Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

El detrás de escena de los preparativos de un vuelo

SEGUIR
LA NACION
Domingo 04 de junio de 2017
0

"Tomá, ponete este chaleco fluorescente y estos zapatos de protección." La conversación se daba en una pequeña oficina del aeropuerto de Roissy, más conocido por su código CDG o Charles de Gaulle, a poco más de 20 km al noreste de la capital francesa, París. La razón de mi venida aquí respondía a otro motivo más allá del laboral. En una infinidad de oportunidades había estado del otro lado. Con esto quiero decir que siempre me había tocado el rol de pasajero y con el otro lado me refería a las terminales, sus asientos y sus esperas. Hoy, sin embargo, tendría la oportunidad de ver cómo se preparaba un avión para su partida, y no cualquier avión, sino del avión de pasajeros más grande del mundo, el Airbus A380.

Para llegar a la pequeña, pero ordenadísima, oficina de Stephen había pasado varios controles de seguridad, acompañado por una persona durante todo el trayecto, subiendo y bajando escaleras mecánicas, cruzando puertas de embarque y mostrando el pasaporte una última vez para pisar el tarmac del famoso aeropuerto. Es uno de los centros de aviación civil y comercial más importantes del mundo, que se ubica entre los diez aeropuertos más visitados. Durante el último año recibió más de 65 millones de pasajeros.

Mientras estábamos en su auto, Stephen me contaba que era el encargado de los preparativos de los vuelos de larga distancia y más de 300 personas trabajaban a su cargo. Siempre había sido fanático de la industria aeronáutica y, por eso, cuando le llegó el ofrecimiento no dudó en aceptar. Mientras manejaba por las vías habilitadas junto a la pista, pensaba lo difícil que debía ser armar la logística de semejante lugar, donde una infinidad de vehículos de todo tipo se cruzaba de una manera caóticamente ordenada. Buses, transporte de equipaje, autos de seguridad, empleados, vuelos llegando y saliendo.. y Stephen como si nada, muy tranquilo observando algo tan conocido para él.

Así llegamos a la posición de estacionamiento de esta mole aérea de más de 70 metros de largo, 80 de envergadura y 25 de alto, con tres mangas conectándola con la terminal. Sobre el tarmac, el líder del equipo, utilizando un distintivo chaleco rojo, impartía órdenes con una calma absoluta, observando a cada momento un gran pantalla fija en la pared de la terminal donde mostraba en amarillo los detalles del vuelo: número y hora de partida, hora actual y, en verde y realizando una cuenta regresiva, los minutos restantes para el despegue.

Siguiendo un plan extremadamente detallado, Stephen, a quien todos cariñosamente llamaban Boss, me explicaba cómo era posible tener un avión de más de 500 pasajeros listo para partir en aproximadamente dos horas. Desde la pista, el avión se veía gigantesco, con sus cuatro enormes turbinas todavía en silencio y conectado a través de diferentes cables con generadores de energía y aires acondicionados para no malgastar el combustible necesario para la travesía y ser más sustentables al mismo tiempo.

Cuando el servicio de catering y el reposte de combustible (cientos de miles de litros) ya habían terminado su carga y los miembros del equipo de pista y tierra terminaban de subir los últimos contenedores, había comenzado el embarque. Por sus diferentes rampas cientos de personas hacían su ingreso a la aeronave sin imaginarse todo lo que estaba sucediendo 20 metros más abajo. El reloj con los minutos en verde se acercaba a cero y yo pensaba si con lo que faltaba todavía, el vuelo saldría a horario. Stephen me miraba y se reía. Porque cuando ya sólo quedaba un minuto en verde y yo no apostaba por la puntualidad, cargaron dos contenedores con una habilidad digna de un malabarista, cerraron las compuertas y mi anfitrión comunicó el fin de la tarea para la salida de vuelo.

Muy tranquilo me miró satisfecho y, con un guiño, me dijo: Another day at the office (otro día en la oficina). Y se fue a felicitar a su equipo.

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas