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Emprender no siempre termina bien

Andrés Hatum

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PARA LA NACION@ahatum
Sábado 03 de junio de 2017
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Cuando hablo con algún ejecutivo que está queriendo cambiar su vida para ser emprendedor, siempre me viene a la cabeza la cifra 10%: con suerte, al 10% de los emprendimientos les termina yendo bien.

Cuando éramos chicos, el señor que abría un quiosco era comerciante o quiosquero que había conseguido dinero para abrir su negocio. Hoy, no tenés un quiosco, sino que abrís un drugstore. No sos comerciante, sos entrepreneur. No ponés un negocio, tenés un startup y la plata te la pone un business angel.

Hay un sueño colectivo en el que hecho de ser emprendedor significa ser rico, jugar al golf, viajar y manejar una nave (sea ésta una Ferrari o un barco). Pero si das vuelta la página de este sueño, probablemente tu "nave" sea una nave submarina y un estrepitoso fracaso, del que por supuesto hay que sobreponerse.

En la cultura actual, en la que hay una sobrevaloración del emprendedor por sobre otras profesiones, estamos habituados a ver los casos de éxito, que son los menos.

Personalmente cansa ver algunos ex emprendedores que dan cuanta conferencia haya sobre su única experiencia en la vida en la que emprendieron. Hay que poder mirar más a la mayoría que fracasan y no logran ver despegar su emprendimiento.

Pareciera que las historias de fracaso no son tan lindas como las de éxito, pero son las mejores para aprender y nutrirse de experiencia de vida real. El caso de Fuckup Nights es un buen ejemplo de gente que se anima a contar sus errores y fracasos en los negocios sin prejuicios y para entender mejor los procesos y la vida.

A nivel de desarrollo de carrera hay que entender el valor de estos fracasos. Uno puede fracasar una vez y contarlo en una entrevista de búsqueda laboral, y probablemente no sea un problema si ha sabido recuperarse de ese fracaso. Es más: algunos headhunters ven con buenos ojos a los candidatos que pasaron por una experiencia de fracaso y entender cómo resurgieron de él. Es la capacidad de resiliencia la competencia que evalúan en esos casos.

Pero en la carrera profesional uno no puede darse el lujo de ser un "fracasador" serial. Y esto es clave para aquella persona que, teniendo una vida profesional corporativa, quiere emprender.

Hay que lograr saber cuándo es el mejor momento para hacerlo y cuánto es el tiempo que hay que destinarle al nuevo proyecto. Si el camino es el fracaso, hay que saber retirarse a tiempo para que ese fracaso cuente en el currículo como una buena experiencia para contar y no termine de hundir tu carrera junto a tu nave submarina.

El autor es PhD y profesor de la Escuela de Negocios de la Universidad Torcuato Di Tella

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