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City Pass: cómo sacarle jugo para ahorrar y evitar colas imposibles

Para la primera visita a una ciudad, las tarjetas oficiales con un menú de pases libres y promociones son un recurso más que conveniente

Caricatura: Juliana Vido
Domingo 04 de junio de 2017
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PARA LA NACION
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Pisar por primera vez una de las grandes ciudades del mundo puede ser abrumador. El amplísimo menú de opciones puede incluir edificios históricos, paseos a pie por barrios y parques, museos dedicados a varias disciplinas y atracciones de todo tipo, además de la oferta gastronómica y nocturna. París, Nueva York, Berlín o Roma son de esos destinos que ponen a prueba la ansiedad de cualquier novato.

Por eso, sobre todo si se dispone de pocos días, hay que ser muy ordenado en las elecciones y los recorridos para lograr aprovechar el -casi siempre escaso- tiempo disponible. Entre otros trucos para organizarse (como hacer una investigación previa y contar con Google Map e itinerarios prediseñados) hay uno que no requiere tanta previsión. Se trata de asegurarse un City Pass, Museum Pass, Welcome Card o cualquier otra variante local.

Estas tarjetas pueden incluir entradas para museos y atracciones, vales para transporte público, mapas y ticketeras con descuentos en tiendas y bares. En cada país funcionan distinto, pero en esencia son lo mismo: se trata de combos pensados -especialmente- para viajeros. En general tienen una duración que se extiende entre 2 y 9 días desde el primer uso y ofrecen un descuento considerable sobre la compra individual del mismo número de atracciones o museos que ofrecen.

Ventajas y desventajas

Primero, lo positivo. Se pueden comprar por Internet y con varios meses de anticipación (algunos hasta un año) por lo que resultan un gran aliado para las finanzas. De hecho, pueden ser un regalo ideal para hacer a viajeros que están por partir. Otro pro es que, si uno está decidido a conocer varias de las atracciones o museos que incluyen, el ahorro es importante. Por ejemplo, el City Pass de Nueva York, que tiene seis opciones entre las que se destacan el Empire State, el Museo Guggenheim y la Estatua de la Libertad y Ellis Island, cuesta 106 dólares, lo que representa un ahorro aproximado de 80 dólares.

Otro beneficio de estas tarjetas es la flexibilidad para personalizar el itinerario ya que algunas de las atracciones se eligen entre dos posibles. ¿Lo mejor? En la mayoría de los casos contar con el pase implica poder evitar las exasperantes filas que se forman alrededor de los paseos más populares, sobre todo durante la temporada alta.

En cuanto a las desventajas, hay que decirlo, tener el pase no significa haber resuelto toda la estadía. Hay bastante más por investigar. Muchos de los combos no incluyen las atracciones más deseadas (por ejemplo, el de Nueva York no tiene la entrada al MoMA). Otra cuestión fundamental que muchos pases dejan pendiente es el transporte. Además, para aquellos que son fóbicos a las multitudes, les gusta la aventura o el lado b del turismo, hay que advertir que los pases no están pensados para ellos.

Sesenta museos

Si bien en los Estados Unidos son mucho más comunes los llamados City Pass (que mezclan atracciones y museos), en Europa aparece otra variante con un esquema de funcionamiento distinto: los Museum Pass. En París, por ejemplo, el pase cambia de precio de acuerdo al tiempo que dure su activación. Siempre incluye la entrada a casi sesenta museos y monumentos (entre los que se destacan el Louvre, Orsay, Versailles y el Pompidou) pero el precio cambia si se usa durante 2, 4 o 6 días. También incluye la posibilidad de evitar las filas y su precio oscila entre los 57 y los 85 dólares.

En Berlín, las opciones son variadas y combinan museos, descuentos y transporte público. Bastante prácticas, abarcan todos los tipos de bolsillo ya que cuestan entre 20 y 105 dólares. Como Berlín es muy ecléctica, lo ideal es elegir la variante que se adapte mejor a nuestras preferencias, pero recomendamos alguna que incluya transporte público ya que se vuelve muy necesario por las distancias entre los distintos puntos de interés.

En Roma, la tarjeta Omnia ofrece acceso gratuito a las principales atracciones de la ciudad y del Vaticano, así como el recorrido en bus turístico, guía gratuita y travelcard (para el sistema de transporte público). Hecha a medida para los visitantes de la ciudad, es casi una obligación para los interesados en la cara histórica de la ex capital del Imperio. Además, ayuda a evitar las cuatro horas de cola que suelen formarse alrededor del Museo Vaticano sólo para sacar la entrada. Conclusión: esta tarjeta es casi inevitable para una ciudad que recibe seis millones de turistas al año.

Para San Francisco, el City Pass incluye, además de siete días para usar el cable carril y el transporte público de la ciudad, paseos en crucero (que individualmente cuestan 60 dólares) y la entrada a tres atracciones que serán furor si el viaje es con chicos: dos acuarios (hay que elegir uno solo) y el Exploratorium, un museo interactivo inmenso que pone a prueba las leyes de la ciencia. ¡Muy divertido! Cuesta 94 dólares para los adultos y 69 para niños de hasta 11 años.

Los pases o tarjetas son muy recomendables para el primer viaje a una ciudad y quizás no tanto para aquellos poco afines a las multitudes y proclives a los circuitos alternativos.ß

Para llevar en la billetera

En Internet

En getyourguide.com hay mucha información sobre las guías y pases que existen en varias ciudades del mundo. También links para adquirirlos online y la posibilidad de comparar precios y atracciones.

Atención con...

Cuando la transacción de estos pases es vía remota hay dos opciones: o bien canjearlo en una oficina céntrica en la ciudad destino o en alguna de las atracciones consignadas, o bien pagar un plus por el envío vía correo postal. No hay que ser ansioso, retirarlo en las ciudades destino suele ser muy fácil y se pueden ahorrar unos cuantos pesos.

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