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El mito del Porsche 550 Spyder de James Dean: por qué es famoso el Little Bastard

James Dean murió al volante de su Porsche en un accidente callejero; el Pequeño Bastardo, como lo llamaba el actor, cobró fama por acarrear ésa y otras desgracias posteriores. ¿Estaba maldito o todo fue una fábula?

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LA NACION
Sábado 03 de junio de 2017
Foto: AFP
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Dos décadas antes de ser investido por George Lucas con la sabiduría de Obi-Wan Kenobi en Star Wars, Sir Alec Guinness ya demostraba que la Fuerza estaba con él dándole dotes de visionario. "Este auto parece siniestro; me temo que si lo conduces vas a estar muerto en una semana", exclamó el actor británico al observar el reluciente Porsche 550 Spyder que más tarde sería bautizado como el Pequeño bastardo. El destinatario de la profecía era un joven colega, propietario de la máquina, a la que pretendía acelerar hasta las 150 millas por hora. El episodio ocurrió en la puerta del restaurante Villa Capri, en Hollywood.

Seis días más tarde, el 30 de septiembre de 1955, el Porsche era una retorcida masa de acero y su temerario dueño estaba muerto.

Ya es una cursilería afirmar que el joven James Byron Dean (1931, Marion, Indiana) murió tan rápido como vivió. Solo dejó tres películas (Al este del paraíso, Gigante y Rebelde sin causa) y sólo corrió tres carreras, entre marzo y mayo de ese año. Iba camino a disputar la cuarta cuando sufrió el accidente en el que perdió la vida. La historia de ese vehículo sigue sumergida en la controversia.

El Porsche 550 Spyder gris, chasis N° 0055, motor de 4 cilindros y 110 HP N° 90-059, caja de velocidades de 4 marchas N° 10-046, había sido entregado al agente de la marca en California, Johnny Von Neumann, en julio de 1955. Y no era el auto que Dean pretendía para seguir su carrera.

El actor había conducido su Porsche Speedster de 1500 cc en Palm Springs (ganó una serie a 6 vueltas y fue 3° en la final), en Bakersfield (3° en la serie, 9° en la final) y en Santa Bárbara (abandonó por problemas con un pistón). Dejó de competir por un tiempo por decisión de la Warner Brothers, que lo tenía contratado, mientras filmaba sus últimas dos películas. Pero quería algo más potente para su reaparición en las carreras de autos sport para aspirantes a pilotos profesionales, que eran furor en los aeródromos de California. El coche ideal para ese sueño no era un Porsche, sino un Lotus.

El Lotus IX, producido en Hornsey, al norte de Londres, por la incipiente compañía de Anthony Colin Bruce Chapman -quien manejó uno de ellos en las trágicas 24 Horas de Le Mans de 1955- era sumamente exitoso en las carreras del Sports Car Club of America (SCCA), de manera que Dean encargó uno al importador, Jay Chamberlain.

Pero Chapman ya había comenzado a producir el Lotus X, del que solo se fabricaron 6 ejemplares, y fue uno de ellos el que compró el actor, sin motor ni caja, porque planeaba colocarle un impulsor Offenhauser y una caja MG. Pero, la llegada del coche inglés a California, prevista para junio, se demoró para septiembre, de manera que Dean cambió sus planes y adquirió el 550 Spyder.

Una versión asegura que el envío desde Inglaterra arribó después del accidente mortal; otra, que llegó antes, pero que no había tiempo de colocarle motor y caja para competir. El Lotus pasó de mano en mano, corrió entre 1956 y 1962, y volvió al Reino Unido en 1979. Su actual propietario, Peter Morley, lo hizo restaurar por el especialista Mike Brotherwood: este año lo completará con un motor Offenhauser y una caja MG como quería Dean. Los Lotus X cuestan hoy unos 250 mil euros; este ejemplar podría alcanzar el millón.

