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Preparan el traslado de "la hiena humana" de Córdoba, para una reunión familiar

Roberto Carmona, el preso con más años de encierro detrás de Robledo Puch, viaja desde Chaco a visitar a su mujer

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PARA LA NACION
Viernes 02 de junio de 2017
Carmona, en una entrevista que dio años atrás
Carmona, en una entrevista que dio años atrás. Foto: Gentileza G. Ferrari
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CÓRDOBA.- Institutos de menores, las cárceles de Olmos, Sierra Chica, San Nicolás, La Plata, Junín, Córdoba, Corrientes y Chaco. Lleva 31 años preso y dos veces le negaron la libertad condicional. Los penales lo rechazan con el argumento de que no tienen cupos. A los 55 años Roberto José Carmona acumula tres condenas a prisión perpetua. Cada seis meses viene desde la chaqueña Roque Sáenz Peña a esta ciudad por cinco días para visitar a su esposa, Angelita. Lo acompañan cuatro guardias y un chofer en una camioneta del Servicio Penitenciario.

"Será hasta que el presupuesto lo permita", explica a LA NACION Juan Cima, juez de Ejecución 2 de Chaco que tiene a su cargo a Carmona desde hace nueve años. "Es un operativo complejo", admite, y señala que durante un tiempo en esas visitas al reo se le permitía dormir en la casa de la mujer, pero después se determinó que sólo debe estar seis horas en la casa y debe ser llevado a un penal o una comisaría. La última visita fue en diciembre. Y se aproxima la próxima.

El traslado de Carmona se debe a que su mujer tiene un hijo cuadripléjico, a quien debe atender, y a que ella sufre una artrosis deformante que le impide moverse. "El contacto familiar se debe garantizar y esta es la manera que encontramos", apunta Cima, y cuenta que en estos años dio parte a la Procuraduría General de Justicia y al Comité contra la Tortura para que se resolviera el "acercamiento familiar", pero la respuesta no varió: ninguna cárcel lo quiere.

Aunque delinquió por primera vez a los 10 años -abrió el auto de un policía y robó una pistola calibre 45- su nombre trascendió en febrero de 1986. Un mes antes, el 15 de enero, paró su Ford Taunus a 30 metros de un Fiat 600 que había pinchado un neumático en el camino de Villa Carlos Paz a Córdoba. Al lado estaban tres jóvenes que venían de bailar, Guillermo Elena, Alejandro del Campillo y Gabriela Ceppi.

Amable, se ofreció a ayudarlos y les prestó herramientas. A Gabriela, de 16, le puso su campera de jean sobre los hombros. De repente, la situación cambió. "¿Me conocés a mí, vos?", le preguntó Carmona a uno de los muchachos, y en un segundo sacó un arma que tenía en la cintura.

Les robó todo lo que tenían, que era poco, y obligó a la chica a subir a su auto. A sus amigos les dijo que la bajaría más adelante. "Quedate tranquilo que yo no soy ningún violador", lanzó. Unos kilómetros más adelante la violó en el auto. Primero lo confesó y después lo negó; en su condena ese delito no aparece. Según su relato, Gabriela lloraba y le preguntaba qué le iba a hacer.

Se bajó del Taunus, sacó una carabina, la hizo cruzar un alambrado, arrodillarse y le disparó a un metro de distancia. Abandonó ahí el cuerpo exánime.

Después de Carlos Robledo Puch, que lleva 45 años preso, Carmona es el detenido con más tiempo en una cárcel argentina. Después de asesinar a Gabriela, levantó -en distintos puntos de la ruta- a dos muchachos a los que le dijo que era cabo del Ejército y los obligó a robar con él. Los días pasaban, el cuerpo de la chica no aparecía y los investigadores cordobeses investigaban un presunto secuestro. Una noticia de General Pacheco fue la clave para cambiar la hipótesis.

