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Ni la zona más custodiada es segura en Afganistán: 83 muertos en un atentado

Una bomba escondida en un camión cisterna estalló en la zona diplomática de Kabul; nadie se atribuyó aún el ataque

Jueves 01 de junio de 2017
Un hombre gravemente herido se arrastra cerca de la escena del atentado en el centro de Kabul, tras el estallido del camión cisterna
Un hombre gravemente herido se arrastra cerca de la escena del atentado en el centro de Kabul, tras el estallido del camión cisterna. Foto: Reuters / Omar Sobhani

KABUL.- La capital afgana sufrió ayer el atentado más grave en lo que va del siglo al estallar un camión bomba en la zona diplomática, que dejó por lo menos 83 muertos y más de 360 heridos, la mayoría civiles afganos que circulaban por la calle, y que redujo a escombros decenas de automóviles y desfiguró los edificios de los alrededores.

La bomba, escondida en el camión cisterna de una empresa de aguas, estalló hacia las 8.30, hora local, en una esquina de la plaza central de Zanbaq, donde se encuentran varias embajadas, el cuartel de la OTAN, el palacio presidencial y los ministerios del gobierno afgano.

El estallido se dio a la hora pico, con las calles llenas de civiles que se dirigían a sus lugares de trabajo. La televisión emitió imágenes con residentes heridos y aturdidos que caminaban cubiertos de sangre.

La explosión destrozó al menos 50 vehículos. Quedaron coches calcinados, árboles quemados y el asfalto cubierto de piedras, en un escenario de guerra que convirtió la zona más segura de la ciudad en un baño de sangre. Las ventanas de los comercios, restaurantes y otros edificios quedaron destrozadas en un radio de un kilómetro.

El edificio más castigado fue la embajada de Alemania, cuya fachada dejó a la vista el hierro forjado de la estructura. Un guardia de la embajada murió en el acto y algunos empleados, entre ellos un diplomático, sufrieron heridas.

No se sabe cuál fue el objetivo exacto de los terroristas, que no necesariamente sería la embajada alemana, aunque el camión estaba estacionado muy cerca. Había muchos objetivos posibles: el palacio presidencial, los ministerios de gobierno, el cuartel general de la OTAN y varias embajadas, así como grandes supermercados y oficinas de grandes empresas.

El atentado supone un nuevo golpe contra los esfuerzos por democratizar el país desde la caída de los talibanes. La idea de que los agresores hayan podido entrar con tantos explosivos en el centro político del país contribuirá probablemente a que los afganos vean con mayor amargura todavía a su gobierno, tan dividido como ineficaz.

El presidente del país, Ashraf Ghani, condenó enérgicamente el incidente, que se produjo días después del comienzo del ramadán. "Incluso en el mes sagrado musulmán del ramadán, el mes de la bondad, la bendición y la oración, los terroristas no paran de matar a nuestro pueblo inocente", lamentó el mandatario.

Ninguna organización armada se atribuyó de inmediato la autoría del ataque suicida. Los talibanes, que gobernaron con mano de hierro el país en los años noventa, emitieron una declaración en la que se desvincularon del atentado.

Según un vocero de los talibanes, atentar contra civiles "no tiene nada que ver con los mujahidines del Emirato Islámico", como se hace llamar el grupo extremista. La mayoría de los ataques que perpetraron en los años que llevan fuera del poder, desde que fueron expulsados en 2001, dejaron víctimas civiles.

Foto: LA NACION

Los talibanes anunciaron además el mes pasado el comienzo de su ofensiva de primavera y prometieron construir una base política mientras centran sus ataques en la coalición internacional y las fuerzas de seguridad afganas.

La Dirección Nacional de Seguridad sostuvo que el atentado pudo ser obra de la temible red Haqqani, que nunca reivindicó sus ataques, en coordinación con los servicios secretos paquistaníes. Otros ven en la masacre la mano del grupo jihadista Estado Islámico (EI), una de cuyas bases fue destruida en abril pasado por la "superbomba" que lanzó Estados Unidos.

El Pentágono tiene más de 8000 soldados en suelo afgano para entrenar a las fuerzas locales y realizar operaciones antiterroristas. En el último año se centraron en frenar una oleada de ataques insurgentes, que tomaron distritos clave, como la provincia de Helmand.

Agencias AP, DPA, ANSA y Reuters

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