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Juana y Emilia, las gallinas que sobrevivieron al infierno de Cresta Roja

Fueron dos de las casi dos mil que pudieron ser rescatadas cuando la empresa entró en conflicto con sus empleados y se declaró en quiebra; la voluntad y el compromiso de un grupo de actitivistas les dio, como a muchas otras, su segunda oportunidad

Lunes 29 de mayo de 2017 • 14:53
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PARA LA NACION
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Foto: Romina Viscarret

Cuando en diciembre de 2015 los medios se hacían eco de las noticias sobre las manifiestaciones de los empleados de Cresta Roja, miles de gallinas y gallos morían hacinados en las instalaciones de Brandsen de Rasic, la empresa que comercializaba la marca avícola en ese momento. Librados a su suerte, no habían recibido comida ni agua durante un mes, estaban hacinados en galpones donde la temperatura alcanzaba los 40° C, se picoteaban entre ellos y los muertos servían de "alimento" para los que todavía no habían sido alcanzados por la enfermedad y, en el peor -o mejor- de los casos, la muerte. Juana y Emilia fueron dos de las más de 1900 gallinas que un grupo de activistas logró rescatar de ese infierno. "Era muy difícil llegar al lugar, no teníamos certeza de dónde era realmente. Finalmente, cuando llegamos a la tranquera el olor era nauseabundo, caía la noche, realmente no imaginábamos el horror que íbamos a presenciar: cientos de animales muertos, dejados tirados en el piso como despojos, otros caminando sobre los muertos y comiéndose entre sí, picoteando dentro de las heridas del de al lado y, lo que aún me cala el alma, los que estaban casi por morir, acurrucados, sin reacción, con los ojos de la resignación a tanta injusticia", recuerda con dolor Romina Viscarret, una de las activistas que participó de los rescates.

Foto: Romina Viscarret

Fueron varios los rescates que hizo falta poner en marcha. "El primero sirvió para difundir la situación y mostrar a otros activistas que sacar a animales de ese horror era posible. Así pudimos reunir más gente y hacer ocho rescates más. Se hizo aprendizaje, se ideó una lista de adoptantes y lugares de tránsito, se recaudaron fondos, se pudo poner en condiciones un espacio en Alejandro Korn para trasladar allí a los animales que íbamos sacando y cubrir las necesidades veterinarias de los que lo necesitaban", explica Romina. De los 24 mil animales que se alojaban en el predio, casi dos mil pudieron ser rescatados pero no muchos sobrevivieron. "Estas galinas y gallos están genéticamente manipulados para crecer mucho y en poco tiempo con el simple y cruel objetivo de ser sacrificados siendo tan solo bebes de 50 días de vida cuando una gallina normal vive 5 o 6 años", asegura Romina.

Tener un nombre

Juana y Emilia fueron dos de las casi dos mil gallinas que pudieron salir del infierno, dos de las casi dos mil que conocieron lo que era pisar el césped, tener espacio para andar, un lugar cómodo para dormir y la oportunidad única de sentir la calidez de una caricia cuando el cuerpo, enfermo y entregado, dejaba de dar batalla para sumirse en un sueño profundo. "Las rescatamos uno de los primeros días en los que fuimos a evaluar la situación para el rescate grande y me parecía desesperante volver sin al menos una. Así que como en esa instancia no teníamos acceso a los galpones, agarramos a dos que estaban cerca de la tranquera y en pésimas condiciones. Creo que si no hubiéramos llevado a Juana y Emilia con nosotros ese día hubieran muerto a las pocas horas. Estaban con sus crestas pálidas, flacas, lastimadas, sin plumaje, dormitándose por la falta de energía", relata Romina.

Juana y Emilia en brazos de Romina, recién rescatadas, flacas, con sus crestas pálidas y entregadas a la muerte
Juana y Emilia en brazos de Romina, recién rescatadas, flacas, con sus crestas pálidas y entregadas a la muerte. Foto: Romina Viscarret

Juana y Emilia, como tantas otras que tuvieron la suerte de ser encontradas a tiempo, vivieron en libertad, en condiciones dignas y conocieron el amor y el respeto. "Me esperaban en el parque con mi perro hasta que yo llegaba del trabajo. Fueron grandes compañeras, con personalidades muy diferentes, individuos únicos que no olvidaré nunca. Todavía las busco en el jardín cuando salgo a mirar las plantas", recuerda Romina entre lágrimas.

Foto: Romina Viscarret

Ambas, que vivieron su nueva vida tan sólo nueve meses, murieron sin preludio ni aviso. "Se fueron con un mes y medio de diferencia y fue muy triste para mi. Muchísimas de las rescatadas aún viven y otras han corrido la misma suerte que Juana y Emilia porque sus corazones, sus hígados o sus patitas no aguantan un desarrollo que no es normal", explica Romina.

Dicen los que participaron en el rescate, histórico y gigante, que fue el más grande del activismo argentino. "Logramos rescatar cerca de 2 mil gallinas. Sin embargo, si pensamos que en esos galpones había 24 mil animales que necesitaban nuestra ayuda y que, pese a las acciones legales, murieron, el resultado deja un gran sin sabor. Pero vuelvo a pensar en Juana y Emilia, y en otras, Violeta, Azul, Fernanda, y tantas otras que aún viven, y allí me corrijo: esta lucha valió la pena", concluye Romina.

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