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Lulú Martins: "La ropa sin buena hechura no sirve"

Orgullosa de diseñar, coser, cortar, bordar y aun estudiar, una creativa que heredó el oficio y las ganas de hacer indumentaria que perdure

Sábado 03 de junio de 2017
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LA NACION
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La joven diseñadora, con uno de sus diseños inspirados en el trabajo de El Bosco, de fondo
La joven diseñadora, con uno de sus diseños inspirados en el trabajo de El Bosco, de fondo. Foto: LA NACION / Hernán Zenteno

Aún es estudiante y dice que tal vez lo sea siempre, porque no se imagina sin actualizarse, sin reflexionar o discutir lo que hace. Un ejercicio que Lulú Martins lleva adelante en los últimos siete años en que construyó su firma. Estudiar y trabajar a la vez, inseparables, "porque aprendo mucho más", dice esta joven creativa de 26 años, con mucho en su haber: además de una marca instalada en el mercado y en el corazón de Palermo, ya tiene una especialización en el Saint Martins de Londres, aunque está a punto de terminar Diseño Textil en la UBA. Y más, hizo un fashion film que ganó en el Bafici como el mejor a nivel nacional.

-¿Estás estudiando?

-Me quedan tres materias para terminar la carrera de Diseño Textil, y aun así logré especializarme en el Central Saint Martins de Londres, en Novias con un curso completo que incluía moldería y bordados. Es que me interesaba ver cómo funcionaba la moda y cómo se llevaba adelante el diseño en otro contexto; me sirvió para sumar conocimientos y ampliar la mirada. Y ya al primer año de la facu me lancé con mi marca y llevo siete años; empecé con una colección de una veintena de prendas que hacía en mi casa y vendía online. Llevar el estudio y el trabajo en simultáneo es un aprendizaje integral buenísimo que recomiendo. No hay que esperar a terminar la carrera para ponerse hacer. Lleva mucho tiempo y trabajo, pero vale la pena.

-¿Siempre quisiste hacer ropa?

-Una de mis abuelas era modista y la otra, profesora de bordado de la Singer; además mi mamá que es médica también cose, entonces mi camino hacia la costura era seguro y estuve muy bien apoyada y acompañada. Desde los 12 años que me hago mi propia ropa y mi abuela las bordaba. Si no cosiera no sabría qué hacer, siento que estoy llamada al diseño de indumentaria. Cuando empecé la carrera me di cuenta de que todo el universo de conocimientos que aprendía bien lo podía trasladar a algo que ya sabía hacer: coser, hacer ropa, entonces decidí no perder tiempo y empezar a hacer. En un principio probé a ver cómo me iba y la respuesta fue muy buena, ya que logré vender casi toda esa primera colección. Y seguí haciendo, y casi sin darme cuenta armé una marca y un negocio, aun teniendo mucho por entender y aprender. Es que en la facultad te enseñan a crear una colección, pero no cómo venderla, cómo tener un negocio o crear una empresa, y esto me llevó su tiempo. Por eso, en principio, me junté con varias compañeras de la facu y abrimos un showroom, un espacio que me abrió la puerta a un hub tan importante como Palermo y la Capital Federal. Hoy comparto un local en el corazón del circuito de diseño más importante con la firma Enagua y en breve proyecto lanzarme sola.

Algunos de los diseños confeccionados por Lulú Martins
Algunos de los diseños confeccionados por Lulú Martins. Foto: LA NACION / Hernán Zenteno

-¿Cómo es tu propuesta?

-Se genera a partir de crear una atmósfera de sueño, esa que se ve en las películas, que te invita a soñar, a pensar de manera más poética, me gusta que lo mío genere empatía con lo lindo. Siempre hay un viaje de por medio y una escenografía, campaña incluida, que son el marco de una indumentaria de estética nostálgica, vintage, con una silueta años 50 y 60 con gran protagonismo de estampas propias.

-¿Y qué querés mostrar? ¿Cuál es esa intención?

-Propongo volver a la fuente del hacer ropa: poca cantidad, bien cosida, pensada para perdurar, para identificarse, como la que hacía mi abuela; esa ropa la sigo teniendo; los vestidos de mi primera colección los sigo usando. Para que no queden dudas, no me interesa hacer ropa masiva, esa que el día de mañana tirás. Insisto, mi intención es que no se desvalorice la indumentaria como si fuera algo para tirar, principalmente porque es una de las industrias más contaminantes del mundo. Y está bueno preservar lo bien hecho, lo artesanal, el diseño, lo poco que tiene mucho valor.

Leyendas y manifestaciones de la naturaleza llevadas a estampas originales sublimadas
Leyendas y manifestaciones de la naturaleza llevadas a estampas originales sublimadas. Foto: LA NACION / Hernán Zenteno

-¿Diseñás, cortás y cosés?

-Corto, coso y bordo, y creo los estampados. La confección me encanta, no quiero dejarla porque me gusta estar en los detalles: que las prendas estén forradas, con algún bies, con la etiqueta bien puesta, sin hilos dando vueltas, que esté muy cuidada. No hago cantidad, 200 prendas por temporada; no obstante, una parte la mando a coser a un taller. Mucho lo hacemos con mi mamá.

-La moldería es fundamental.

-Sí, 100 %. Hay que entender la prenda en el cuerpo para poder diseñar. Tiene que ser una pieza que una se la ponga y calce. Una prenda sin buena hechura no vale nada. La moldería es clave.

-¿Qué te inspira?

-Este invierno me inspiré en ilustraciones renacentistas, recientemente descubiertas, recopiladas en el libro The Augsberg Book of Miracles, y en la obra de El Bosco, que hacen referencia a la visión fantástica y apocalíptica de la época, a leyendas y manifestaciones de la naturaleza. Por eso se ven muchas estampas con cometas, estrellas, hermosos cielos, en estampas exclusivas sublimadas en paños de lana, pelo sintético, brocatos, terciopelos y sedas en la gama del rojo, ocre, verde, azul y rosa, con toques dorados.

-¿Por qué tan apocalíptica?

-Soy bastante positiva en la vida, pero siento que estamos pasando por una crisis social y económica a nivel mundial muy grande, que me interpela y, a veces, me lleva a pensar cuánto podemos durar como humanidad a este ritmo, destrozando el planeta, dañándonos a nosotros mismos, a lo que comemos, respiramos; cien años., no sé. Bueno, de alguna manera hay un toque de drama en lo que hago; no a simple vista o de manera explícita, pero siempre hay un cuestionamiento necesario.

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