía me producía vértigo. Hay muy poco respeto por la vida útil de las prendas y, también, poco tiempo entre colecciones para crear nuevas historias", comentó Cuocco esta semana en su conferencia Diseñar moda para la resiliencia social, cultural y ecológica, organizada por el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), junto con la Red Federal Interuniversitaria de Diseño de Indumentaria, el British Council y el London College of Fashion.

Luego de conocer la cara negativa de la moda, Renée volvió a la academia a estudiar en el Centre of Sustainable Fashion para comprender cómo ser un buen agente de cambio en una industria tan contaminante, como la de la indumentaria.

Al hablar sobre sustentabilidad, Cuocco la definió como la capacidad de prosperar social, ecológica, cultural y económicamente, en la que el diseñador cumple un rol clave para generar cambios. Bajo tres arquetipos, definió los roles que los diseñadores deben ocupar en la industria como determinantes -en la que deben tomar decisiones más estratégicas y creativas para ser más ecológicos-, como co-creadores, trabajando en con los consumidores para reducir el impacto ambiental, y como anfitriones.

Renée Cuocco explora las colaboraciones interdisciplinarias, el compromiso de las comunidades, las prácticas industriales y el rol del diseño en el desarrollo de resiliencia social, cultural y ecológica.
Renée Cuocco explora las colaboraciones interdisciplinarias, el compromiso de las comunidades, las prácticas industriales y el rol del diseño en el desarrollo de resiliencia social, cultural y ecológica.. Foto: LA NACION / Fernando Massobrio

"El diseño debe ser participativo y debemos pensar la moda como un proceso social que integre a las comunidades, con una inversión de los roles jerárquicos clásicos que se dan en la industria. El diseño puede funcionar como un lugar de intercambio cultural y no solo definido a partir de su consumo", agregó.

Responsabilidad compartida

Si bien son varias las ONGs y empresas de moda (Nike, H&M y el holding Kering, entre los que se encuentran Balenciaga y Stella Mc Cartney) que ensayan nuevas estrategias sustentables, Cuocco consideró que es una problemática en la que todos sus actores deben asumir un rol activo para generar un cambio de paradigma radical de consumo. "Hoy, el foco de la sustentabilidad está puesto en los avances tecnológicos y en las economías circulares; en encontrar soluciones químicas, mecánicas, como la descomposición de fibras para reutilizarlas, pero no serán la única solución", indicó, y advirtió que "los gobiernos deberán involucrarse con proyectos de ley que sancionen a las compañías que no cumplan con los procesos ecológicos y, como consumidores y usuarios, debemos replantearnos la manera en la que nos relacionamos con la moda porque ya sabemos, los estudios demuestran que comprar no nos hace felices."

Durante la conferencia, la diseñadora apuntó y destacó al creador como actor clave para integrar los intereses de las marcas y al trabajo de los industriales, además de la tecnología, las problemáticas sociales y las prácticas resilientes. Como ejemplo, destacó cómo en 30 años el agua se transformará en un problema global. "¿Qué pasará en un futuro próximo cuando la producción de algodón, que consume cantidades enormes de agua compita con la necesidad de los usuarios por beberla?", cuestionó. Las empresas también se dan cuenta de que, lentamente, sus clientes toman mayor conciencia ambiental y quieren adelantarse a los usuarios del futuro.

Para cerrar, invitó a pensar "cuánta ropa necesitamos acumular, cuánto lucro deben generar las empresas para que lo consieren suficiente y así, poder empezar a cambiar el sistema actual, trabajando juntos, antes de que sea muy tarde".

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