Habían detenido a un hombre que manejaba un Ford Taunus y que tenía secuestrados a un taxista y a una familia, a los que había asaltado. La palabra "Rocky" tatuada en un brazo unió los hilos de las investigaciones y Carmona fue trasladado a Córdoba. La policía dijo que en el viaje, muy tranquilo, confesó. Más tarde, en el juicio, aseguró que lo "ablandaron a golpes".

En agosto de 1988 la Cámara 5» del Crimen de Córdoba lo declaró culpable de robo calificado, privación ilegítima de la libertad calificada, homicidio calificado y robo calificado reiterado. Le dictó reclusión perpetua con el agregado de reclusión por tiempo indeterminado y la declaración de reincidencia.

En el proceso los cronistas empezaron a llamarlo "hiena humana". Siempre dijo que "desprecia" a los periodistas; sólo mantuvo entrevistas y charlas privadas con Gonio Ferrari, quien escribió "Yo, Carmona".

Dos asesinatos más

En la cárcel de San Martín (cerrada por el gobierno cordobés en 2015) fue conflictivo. En 1988 le dio un "puntazo" a su par, Martín Castro. La herida no fue grave, pero a la noche le tiró aceite hirviendo en la cara; lo desfiguró.

En 1994 mató a Héctor Bolea, un preso "líder". Después de eso sus compañeros quisieron lincharlo; la decisión del Servicio Penitenciario fue trasladarlo a Chaco. La Cámara 3» del Crimen lo condenó a 16 años de prisión, más la accesoria de reclusión por tiempo indeterminado y declaración de cuarta reincidencia.

En el pabellón de máxima seguridad de Resistencia mató a su compañero Demetrio Pérez Araujo, en 1997. Lo atacó con una "púa" casera. La Cámara 1» en lo Criminal lo condenó a reclusión perpetua, más la accesoria de reclusión por tiempo indeterminado. Lo enviaron de nuevo a Córdoba, donde pidió estar separado del resto de los detenidos.

Quedó en "la lorera", un espacio aislado. Nunca en todos sus años de detención participó de ninguna actividad; no se junta con otros reos. "Jamás trabajé ni estudié, jamás estuve insertado", mencionó hace una década. Nada cambió.

"Tiene un perfil complicado, por eso se le denegaron los pedidos de libertad condicional -advierte Cima-. Tiene fama de tipo duro, pesado, y a él le gusta que lo vean así. Es instruido, aunque no terminó la escuela, se expresa muy bien y repite que él no es como el resto."

Después de otros incidentes en la penitenciaria cordobesa regresó a Chaco, donde, hace 5 años, el Servicio Penitenciario hizo un acuerdo con su par correntino y lo mandó a la granja modelo Yatay, donde los presos se autogestionan y cuentan con vigilancia mínima.

"Salía a correr hasta el río, a unos cuatro kilómetros, a diario. Jamás intentó fugarse. No tenía problemas y fue entonces cuando se le autorizaron las salidas transitorias para ver a su mujer -recuerda el juez-. Un día rompió la disciplina y lo devolvieron." Desde entonces está en el Complejo 2 de Roque Sáenz Peña, a 180 kilómetros de Resistencia.

Carlos Campos, el policía que lo trasladó a Córdoba después del crimen de Ceppi, lo describe como "egocéntrico; quería que le dijeran que era el mejor delincuente". El juez Cima agrega que los informes técnicos lo definen como "proclive al delito". En las conversaciones que tuvo en estos años indica que "se cree distinto a los demás; le molestan los otros presos".

No tiene visitas; la única allegada es su mujer. Tiene teléfono y en determinadas horas puede conectarse a Internet. Hace diez años afirmó: "Esperé demasiado tiempo para razonar y predisponerme y recién allí tomar decisiones. Hasta que logré hacerlo yo tenía una mente criminal y a las mentes criminales ustedes no pueden entenderlas, porque las mentes criminales piensan de manera promiscua".

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