El Little Bastard

Dean entregó su Porsche 356A cotidiano como parte de pago del 550 Spyder, que recibió el 21 de septiembre. Lo bautizó Little Bastard, que era como a él lo apodaba su amigo Bill Hickman, un famoso doble de Hollywood (dobló a Steve McQueen en las fascinantes persecuciones automovilísticas del film Bullit en 1968) y se anotó en la carrera del 1° de octubre en el aeropuerto de Salinas. Había elegido el número 130 para competir.

Su nuevo dueño planeaba transportarlo a la carrera a bordo de un tráiler remolcado con una rural Ford, pero al cabo eligió ir ablandándolo desde Los Ángeles hasta Salinas, acompañado por su mecánico, Rolf Wütherich, alemán como Von Neumann. Wütherich trabajaba para Porsche desde 1950 y la firma lo había enviado a asistir al concesionario californiano. Hickman viajaba detrás conduciendo la rural con el tráiler vacío.

El accidente se produjo el 30 de septiembre a las 17.45, en el desolado cruce de las carreteras 466 y 41, cerca del pueblito de Cholame, cuando el plateado Porsche, bañado por los rayos del sol poniente, se volvió invisible. "Nunca lo ví venir; sólo lo ví cuando ya era demasiado tarde", declaró Donald Turnupseed, el conductor del Ford Custom Tudor modelo 1950 que lo embistió en la trompa. El Porsche nunca frenó: se calculó que viajaba a 90 mph (casi 145 km/h), aunque un documental del Channel 5 inglés de 2005 argumentó que la velocidad en el momento del impacto era de 70 mph (unos 112 km/h); el Ford frenó a lo largo de los últimos 30 metros antes de la colisión.

"Destinos fatales Aunque no estaban vinculados de manera alguna al 550 Spyder, no deja de ser curioso que los coprotagonistas de Dean en Rebelde sin causa, que terminó de filmarse justo antes del via"
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Dean murió a bordo de la ambulancia que lo trasladaba a un hospital, con el cuello roto y severas contusiones en el pecho, consecuencia del impacto con el volante. Tenía 24 años. Su mecánico fue arrojado del auto y acabó con tremendas heridas en el rostro, que durante meses le impidieron hablar. Salvó su pie izquierdo de la amputación gracias a la gestión de Von Neumann, quien lo trasladó a una clínica en Los Ángeles para que lo atendiera un especialista alemán.

No contó su versión del accidente sino hasta muchos años más tarde, para Christophorus, el house-organ de Porsche: "Jimmy no estaba manejando especialmente rápido, al motor había que ablandarlo, el velocímetro oscilaba entre 60 y 100 mph. Yo me sentía muy seguro con él", relató. Turnupseed resultó ileso.

La muerte de Dean conmocionó a la industria del cine; el estreno de Rebelde sin causa, a fines de octubre de 1955, convirtió a su desaparecido protagonista en un ícono americano, eternamente joven. También perdura la historia de los restos del 550 Spyder, el Pequeño Bastardo: según la leyenda, todo aquel que tomaba contacto con ellos era alcanzado por la desgracia. Sin embargo, eso también forma parte del mito.

Verdad o consecuencia

La fábula sobre la maldición se originó en un libro de 1974, Cars of stars (Los autos de las estrellas) publicado por el carrocero californiano George Barris, creador del fantástico Batimóvil de la serie Batman de 1966. En el libro asegura haber comprado los restos del auto siniestrado por US$ 2500 y consigna la siguiente cadena de infortunios:

ß Al descargarlos en el taller de Barris, los restos cayeron sobre un operario que los maniobraba para bajarlos del tráiler y le quebraron las dos piernas.

ß Barris vendió piezas de suspensión al doctor Troy McHenry, quien las montó sobre su propio auto. En una carrera en Pomona, en octubre de 1956, McHenry se salió de la pista y chocó contra un árbol. Murió a causa de las heridas.

ß Un cirujano de Burbank, Williams Eschrich, compró el motor (N° 90-059) y el diferencial, los puso en su Lotus IX, fue a competir a esa misma carrera de Pomona y sufrió un accidente que le provocó heridas graves y acabó con su carrera deportiva.

