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Cuando Roland Garros vino a la Argentina

La historia del aviador francés que realizó demostraciones en el cielo de Buenos Aires y tuvo una actuación heroica en la Primera Guerra Mundial

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PARA LA NACION
Martes 30 de mayo de 2017 • 00:37
El aviador cautivó a los porteños. Era célebre por sus maniobras en el aire y sus caídas en picada
El aviador cautivó a los porteños. Era célebre por sus maniobras en el aire y sus caídas en picada. Foto: Archivo
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En apenas un puñado de días reunimos a uno de los hitos cívicos más importantes de la historia argentina y a la mayor tragedia naval de todos los tiempos. Pero también podemos sumar un acontecimiento curioso: la llegada de Roland Garros a Buenos Aires.

El 18 de marzo de 1912 arribaron a bordo del vapor Umbria los ases del equipo denominado "The Queen Aeroplane Co. of New York". ¿Quiénes eran? Tres de los aviadores más cotizados del mundo: el suizo Edmond Audemars y dos franceses, René Barrier y la joven estrella de 23 años, Roland Garros. Su fama lo había precedido. A pesar de que había completado sus estudios en Derecho, en 1910 se decidió por la aviación y pronto se destacó como una verdadera figura del deporte aeronáutico.

Nacido en la isla de Lolo, en la costa africana, el francés Garros arribó a Buenos Aires con el galardón de haber alcanzado la mayor altura en vuelo: 4252 metros sobre el puerto de Saint Maló. LA NACION lo presentó a sus lectores de la siguiente manera:

"Roland Garros se destaca vigorosamente de sus otros colegas, tanto por su audacia como maestría. Su método para elevarse como para descender se distingue del empleado por otros pilotos y lo constituyen maniobras que hace siguiendo una línea en espiral".

Según el diario, Garros fue "quien por primera vez aterró [antes se decía aterrar en lugar de aterrizar] en una calle, en el curso de un vuelo entre París y los suburbios". Recordemos que se había convertido en aviador en julio de 1910, por lo tanto aún no había cumplido dos años en la actividad. En cuanto al público que lo recibía, también era novato. Recién se habían visto aviones en el cielo porteño durante las celebraciones del Centenario de la Revolución de Mayo, es decir, para el tiempo en que Garros comenzaba a volar.

El piloto y sus compañeros -La Razón los llamó "Los cowboys del espacio"- se alojaron en el Plaza Hotel de Retiro. Sus aviones arribaron pocos días después y fueron llevados al Hipódromo que se encontraba en terrenos del actual "Barrio River".

El sábado 23 de marzo, una jornada con 32 grados de temperatura, Garros partió desde allí rumbo al aeródromo de Villa Lugano (sede central de los vuelos de 1910). Al día siguiente, se presentó ante el ansioso publico. La lluvia de la mañana cedió y luego del mediodía voló desde Núñez hasta el Hipódromo Argentino, el de Palermo, donde lanzó su monoplano en picada sorprendiendo a todos los presentes. Muchos pensaron que había perdido el control. Sin embargo, Garros colocó sus rodillas en la posición que le permitiera mantener el timón estable y alzó los brazos para saludar mientras descendía. Fue ovacionado.

El hombre, que además llamaba la atención por las medallas doradas que solía llevar colgadas, retomó el control y lo elevó cuando apenas quedaban unos doscientos metros para tocar tierra. En su segunda y última pasada, precipitándose como un tirabuzón en un tramo, la maniobra fue mucho más cerca del piso y la exclamación de los espectadores fue unánime. Se alejó del escenario llevándose los aplausos de todo Palermo.

El miércoles 27 de marzo resolvió salir a dar una vuelta. A las cuatro de la tarde, portando una cámara fotográfica, realizó las primeras tomas de la ciudad hechas desde el aire a bordo de un avión. Si bien ya se habían capturado imágenes de Buenos Aires desde globos aerostáticos, Roland Garros fue el pionero desde un aparato de estas características. Una vista de Palermo fue publicada por el diario La Argentina.

El domingo 31 voló a Martínez, San Isidro, donde se encontraba descansando el presidente de la Nación, Roque Sáenz Peña. El francés conoció el camino gracias a un plano que le dibujó su colega argentino, Jorge Newbery.

Las pruebas y demostraciones prosiguieron en esos días de gran expectativa e interés periodístico porque el domingo 7 de abril se llevaban a cabo las elecciones nacionales bajo el nuevo sistema electoral (voto universal, secreto y obligatorio) propuesto por la Ley Sáenz Peña. También por la noticia que conmovió a todos: el 14 de abril se hundió el Titanic en el Atlántico Norte.

La Gran Guerra

A fin de mes, los aviadores franceses partieron rumbo a Europa. Siempre dispuesto a mayores desafíos, Garros efectuó la primera travesía sobre el Mar Mediterráneo y se sumó a la incipiente Fuerza Aérea Francesa durante la Primera Guerra Mundial. Inventó un dispositivo para que los aviones utilizaran ametralladoras, sin peligro para sus propias hélices. Lo derribaron en abril de 1915.

Fue entonces cuando el ingeniero Anthony Fokker, constructor de aviones para los alemanes, pudo copiar el sistema de cubre hélices y emparejó los combates aéreos. Roland logró huir de su cautiverio y se sumó al valiente escuadrón de "Las Cigüeñas".

El 6 de octubre de 1918 perdió la vida en un combate aéreo. Para recordarlo, París bautizó su estadio de tenis con el nombre del héroe: el torneo que venía llevándose a cabo desde 1890 pasó a ser el torneo de Roland Garros, donde todos los años se renuevan las esperanzas de legión argentina. Pero vale la aclaración: antes de que algún argentino triunfara en Roland Garros, él ya había triunfado en nuestro país.

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