Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

"Mi vida no podía estar definida por mi enfermedad"

Le diagnosticaron una endometriosis severa y como consecuencia tuvo que someterse a múltiples cirugías y tanto dolor que sintió que prefería morir; hasta que una pequeña acción, cambió el rumbo de su historia

Viernes 02 de junio de 2017 • 00:10
SEGUIR
PARA LA NACION
0

La voz del altoparlante le llegaba clara: "Última llamada para abordar el vuelo con destino a Bolivia". Al escuchar el anuncio, Susana trató desesperadamente de mover su cuerpo sin éxito. Estaba enroscada en el suelo del baño del aeropuerto, retorcida por el dolor. Hoy ya no recuerda exactamente cómo lo logró, pero de alguna manera pudo salir casi a rastras del cubículo y avanzar con pies de plomo hacia la puerta de embarque, mientras le rogaba al cielo que no le cerraran las puertas en su cara.

Susana y su sobrina, con la que comparte grandes momentos y disfruta de cada uno de ellos
Susana y su sobrina, con la que comparte grandes momentos y disfruta de cada uno de ellos.

A Susana le diagnosticaron endometriosis en el año 2002. Por aquel entonces, no pudo ni imaginar lo que aquello realmente significaba ni lo que le tocaría vivir. Su vida se transformó por completo y tuvo que someterse a cuatro cirugías hasta la última, que fue en el año 2013 y resultó ser la más dura de todas.

No quiero seguir

El año previo a esta última intervención fue un suplicio. Hubo días en los que creyó que si había un infierno, ella había sido condenada a vivir en él en vida. Cada mañana se levantaba y le pedía al universo que la ayude a tener un buen día; nunca sabía cuándo podían aparecer los dolores y con qué intensidad.

Al principio, los endometriomas se formaban siempre en los ovarios, pero luego comenzaron a instalarse en su colon; por ese motivo los episodios de dolor se volvieron extremos: días enteros de vómitos, retorcijones, diarreas, llanto y ganas de morir. La realidad era que continuar con su existencia le resultaba un esfuerzo sobrehumano, un sinsentido. "La endometriosis dicen que es crónica. Si mi vida va a ser esto, entonces no quiero seguir. Entre vivir así y morir, prefiero morir y tener paz", se decía por aquellos días, vencida.

El endometrioma que Susana tenía en el colon había aparecido en el 2010 y tenía unos 3 cm. "En algún momento vamos a tener que operar", le había dicho su ginecóloga, "pero no podemos hacerlo ahora porque ya tenés 3 cirugías y si seguimos así vas a llegar a los 40 con 10 intervenciones y no es lo mejor para una mujer tan joven. Mientras tu cuerpo resista y lo puedas tolerar, vamos a estirar la operación."

La estiraron por 3 años, hasta que el endometrioma, que había llegado a los 13 cm, se volvió intolerable. "Ya no podía hacer mi vida normal. Ni trabajar, ni salir. Nada. Fue ahí que mi cabeza comenzó a jugarme una muy mala pasada y comencé a pensar que lo mejor sería morir, aunque jamás intenté quitarme la vida", recuerda Susana hoy.

Pequeñas acciones, grandes cambios

En octubre del 2013 llegó la última cirugía y el post operatorio resultó ser igual de duro que el año entero de padecimientos. Susana sentía que su alma se había vuelta densa y fría, hasta que un día, casi un mes después de la intervención, decidió salir por primera vez de su casa. Con esa determinación, comenzó el cambio. Esa mañana, en un impulso inesperado, se obligó a levantarse de la cama e ir a la Universidad en la cual daba clases y avisar que ya estaba en condiciones de volver.

"Me acuerdo como si fuese ayer", cuenta Susana, "era un hermoso día de verano. Hasta me acuerdo la ropa que llevaba puesta y cada cosa que hice. En el trayecto a la Universidad, con el sol radiante, vino a mi mente este pensamiento: alguna salida tiene que haber, me niego a aceptar que el único camino para mi enfermedad sea una cirugía cada 3 o 4 años. No puede ser la única solución. Tiene que haber otra cosa y yo lo voy a descubrir."

Ese cambio, ese simple gesto de levantarse y salir, en vez de quedarse en la comodidad de su padecimiento, le revolucionó la vida. A partir de ese instante, el efecto mariposa entró en movimiento. "Pequeñas acciones pueden generar grandes cambios."

En el ascensor de la Universidad se cruzó con una colega que le preguntó cómo estaba y le sugirió que haga un curso de meditación y respiración. Inspirada por su resolución del día, Susana lo interpretó como una señal y le pidió los datos para inscribirse.

Ese curso fue el primer encuentro con su espiritualidad; el primero acercamiento a su interior y a su esencia. A partir de entonces, entendió que su cuerpo y su mente habían estado siempre centrados en su enfermedad, y que en los últimos años se había relegado a sí misma hasta difuminarse.

Un gran aprendizaje

Durante los años siguientes, Susana hizo todo tipo de cursos, siempre orientados a bucear en su ser, a encontrar la paz que había perdido y a explorar una manera de vivir que la acercara a la felicidad que se merecía.

En su búsqueda, Susana comprendió que su enfermedad era un hecho y que no se iba a evaporar por arte de magia, y que la medicina la ayudaba, pero también pudo entender que su endometriosis cobraba el protagonismo que ella le asignaba; podía alimentarla para que crezca incontrolable, o restarle su estelaridad para ocupar ella el rol central.

"Fue así que un día me di cuenta de que sí, que todo está en la fuerza de voluntad y en el amor propio. Que si abrís el corazón y el alma y buscas qué hay adentro, la salida está ahí, mucho más visible y al alcance de lo que imaginaba cuando me prometí encontrar la solución durante aquella mañana de verano camino a la Universidad", afirma Susana hoy, "El gran triunfo de esta historia es que soy feliz. Parece simple, parece una pavada, pero es algo que no sabía lo que significaba. Como todo el mundo, hay días que no son tan buenos y una se entristece un poco, pero hoy son más los momentos hermosos. Y la endometriosis, bueno, ella es parte de un gran aprendizaje, es parte de lo que dejé ir; eso a lo que dejé de prestarle atención una vez que me realicé la última operación para poder centrarme en qué había en mi corazón. Así que ahí quedó, en octubre del 2013."

Si tenés una historia propia, de algún familiar o conocido y la querés compartir, escribinos a GrandesEsperanzas@lanacion.com.ar

En esta nota:
Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas