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La obra maestra de un equipazo para la historia

Diego Latorre

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LA NACION
Domingo 04 de junio de 2017

CARDIFF.- Pongámonos de pie y saludemos al campeón. Pero no por el hecho de serlo sino por la forma, por los caminos que transitó para alcanzar el logro. Real Madrid aplastó a Juventus después de un segundo tiempo memorable, que quedará en el registro de todos los hinchas a los que les gusta el fútbol, y sólo caben el aplauso y el reconocimiento.

Cosechar tres títulos en cuatro temporadas ya sirve para marcar una época, pero la versión superadora de un conjunto que ha ido sumando argumentos futbolísticos hasta alcanzar un grado de funcionamiento que le permite resolver todos los conflictos que puede plantear el rival va todavía más lejos. Hoy toca hablar de un equipazo para la historia al cual, además, se le puede vislumbrar un magnífico futuro.

Juntar en el mismo plantel a dos laterales como Carvajal y Marcelo, a Modric, Kroos, Isco y Benzema es una bendición y permitió un cambio sustancial en la versión 2017 del Real Madrid. Ya no se trata de apostar al juego directo y la capacidad goleadora de los de arriba; ahora hay despliegue colectivo, fantasía, una llegada natural a la zona de definición, y por supuesto, mucho gol.

Y llegados a este punto se me ocurre imprescindible hablar de Zinedine Zidane. Me pregunto en qué medida los equipos con grandes estrellas necesitan entrenadores pacifistas que admitan situarse por debajo de los jugadores. Los más incendiarios, por el contrario, reclaman más protagonismo -sobre todo en las victorias- y alientan que esta clase de deportistas los desafíen a ellos mientras desenfocan las metas grupales. El caso más notable fue el paso de José Mourinho por el mismo Real Madrid. Estuvo tres temporadas sin poder levantar la Copa de Europa; quiso echar a Casillas, a Cristiano Ronaldo, a Sergio Ramos... y desde que se marchó, el equipo sopla y gana la Champions.

El plantel de Real Madrid cuenta con varios líderes, y el líder en general prefiere un entrenador que no sea autoritario, que no le imponga todas las reglas. En el arte de dominar los egos y molestar lo menos posible se pueda encontrar, tal vez, uno de los secretos de la conducción. Lo demuestra la línea de tiempo que puede trazarse entre Vicente Del Bosque, Carlo Ancelotti y Zidane, tres personalidades semejantes que promueven un trato muy paternal entre los jugadores y el técnico, y que evidentemente le sienta muy bien a este club.

Si le faltaba algo, ayer el entrenador francés acabó por desterrar cualquier sospecha que quedara respecto a su falta de conocimientos tácticos y a su independencia en la toma de decisiones. En la disyuntiva de incluir como titular a Isco o Bale eligió al primero, aunque la final se disputase en Cardiff y el galés sea uno de los preferidos del presidente de la institución.

La influencia en Cristiano

La elección entre Isco y Bale no es un tema menor. Porque influye directamente en el juego del equipo y, sobre todo, en Cristiano Ronaldo. A los 32 años, el portugués sabe que debe administrar sus energías y, con Isco en cancha, no se ve obligado a tapar al lateral rival y puede concentrar sus potencialidades en los últimos 20 metros del campo de juego. Entonces un Cristiano espléndido e intuitivo aparece más seguido adentro del área para desplegar sus múltiples facultades físicas y recursos técnicos y continuar aumentando sus estadísticas goleadoras.

Enfrente, Juventus. Un equipo que se plantó en el partido con autoridad, coordinación y armonía para mover y recuperar la pelota; que tuvo la fortaleza anímica necesaria para reponerse enseguida del 0-1, pero que fue demolido en los 45 finales.

¿Qué quedó para gente como Buffon, Dybala o Higuaín? Uno soñaba con cerrar un círculo virtuoso, otro podía demostrar el verdadero tamaño de la brecha que lo separa de Messi, y el tercero llegaba con su necesidad de resarcimiento. Los tres se retiraron con las manos vacías.

Se impuso la lógica, se impuso la mística de un club que, como me comentaba Jorge Valdano antes del partido, vive en un estado de insatisfacción permanente porque nada le alcanza. Lo sentían sus jugadores, conscientes de que ésta era una ocasión diferente porque implicaba cerrar un ciclo y ganarse un reconocimiento especial en la comparación con la propia historia del club.

También por eso ganó el Real Madrid, y se merece todos los aplausos.

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