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Andrés Nocioni: "Esto no es un final triste"

Tras haber anunciado su retiro y mientras juega sus últimos partidos, el más temperamental de los héroes de la Generación Dorada dice que dio todo lo que tenía y que se prepara para ser un exjugador: "Los cambios son lo que me hacen crecer. Es una oportunidad para ser mejor persona"

Foto: Fernando Maselli
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LA NACION
Domingo 04 de junio de 2017
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Madrid, 3 de abril de 2017: "Después de tantas batallas he decidido dejar de reventar la botella de agua contra el piso cada vez que me sustituyen, mojando a compañeros, asistentes y plateístas de primera fila. De tirar toallas, de patear bancos, de insultar al aire. He decidido madurar, señores. Me cansé de discutir con los árbitros por fallos que nunca sabremos si fueron erróneos. No quiero que me cobren más faltas técnicas, ni tampoco volver a pagar gimnasios o cenas de equipo a cuenta de mis multas. Debo progresar. Lo he meditado lo suficiente. Basta de pelear con rivales, basta de noches sin dormir por victorias con angustia o derrotas que son puñales. Se terminó. Pretendo mejorar mi conducta, mis hábitos. Y como tengo claro que no podré cambiar mi temperamento jamás, ME RETIRO. Me voy antes de que me echen."

Así comienza la extensa carta con la que, a los 37 años, Andrés Nocioni anunció, en sus redes sociales, su retiro del básquet profesional. En ella, también decía que "en estos meses por delante daré lo mejor de mí, como siempre, para ganar la Euroliga y la temporada de ACB [la liga española de básquet]. Sería una despedida perfecta". En esos meses está: luego de una jornada de entrenamiento, la entrevista comienza puntual, vía Skype, a las 17 de Madrid. En un sillón de su casa, Nocioni se ha derretido. Una risa infantil lejana se cuela; alguno de sus tres hijos. Cada tanto, su mirada se va de la cámara. Y, cada tanto, él también: la sospecha es que la computadora está sobre su regazo.

Cuando arrancaste, a los quince años, ¿creés que valías lo que pagó León Najnudel (creador de la Liga Nacional de básquet)?

En ese momento no lo sabía. Después supe que habían llegado a un acuerdo: unas pelotas [12] y algunas camisetas para el club [Unión de Santo Tomé]. No tenía noción de lo que pasaba, ni de lo que podía pasar en el futuro.

¿Cuándo tuviste noción?

En Independiente de Pico, mi cuarto año en la Liga Nacional. Cuando había interés de equipos de afuera, como el Baskonia [España], que es el equipo con el que firmé por varios años después. Ahí empecé a darme cuenta de que era algo diferente.

¿Por qué Chapu?

No sé exactamente por qué, pero es desde muy chico, desde mi infancia, cuando tenía cinco años fue que empezaron a llamarme así, en [el club] CECI de Gálvez. Fue mi hermano [mayor] y luego sus amigos. Pero no sé muy bien por qué. En esa época estaba muy de moda El Chapulín Colorado y al principio yo lo imitaba. También me ponía muy colorado en la pileta, por el sol. Pero no sé exactamente por qué. Hay muchas versiones.

Foto: Fernando Maselli

¿Cómo se decide un retiro?

De a poco. Fui teniendo la sensación, me fui dando cuenta de lo que iba pasando con mi cuerpo, con mi cabeza. Tiene mucho que ver el factor mental: físicamente me encuentro bien, no tengo problemas para jugar un partido o los minutos que hagan falta en un partido, pero mentalmente notaba que no estaba al ciento por ciento como estaba metido hace unos años. A principios de este año ya lo estaba pensando, pero dejé pasar unos meses más para tener un poquito más clara la situación. Al ver pasar el tiempo y ratificar lo que pensaba, me fui dando cuenta de que era la mejor decisión. Entonces escribí una carta e hice la conferencia de prensa.

¿Y en tu casa?

En mi casa, mi mujer, Paula, y mis hijos, se iban dando cuenta de que yo estaba más pendiente de ellos que del básquet. La decisión no sorprendió a nadie, ya más o menos lo habíamos hablado. Es un cambio grande en nuestras vidas, porque pasaré a ser un exjugador y deberé mantener la cabeza y el cuerpo ocupado en otra cosa.

¿Sentiste culpa cuando notaste que empezabas a dedicarte más a tu familia que al deporte?

No. Al contrario: me pareció mejor. Es algo que quiero hacer, quiero dedicarles más tiempo todavía. Culpa no, porque en mi carrera he dado todo. Seguir alargándola hubiese sido por razones económicas o de ego. Pero no hay un sueño ni una idea que yo quisiera hacer que no haya hecho.

¿Creés que algún equipo pagó más de lo que valías?

