Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

La experiencia de los desarrolladores que viven en sus propios proyectos

Son pocos los empresarios que se animan a "convivir" con sus clientes; ventajas y desventajas de la elección

Sábado 03 de junio de 2017
SEGUIR
PARA LA NACION
0

Una alquimia especial entre trabajo y vida personal, una fusión íntima con todas las ventajas y desventajas que conlleva. A eso se asemeja la experiencia de los desarrolladores que habitan sus propios proyectos. Cuando disfrutan los momentos de ocio, las fechas especiales y las reuniones familiares en los espacios que imaginaron y materializaron, dicen, es casi como vivir un sueño hecho realidad. En diálogo con la nacion, Alejandro Ginevra -GnvGroup-; Miguel Camps -Argencons-; Rodrigo Fernández Prieto -de la desarrolladora homónima-, y Mateo Salinas -Eidico- describieron cómo es la vida en sus creaciones.

En cualquier emprendimiento inmobiliario la relación entre los vecinos puede estar teñida de dicha o de enojos, y los desarrolladores no escapan al trato con quienes, además de compartir el ascensor o la entrada al barrio cerrado, son sus clientes. "Por lo general todos saben quién soy. Me llaman por mi nombre y me preguntan cómo estoy, y yo a veces quedo en falta porque no conozco a todos", admite uno de ellos, un poco consternado.

Otro responde con una sonrisa cada vez que se lo cruzan en el ascensor y le comentan algún inconveniente en sus hogares piensa:"¡Llamame el lunes, no me lo digas el sábado!". En tanto, Fernández Prieto sabe que la cercanía con los vecinos que también habitan su propio desarrollo en Puerto Madero podría ser una desventaja: "Lo que hiciste mal está enfrente tuyo. Si en algún momento llegara a aparecer algún descontento, van a ir a buscarte directamente. Nunca me pasó, pero podría pasar", dice.

Los cuatro coinciden en que hasta el momento no recibieron comentarios fuertes de clientes -vecinos- insatisfechos, aunque siempre es probable que los desarrollos, sobre todo en los primeros años de vida, tengan alguna falla. "Capaz que no se animan a decírmelo y se lo dicen a otro", relata Fernández Prieto, quien conoció a su actual mujer, la modelo Florencia Tesouro, en uno de sus emprendimientos.

Para Salinas, que vive en uno de sus barrios cerrados en Tigre que desarrolló Eidico, en cambio, la mejor felicitación es la confianza que sus clientes depositan en los proyectos: "Veo manifestados los buenos comentarios en que, de mis 25 primos hermanos, 20 viven en un barrio nuestro", resume.

Las opiniones sobre las reuniones de consorcio o asambleas -famosos momentos de tensión en cualquier edificio o barrio privado- están divididas. Salinas y Ginevra participan activamente. "Me ocupo de crear comunidad en los edificios que construyo. Me gusta que haya convivencia en los amenities y reuniones distendidas, como cócteles de fin de año", dice el líder de Gnvgroup.

Fernández Prieto y Camps prefieren no estar presentes. El primero, por el clima de discusión que muchas veces se genera. El segundo, por una experiencia fuerte con los vecinos la primera vez que habitó uno de sus desarrollos -"salta" de proyecto en proyecto de Argencons desde 1975 y actualmente reside en un Quartier-. Dos años después de desembarcar en su primer emprendimiento, una torre cerca de Plaza Alemania, se despertó en medio de la noche con los gritos de su familia, que le avisaban que "se caía el edificio", porque el penthouse en el piso 24 que habitaba "se movía como un barco en el medio de la tormenta". En medio de la evacuación por el temblor, sin saber qué ocurría, y mientras bajaba las escaleras con sus hijos en brazos, la puerta de un departamento se abrió y de él emergió un reconocido ex legislador: "¡¿Pero qué hizo, ingeniero?!", lo increpó. Camps recuerda aquel momento con angustia: su primera torre corría peligro de desmoronarse y la responsabilidad, creía hasta ese momento, era de él. Una vez fuera del edificio, miró hacia los costados y se encontró con los vecinos de los desarrollos de la zona también en la calle. Se trataba del terremoto de San Juan de 1977, que sacudió hasta Buenos Aires. "La experiencia fue tan fuerte que me sirvió para desvincularme de los consorcios. Desde ese momento les recomiendo a los vecinos que si hay algún problema hablen con la parte técnica de la empresa", señala.

Ginevra, en cambio, se reconoce un tanto obsesivo de los detalles. La torre que habita en Puerto Madero es el fiel reflejo de su pensamiento: la música que recibe a quienes ingresan por el hall, que invita a la calma, siempre está al mismo volumen, y las flores siempre están frescas. "Exijo mucho más que cualquier vecino, porque así logro que no decaiga", dice Ginevra. El trabajo y la vida personal tan imbricados son fuente inagotable de historias muy personales. "Amo lo que hago y me gusta poder estar sentado en mi galería mientras veo el resultado de mi propio trabajo", concluye Salinas.

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas