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El primer cara a cara entre la familia de Macarena Mendizabal y el acusado de dejar a la joven en estado vegetativo

"¡Hace dos años que estoy esperando para verte la cara porque nunca apareciste!", le dijo la madre al acusado en los tribunales, adonde fue a declarar; Silvoso está acusado de chocar contra la estudiante en 2015

Declaró Santiago Silvoso, el principal acusado de haber dejado a Macarena Mendizabal en estado vegetativo
Declaró Santiago Silvoso, el principal acusado de haber dejado a Macarena Mendizabal en estado vegetativo. Foto: LA NACION / Silvana Colombo
Jueves 01 de junio de 2017 • 12:21
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LA NACION

En un séptimo piso de Lavalle 1638, la familia de Macarena Mendizabal, hoy de 23 años y que hace dos que está en estado vegetativo aguardaba a que Santiago Silvoso -el principal acusado de haber chocado a Macarena un fatídico 5 de abril de 2015- bajara del ascensor para caminar por un angosto pasillo a brindar declaración indagatoria por primera vez en la causa. El accidente arruinó la vida de Macarena y marcó un antes y un después en la vida de toda su familia, que hoy pide justicia por ella. A Silvoso se lo acusa de haber manejado ese domingo de Pascuas supuestamente alcoholizado e infringiendo los límites de velocidad. Y de haber cruzado supuestamente un semáforo en rojo cuando embistió el auto de Macarena. El hombre, era corredor de autos y, a pesar de que pasaron más de dos años desde el día del hecho, nunca había sido citado por la justicia.

Minutos antes de las nueve de la mañana, horario en que Silvoso estaba citado a declarar, la familia de Macarena se vio cara a cara con el abogado del sospechoso, Sergio Fernando Curzi, que, incomodo por la situación, se levantó de la silla de paño verde donde aguardaba a su defendido y, con escritos en mano, caminó hacia la puerta del juzgado algo nervioso, evitando confrontarlos. Ante la consulta, no quiso hacer declaraciones a LA NACION.

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Cinco minutos después, un hombre de pelo negro y barba tupida, de contextura media y aspecto jovial, y que vestía jeans y un sweater color lila, bajó del ascensor sin compañía. Era Santiago Silvoso y la madre de Macarena, Adriana Aruj, que esperaba sentada en la misma silla del pasillo donde antes estaba Curzi, lo reconoció. "Soy la mamá de Macarena, ¡hace dos años que estoy esperando para verte la cara porque nunca apareciste! Pido a Dios que ilumine este momento", le dijo, mientras permanecía sentada, haciendo gestos de rezo con las manos. Silvoso frenó su marcha, la miro fijo y, desafiante, le respondió: "Eso no es verdad". Mientras tanto, Vanina, tía de Macarena, se levantaba de un salto de su silla, perpleja, muda, ante la impotencia que le generaba la situación, que era observada en silencio por una amiga de Aruj y por los hijos de Vanina. Uno atinó a decirle: "Vas a ir en cana".

Luego de ese intercambio, Silvoso prosiguió escoltado por su abogado y miró varias veces a través de su hombro antes de ingresar por la puerta del juzgado criminal y correccional 59 -a cargo del juez Omar Fente-, donde estaba citado. Allí estuvo por una hora. Mientras tanto, Aruj decía: "No quisiera estar en el pellejo de ese tipo".

Quien no pudo asistir a los tribunales fue José Luis Mendizabal, el padre de Macarena, quien ayer por la noche le comunicó a Aruj que no se sentía preparado para enfrentar la situación.

La familia, había preparado carteles con fotos de Silvoso que pedían justicia por Macarena, pero finalmente quedaron en planta baja; no los subieron al pasillo del juzgado donde esperaron con mediana tranquilidad la salida del imputado.

Declaró Santiago Silvoso, el principal acusado de haber dejado a Macarena Mendizabal en estado vegetativo; la madre de Macarena le grita cuando es trasladado
Declaró Santiago Silvoso, el principal acusado de haber dejado a Macarena Mendizabal en estado vegetativo; la madre de Macarena le grita cuando es trasladado. Foto: LA NACION / Silvana Colombo

A las 10, Silvoso salió del juzgado escoltado nuevamente por su abogado y por la policía; ahí se produjo el momento de mayor tensión entre Silvoso y la familia. Aruj, visiblemente conmocionada, le gritó: "¡Te odio, le arruinaste la vida a mi hija, hijo de puta!". Silvoso no se inmutaba y la miraba fijo una vez subido al ascensor. Vanina, exclamó: "¡No te la vas a llevar de arriba, Silvoso! ¡No te la vas a llevar de arriba! ¡No vas a poder apoyar la cabeza en la almohada!". Cuando se cerraron las puertas, la madre de Macarena se fundió en un largo abrazo con su cuñada y sus sobrinos y lloraron desconsolados.

Roberto Schlagel, abogado de la familia Mendizabal (querellante en la causa caratulada como lesiones graves), explicó a LA NACION que Silvoso prefirió no declarar y que presentó un escrito "que aún no bajó a sistema". Antes de presentar el escrito, el juez le hizo saber qué hechos se le imputan. El acta, dice: "conducía con un índice de alcoholemia superior al permitido -concretamente, 1,46 g/L- lo cual le impidió conservar el dominio del vehículo a su mando y en tales condiciones efectuó el cruce a una velocidad superior a la permitida para las encrucijadas -mayor a 66 km/h- y a su vez violando la señal luminosa del semáforo allí emplazado que se encontraba en rojo". Además, el acta nombra todas las pruebas que hay "en contra" del imputado. Ahora, el juez cuenta con 10 días hábiles para procesarlo o no. Schlagel señaló que Silvoso nunca dejó de conducir.

El imputado dijo a CN23 -que lo persiguió cámara en mano algunas cuadras- que él no iba manejando alcoholizado ni haciendo zig zag la noche que chocó contra la joven, tal como relatan los Mendizabal en la causa. En un principio asintió con la cabeza cuando le consultaron si el principal responsable del hecho es quien conducía el auto de Macarena, Ramiro Sala Giménez, que aún no fue llamado a declarar, pero luego señaló que la justicia debía determinarlo. Cuando LA NACION dio a conocer el caso se comunicó con Silvoso para saber cuál era su visión sobre la causa, pero éste prefirió que sea su abogado quien hable por él.

Mientras tanto, Macarena, que desde hace un mes está internada nuevamente en el hospital Italiano de San Justo, esperaba en el silencio de su cuarto que la justicia hiciera algo por ella de una vez, después de dos interminables años en los que la causa no avanzó.

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