No, creo que siempre fue justo. Siempre rendí e hice las cosas que tenía que hacer por el equipo y me siento tranquilo de que trabajé bien. Lo que han pagado por mí es lógico.

En el homenaje que te hizo Real Madrid hace unos días dijiste que te fuiste de la NBA cuando quisiste. ¿Por qué te fuiste?

Porque estaba en una dinámica que no me gustaba. No jugaba mucho, no me sentía cómodo, había perdido el interés por estar ahí. No pienso que me fui porque no podía jugar en la NBA: pienso que podría haber seguido jugando, pero en ese momento sentía la necesidad de estar en un equipo más competitivo, más minutos, y luchar por otras cosas. Entonces decidí irme. Tuve varias oportunidades de volver y de terminar mi carrera en la NBA. Pero siempre mi interés fue Europa: es un gran nivel, una gran competencia.

Pero la NBA es lo más alto del básquet mundial. ¿No hubo quienes te dijeran que una vez que llegaste ahí hay que quedarse?

Sí, muchos me lo dijeron. Me dijeron que estaba equivocado, que la NBA era lo máximo. Pero no era lo que yo pensaba. Yo estaba buscando una necesidad personal, familiar, de cosas que la NBA no me daba. Yo ya había hecho las cosas lo suficientemente bien ahí como para sentirme orgulloso.

¿El básquet es el mejor deporte del mundo?

[Ríe] Creo que todo deporte es bonito y lindo de jugar. No soy un fanático del baloncesto que piensa que todos deberíamos jugar al básquet. Sí me encantaría que tuviera mucha más difusión de la que tiene en la Argentina. El fútbol abarca demasiado, no sólo en la Argentina, en Europa también. Hay otros deportes que son muy bonitos, divertidos de jugar y de ver. Estar en un juego olímpico es lo mejor que te puede pasar: ahí ves deportes de todo tipo. He visto variadísimos de muchísima calidad. Y me han gustado todos.

El mayor logro: la medalla dorada en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004
El mayor logro: la medalla dorada en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004.

Hablando de Juegos Olímpicos, ¿qué pasó con la pelota de Atenas 2004?

¿La verdad? No me acuerdo. Festejamos con el equipo, pero no recuerdo exactamente. Manu [Ginóbili] dice que yo la pateé. Y la perdí. Yo no sé si fui yo u otro, pero va a quedar siempre en la historia que fui yo el culpable [ríe]. Fue tarde por la noche después de los festejos y volvimos todos juntos a la villa.

Te llevo al Mundial de Japón 2006: fallaste el último tiro en la semifinal (España 75, Argentina 74). Habías hecho un gran partido hasta ese momento. ¿Odiaste el básquet en ese instante?

No. Lo entendí como una enseñanza más de esto. Obviamente después de una situación tan negativa es complicado sacarle algo positivo. Pero a la larga te vas dando cuenta de que sí, de que todo te lleva hacia un mismo camino, de que todo va dando experiencia. No es sólo en el deporte, es en todo, en el día a día. El hombre aprende cuando peor le va. Y trata de sobrepasar ese momento: ahí está la verdadera maduración.

¿Qué aprendiste esa vez?

Aprendí a saber elegir el momento. Saber que por ahí no era yo el que tenía que tomar ese tiro. O sí. Es difícil de explicar, son cosas muy personales. No es algo que se pueda enseñar practicando. No es algo que uno pueda aprenderlo tirando mil tiros porque esos mil tiros van a ser totalmente diferentes de ese. Sí, lo que se puede es moldear la personalidad para volver a tomar ese tiro en el futuro y meterlo. Esa es la cosa. Pero no siempre pasa. A veces la pelota entra, a veces no. Yo de ese tiro tengo el recuerdo de haberlo tirado de la mejor manera posible y no entró. Ya está, como muchos otros en mi carrera.

¿Tuviste la foto de ese momento como fondo de pantalla en tu computadora?

Sí. La foto es muy linda, tomada desde abajo del aro, por Marcelo Figueras. Se ve todo el banco expectante, la gente de atrás agarrándose la cabeza, gestos del momento. Y yo tirando de frente. Muestra toda la tensión, cómo fue ese segundo a segundo. Me gustó muchísimo la foto. Me traía el recuerdo de que tenía que mejorar para que la próxima vez entrara un tiro así.

En la NBA, ¿alguna vez alguien del público te pidió que te sentaras (en el banco) para poder ver?

Sí, me ha pasado. Pero el jugador se para y se mueve en un banco; la gente que está detrás no debería quejarse por eso, debería entender que si busca estar cerca del banco, estar tan cerca de los jugadores, es normal que eso pase. Nunca contesté nada, pero tampoco me marcó el pararme o sentarme.

