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Embriones congelados: lo aprobado perdió estado parlamentario y el debate vuelve a cero

En Córdoba nació el primer bebé de un embrión seleccionado; El descarte de otros embriones reactualizó la discusión de qué hacer con ellos.

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PARA LA NACION
Miércoles 31 de mayo de 2017 • 13:54

CORDOBA. Nació en esta ciudad el primer bebé al que se le aplicó, en una clínica cordobesa , la técnica de Diagnóstico Genético de Preimplantación (PGS). "No hay manipulación genética, sino un análisis seleccionar un embrión sano. La mamá quería evitar un embarazo múltiple y quería una criatura normal cromosómicamente. Los embriones descartados se congelaron; están con otros 200 que tenemos en la clínica", explica José Pérez Alzaa, director médico de Fecundart.

En Argentina los embriones no pueden destruirse. Si presentan una anomalía y médicamente se sabe que no prenderán o bien la madre quiere que se implante sólo uno, deben crioconservarse sin un tiempo límite. El año pasado estuvo a punto de legislarse el tema, pero a fines de noviembre perdió estado parlamentario -porque en el Senado no avanzó- el proyecto que tenía media sanción de Diputados.

El nacimiento del bebé en Córdoba reactualizó el debate sobre el destino de los embriones que terminan depositados en los bancos de las clínicas. Para algunos especialistas fue un "alivio" que la ley no se sancionara y que el proceso deba comenzar desde cero otra vez. La iniciativa establecía que después de 10 años los embriones criopreservados debían ser destruidos.

El proyecto precisaba el artículo 19 del Código Civil que señala que "la existencia de la persona comienza desde la concepción"; sigue la línea de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) que considera el óvulo fecundado como una célula que daría origen a un ser humano, pero si no se implanta la vida es imposible.

Inseminación artificial
Inseminación artificial. Foto: Shutterstock

Pérez Alzaa señala a LA NACION que la mamá (una mujer de 40 años que fracasó en un tratamiento previo de embarazo) acordó la aplicación del PGS para garantizar que no habría embarazo múltiple. "Con los embriones no implantados no podemos hacer nada hasta que la legislación autorice a donarlos o a descartarlos".

Para donarlos se requiere el consentimiento de la pareja, el problema es que -en general- si abandonan los embriones, después de unos años, no se los ubica más o están separados, o uno murió.

Fernando Neuspiller, director de IVI Buenos Aires (clínica especializada en la fertilidad asistida) calcula en "decenas de miles" los embriones congelados en el país; rondarían los 30.000 en función del promedio anual de tratamientos que se hacen en el país. Lo único que está legislado es la cobertura pero "no la práctica" por lo que se rigen por el Código Civil.

"Siempre la ciencia va delante de la ley -continúa-. Es muy complejo en términos sociales hacer una ley que alcanzará múltiples intereses y hay sectores que no están dispuestos a convenir. Sin una norma, los médicos que nos dedicamos de manera seria, prudente y responsable nos manejamos de manera consciente".

Los expertos coinciden en que hay muchos embriones con anomalías que, aun transferidos, no prenderían. No se refieren a casos como el de síndrome de Down, cuando el embarazo es viable. María Inés Viglierchio, médica del Instituto de Ginecología y Fertilidad (IFER), entiende que por ejemplo el PGS debería aplicarse sólo en mujeres de edad avanzada donde las anomalías son más frecuentes, en abortadoras recurrentes o cuando hay antecedentes de una enfermedad determinada.

"No se debe aplicar como promoción de un embarazo seguro y de un bebé sano; sólo tiene sentido en casos especiales. En realidad su diseño respondió al objetivo de transferir un solo embrión, a disminuir el riesgo de embarazo múltiple. El resto, se congela".

¿Y afuera?

Para Graciela Moya, investigadora del Instituto de Bioética de la Universidad Católica Argentina, plantea a este medio que el PGS tiene una finalidad de selección, una "misión eugenésica; no es una cuestión médica sino ética".

Señala que hay países, como Italia (tiene una de las leyes más restrictivas de Europa en materia de fertilización asistida) que impiden fecundar más embriones de los que se vayan a transferir a la mujer o Alemania, donde no está permitido el congelamiento. En España si la pareja se desvincula de los embriones, a los cinco años la clínica puede disponer. Para donarlos, interviene la justicia.

"En Argentina directamente no hay legislación específica, ni siquiera base de datos sobre los embriones existentes. Hay mucho por hacer para que el precio de la práctica no sea el descarte", añade.

En Inglaterra, la Autoridad de Fertilización Humana y Embriología (HFEA), que registra los procesos de fertilización asistida desde 1991, estima que por cada concepción a través de la fertilización in vitro, se hacen 15 embriones. Casi la mitad de ellos son descartados durante o después del proceso.

Edgardo Young, director del IFER e integrante de la Academia Nacional de Medicina, subraya que una vía para no tener que destruir embriones es modificar la ley de adopción y permitir la prenatal. "Alrededor del 20% de los casos que preservan embriones vuelven -indica a LA NACION-, el resto desaparece. Hay que buscar el método legal para notificar lo que se hará con el material preservado. Es una deuda que tiene el Estado con la sociedad".

Neuspiller recalca que, desde el punto de vista científico, un embrión que no tiene no posibilidad de nacer no se debe criopreservar: "No es un debate religioso; es ciencia. Hay anomalías incompatibles con la vida, pero el Código Civil no da la posibilidad de descartar. Hay que debatir desde ese lugar, no son personas ni son vidas".

Nora Lloveras, magíster en bioética, enfatiza que no se puede seguir esquivando el dictado de una ley marco "porque los médicos tienen temor de decisiones" que los puedan complicar. A su criterio, es claro que no hay concepción si el embrión no está implantado.

"El artículo 19 del Código Civil es abierto y hay distintas ideas de cuándo comienza la vida. Se discute pero no se avanza y hay que hacerlo. Hasta el 2015, con el nuevo Código, ni siquiera estaba legislado el ser hijo por tratamientos de fertilidad aunque existían hacía años. Cada centro aplicaba con mayor o menor ética sus reglas".

El caso Sofía Vergara

CORDOBA. La genetista Graciela Moya y la abogada Nora Loveras recuerdan que entre los proyectos que fracasaron en la Argentina para normar el congelamiento de embriones, se cuenta el de la tutela. En 2006, los centros de fertilización asistida de la Ciudad de Buenos Aires y la justicia, acordaron la figura hasta que el Congreso aprobara una ley. En 2014 varias clínicas pidieron la extensión de la obligación.

En 1993 el abogado y profesor de bioética Ricardo Rabinovich presentó ante la justicia una medida cautelar para que se protegiera a los embriones; para él son seres humanos sujetos de derechos. En 1995 la justicia determinó que los laboratorios debían notificarla sobre cada tratamiento de fertilidad asistida; apelaron y nunca se cumplió.

Las polémicas sobre el destino de los embriones congelados, con más o menos intensidad, se dan en todo el mundo. A fines del año pasado en el estado de Lousiana (Estados Unidos), Nick Loeb -ex pareja de la actriz Sofía Vergara (protagonista de The Modern Family) la querelló aduciendo el derecho a la vida de los dos embriones que congelaron siendo pareja.

Loeb quiere que sean implantados en un vientre de alquiler para convertirlo en padre. Los embriones de Emma e Isabella -como las habían llamado- están congelados en una clínica de fertilidad en Beverly Hills.

La querella sostiene que, como no nacieron, están privadas de la herencia que les corresponde y que fue creada en un fondo fiduciario a su nombre.

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