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Noches de parálisis, confusión y muerte: la inquietante estrategia de los atentados simultáneos

Sábado 03 de junio de 2017 • 22:27
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Fueron noches, ataques y blancos similares. París y Londres, las dos grandes capitales de Europa, fueron escenario de la estrategia terrorista de atentados simultáneos, que no sólo deja una estela de muerte si no que también confunden a las fuerzas de seguridad, paraliza a las ciudades durante horas y envuelve a sus residentes en una punzante sensación de miedo, indefensión y caos durante horas y horas.

A las 21.20 (hora local) del 13 de noviembre de 2015, esa sensación irrumpió en la relativamente cálida noche de otoño de París. Una célula de seis extremistas asociada con Estado Islámico comenzó con bombas su múltiple operación terrorista en el Estadio de Francia, en Saint Denis, un suburbio de la capital.

En los siguientes 20 minutos, los terroristas atacaron el teatro Bataclán - símbolo de la vitalidad de la noche de París- y varios pubs y restaurantes de varios barrios.

Al finalizar la noche y la oleada de atentados, habían muerto 130 personas, en su mayoría parisinos y turistas que disfrutaban de la salida del viernes.

Hoy los blancos, los escenarios y las estrategias se repitieron. Una cálida noche de fin de semana de primavera fue interrumpida, pasadas las 22.10 (hora local), por disparos, gritos en árabe, sirenas, muerte, confusión y pánico en varios puntos icónicos de la capital británica: el puente de Londres y el mercado de Borough.

Desde ese momento, Londres está paralizada sin que se sepa aún si los terroristas han sido arrestados. Los extremistas pueden atacar de nuevo en cualquier momento. El miedo y el desorden persisten por horas, en un inquietante triunfo de la estrategia terrorista.

Fue, como en París, un mensaje directo del extremismo a los europeos y sus gobierno: desde el teatro Bataclán y el Estadio de Francia hasta el puente de Londres, no hay lugar, no hay símbolo que no se pueda golpear y estremecer; más aún se pueden atacar varios a la vez y neutralizar ciudades enteras durante toda una noche, no importa cuántos recursos destine el continente a combatir la mayor amenaza que hoy enfrentan sus habitantes.

"No hay lugar, no hay símbolo que no se pueda golpear y estremecer"

En realidad sí es relevante cuánto dinero, cuánto personal, cuánta inteligencia, cuánta vigilancia dedique un gobierno al combate del terrorismo.

Por lo pronto, el atentado de Londres parece menor en dimensión, número de muertes y puntos de alcance que el de París. En 2015 fueron por lo menos cinco los escenarios golpeados; hoy, en principio son dos. Las armas y la organización usadas por los atacantes son, también, bastante menos sofisticadas que las empleadas por Adeslam Salah y Abdelhamid Abaaoud, los jefes de la trama terrorista de la noche de Bataclán, que incluyó bombas y ametralladoras.

Entre un atentado y otro, transcurrió más de un año y medio, tiempo suficiente para que las fuerzas de seguridad e inteligencia europeas avanzaran en su estrategia antiterrorista.

Desde esa noche de noviembre de 2015 hasta hoy, no sólo asignaron más presupuesto y agentes o endurecieron -siempre con algo de polémica- sus leyes.

Los gobiernos aumentaron los bombardeos a Estado Islámico en su propia cuna, Irak y Siria, y sellaron las fronteras del continente, de forma tal que sea cada vez más difícil para un combatiente del grupo fundamentalista, entrenado para la muerte y destrucción, entrar a Europa.

Sus estrategias fueron efectivas. Lograron diezmar la capacidad de muerte del terrorismo islamista pero no así su voluntad de destrucción o su odio. Irónicamente unos y otros -fuerzas de seguridad y terroristas- tienen éxito en sus estategias. En el medio, están los europeos, que ya parecen acostumbrados a las noches de horror y parálisis.

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