¿Cómo fue el choque en la autopista de Chicago, cuando jugabas en Chicago Bulls?

Fue yendo a un partido. Fue gracioso porque choqué en mi auto y justo estábamos jugando playoffs. La gente que iba al partido me pasaba por al lado y me saludaba. Me decían que iba a llegar tarde. Fue un accidente menor, un abollón nada más, choqué yo al que iba delante de mí. El problema fue que rompí una rueda, entonces no podía mover el auto.

¿Llegaste tarde al partido?

No, porque me recogió otro jugador que estaba yendo para el estadio. Llegué con él y a mi coche se lo llevó la grúa.

Foto: Fernando Maselli

Pablo Laso, entrenador de Real Madrid, dijo que tenés "algo adentro, en el pecho, que no se entrena". ¿Qué es?

Es algo natural. Tengo una manera de ver el juego, la vida; te diría: trato de darlo todo. Lo mejor. Eso no se entrena. Uno puede tener un talento para un deporte, para un trabajo, para un oficio, lo que sea, pero hacerlo con pasión y deseo. eso está o no está. Creo que muchas veces en mi carrera ese deseo, esa manera de ver las cosas me ha dado satisfacciones muy grandes y me ayudó, porque no soy de los jugadores más talentosos que hay, pero sí tengo esas ganas, esa pasión que contagia mucho al equipo.

Que se destaque la garra, el empuje, ¿molesta a un jugador?

A mí no. Es una combinación de juego, creo que combino las dos cosas: tengo talento para jugar al deporte (si no, no habría llegado adonde llegué) y mi capacidad de afrontar la situaciones sin miedo.

Álvaro Martin [relator de básquet de la cadena ESPN] dijo que tu presencia en la cancha es "una inyección de rigor". ¿Creés que algún compañero te tuvo miedo?

Mis compañeros, nunca; rivales, puede ser. Juego de una manera dura, que sí, el rival puede llegar a sentir un poco de intimidación.

¿Alguna vez un rival te confesó haberte tenido miedo?

No, no creo que pase nunca. Los jugadores somos bastante cerrados en ese sentido. Cualquier muestra de debilidad no está bien vista dentro de una cancha.

¿Vos le tuviste miedo a alguno?

Miedo, no. He jugado con los mejores o contra los mejores. Nunca les tuve miedo. Sí, respeto. A veces me alcanzó mi personalidad y mi forma de juego para pararlos y a veces, no. Miedo, no: es un deporte hombre contra hombre, no hay ningún monstruo dentro de la cancha.

La mirada de Nocioni se va de cámara. Algo sucede en el living. Con su mano derecha toma un objeto azul, una pelota pequeña, quizá, y la revolea. El grito de un niño, jocoso, va ganando en volumen. Nocioni sonríe al tiempo que se lleva el dedo índice sobre la boca para indicarle que haga silencio.

¿Cuándo una jugada es canchereada, cuándo falta de respeto y cuándo atrevimiento?

Son las actitudes después de la jugada. Me han hecho jugadas increíbles en mi cara, pero las festejaron como hay que festejarlas. Me molestan las palabras, faltar el respeto al rival. Hay jugadores jóvenes que no respetan el sentido de eso. Tenés que hacer la jugada y ya, el resto está demás.

¿Volverías a volcar la pelota en la cara de Kevin Garnett y Tim Duncan? [Nocioni tenía 19 años cuando lo hizo frente a dos de los pivotes más importantes de la NBA.]

A esa edad, sí; a esta edad, no creo, no llego [ríe]. Bueno, llego, pero no tan bien. Lo volvería a hacer. No fue una jugada pensada, fue algo natural del juego, se dio.

¿Alguna vez creíste que estabas loco?

Sí. En algún momento lo pensé, pero con el tiempo me di cuenta de que es parte de la personalidad y del crecimiento. Cuando era joven era mucho más difícil de controlar. Con la edad aprendí a sacar cosas negativas de mi juego y juntar las positivas.

Esa cosa temperamental, ¿te hizo perder algo?

Lo único que pude haber perdido fue el Mundial de Australia en el '96, el sub 22. Tenía 17 años. Podría haber ido a ese Mundial. Ahí es donde empieza el golpe de la Generación Dorada. Ahí aparecen Ginóbili, Palladino, Leo Gutiérrez, Oberto, Pepe Sánchez. Ese fue el inicio de lo que era la Generación Dorada. Yo no controlaba tanto mi temperamento en ese momento y me dejaron fuera de la selección. Fue una enseñanza.

Además de las medallas, ¿qué guardás de tu carrera?

Las camisetas, nada más. Hay muchos que aprecian los tesoros: redes, pelotas de torneo, zapatillas. Las camisetas sí, porque me gustan mucho y son algo mío. Tengo alguna que otra zapatilla, pero creo que con el tiempo las voy a ir haciendo desaparecer. Ya hice las cosas que tenía que hacer, no tengo que estar demostrando mis trofeos.