ß Un joven que quiso robar el volante del 550 Spyder en el taller de Barris, resbaló y se abrió un brazo con una punta de metal de los restos.

ß Barris vendió dos de las gomas a un cliente del taller, que las colocó en su automóvil. Una semana más tarde, las dos cubiertas estallaron simultáneamente generando una nueva colisión.

ß Alarmado por la sucesión de acontecimientos negativos, Barris donó los restos a los CHiPs, la patrulla de caminos de California, para que fueran usados en programas de concientización sobre seguridad vial. La chatarra quedó en custodia en un almacén en Fresno que, como parece no podía ser de otra forma, se prendió fuego. Se quemaron muchos coches, pero los restos del auto no sufrieron grandes daños. Los CHiPs los devolvieron con consecuencias funestas.

ß Eran transportados en una plancha de regreso al taller cuando, tras un choque, el chofer fue despedido y lo que quedaba del Pequeño Bastardo cayó sobre el infortunado poseedor y lo mató.

ß En 1960, los restos fueron llevados a una exhibición a Miami, pero acabaron siendo robados del tren en el que regresaban a California.

Hasta aquí, las versiones de Barris. Pero fue Eschrich quien realmente compró los restos. Usó el motor para su Lotus (al que rebautizó como Potus) y en esa carrera de Pomona sólo se despistó cuando era perseguido por Ritchie Ginther (luego piloto de Ferrari y Honda en F 1), sin herirse, aunque con el auto roto ya no volvió a competir.

Fue Eschrich quien cedió piezas de suspensión a McHenry. El auto siniestrado en Pomona, por problemas en la dirección, fue luego adquirido por Barris, quien lo presentó más tarde como el 550 de Dean, tras agregarle las únicas piezas originales que había conseguido: la cubierta trasera del coche y la puerta del pasajero. Esa versión falsa fue la que desapareció en 1960 de regreso a California.

Donald Turnupseed murió de cáncer en 1995. Sobrellevó durante 40 años la carga del accidente, en el que no había tenido oficialmente responsabilidad alguna, sin hablar del caso por miedo a la venganza de un alterado admirador de Dean.

"Un pura sangre de carrera. Producido en Zuffenhausen, el suburbio de Stuttgart donde Porsche fabricaba sus autos desde 1949, el 550 Spyder costaba 6800 dólares en 1955 y era un auténtico pura sangre"
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Wütherich jamás se recuperó del accidente. Tras un año internado, retornó a Alemania en 1959, inestable y deprimido. Se hizo navegante de rallies (fue 2° en el de Montecarlo de 1965 con Eugen Bohringer) pero se enemistaba a menudo con sus superiores en Porsche. Sus cuatro matrimonios fallaron, el último de forma dramática tras acuchillar a su mujer. Acabó en un psiquiátrico. Dejó Porsche en 1968 y se mató al volante de un Honda Civic tras estrellarse a alta velocidad contra una pared, en 1981, a 26 años del accidente en Cholame. No se había colocado el cinturón de seguridad.

¿Y qué hay de la chatarra del Pequeño Bastardo? En 2005, a 60 años del accidente, el Museo del Automóvil de Volo (Illinois) ofreció una recompensa de un millón de dólares por los restos, a condición de que una inspección de Barris los declarase auténticos. Al poco tiempo, recibieron una misteriosa llamada de un hombre que dijo que a los 6 años había visto cómo su padre y otros hombres depositaban la chatarra detrás de una pared falsa en un edificio del condado de Whatcom, en el estado de Washington. Pero se negó a dar más pistas hasta firmar un acuerdo por la recompensa y nunca más se supo del tema.

Lo cierto es que el motor del 550 Spyder continúa en poder de Tyler Eschrich, el hijo del doctor, en California; Barris aseguró haber restaurado la puerta del pasajero; murió en 2015. Pero la mayor parte de los restos del auto fueron entregados por Eschrich a un desarmadero en San Fernando, otro suburbio de Los Ángeles, de donde Barris recuperó las dos piezas originales. Fue ahí que se esfumaron. Sin echar maldición alguna.

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