¿Por qué te dejaste el bigote ese finito que tuviste?

Ese bigote fue por mi hija. A ella le leían un cuento en el que había un domador de un circo. Un día me dejé el bigote en broma, para ella. Lo mantuve mucho tiempo porque a ella le gustó y no me dejaba sacármelo. Fue una broma que duró más tiempo de lo que había pensado.

Medís 2,03 metros. ¿Qué cosas no te dejó hacer tu altura?

Por suerte tengo una altura lógica para jugar al básquet, hay jugadores mucho más altos. Hay jugadores que miden 2,10, 2,15. El principal problema es la ropa. Y las zapatillas (calza 48). Uno quiere vestirse de una manera que le gusta o que ve en alguien y no lo puede hacer, porque no hay talle. Y los coches: no cualquier coche sirve para una persona alta. Algunas puertas también: son de 2 metros y con 2.03 tenés que agacharte un poco.

¿Seguís poniéndote los calzoncillos al revés?

[Ríe] ¡No! Hace mucho tiempo que dejé de hacerlo. No tengo cábalas, tuve alguna, esa, pero hace muchísimos años, era muy joven. Ahora ya ninguna manía. Las cábalas no ayudan a ganar, es el trabajo.

Se dice que cuando uno muere, instantes antes, pasa tu vida como una película, escenas por tu cabeza. ¿Cuáles creés que te pasarán?

Las de una carrera de la que estoy muy orgulloso. He jugado en las mejores ligas del mundo, los mejores torneos del mundo. Los he ganado. La medalla olímpica puede que sea la primera imagen que aparezca. Y varias con la Generación Dorada. Esa sería la imagen que más pasaría: con la Generación Dorada.

¿Te duele el cuerpo?

Sí. Hay dolores que ya los tengo incorporados. En los tobillos, en las caderas. Pero es normal, después de un entrenamiento duele un poco, pero se pasa. No he tenido lesiones graves.

¿Sabés cómo va a ser ese dolor cuando dejes de entrenarte todos los días?

Lo principal es no dejar de seguir haciendo deporte. No sé si con tanto impacto, pero mantenerme activo. Estiramiento, tengo que mantenerlo.

¿Qué creés que vas a hacer el día siguiente al último partido?

Descansaré, y trataré de estar tranquilo. Ya iré encontrando el lugar. No tengo que apurar nada. Me mantendré cerca del básquet, todavía no sé cómo. Trataré de tomarme mi tiempo y luego iré definiendo qué quiero hacer, aparte de ser un ex jugador.

¿Te volvés a La Pampa?

Es la idea. Después ya veremos cómo marcha la cosa.

¿Te da miedo no saber?

No, porque los cambios son lo que me hacen crecer. Esto no es un final triste, es una nueva posibilidad de crecer y ser mejor persona.

¿Cuándo fue la última vez que lloraste?

En Brasil, poco antes de la despedida con la Generación Dorada. Alguna lágrima se me cayó, de tristeza y de emoción, de que se termine algo tan maravilloso como eso. Por el grupo y por poder finalizar en un juego olímpico.

¿Pudiste haber sido mejor?

No. Estoy tranquilo con lo que hice. Nunca me estanqué, siempre progresé. Le di al básquet todo lo que tenía.

1979

El 11 de noviembre nace en la ciudad de Santa Fe

1984

A los cinco años comenzó a jugar al básquet en el club CECI de Gálvez (Santa Fe)

1995

Jugaba en Unión de Santo Tomé cuando León Najnudel fue a verlo. Lo fichó para Racing. Nocioni debutó en la Liga Nacional A a los 15 años

1997

Pasó a jugar en Independiente de Pico. Allí conoce a su mujer, Paula. Dos años después comienza su carrera en el exterior: se va a Tau Cerámica, de España

1999

Es su debut en la selección nacional, en el sudamericano en el que Argentina sale subcampeón

2004

Con la Generación Dorada logra la medalla dorada en los Juegos Olímpicos de Atenas. Cuatro años después gana la de bronce en Pekín

2004

Llega a la NBA -estuvo 7 años- para formar parte de Chicago Bulls. Luego se desempeñó en Sacramento Kings y Philadelphia 76ers

2014

Con Real Madrid gana la liga, la Copa Intercontinental, y la Copa del Rey

2016

En los Juegos Olímpicos de Río juega su último partido con la Selección. Es su despedida de la Generación Dorada

El futuro

Volverá a La Pampa y se mantendrá cerca del básquet, "todavía no sé cómo. Iré definiendo qué quiero hacer, aparte de ser un exjugador"

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