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Noches de parálisis, confusión y muerte: la estrategia de los ataques simultáneos

LA NACION
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Inés Capdevila
Domingo 04 de junio de 2017
En el Puente de Londres, los transeúntes dejan el lugar tras el ataque
En el Puente de Londres, los transeúntes dejan el lugar tras el ataque.
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Fueron noches, ataques y blancos similares. París y Londres, las dos grandes capitales de Europa, fueron escenario de la estrategia terrorista de atentados simultáneos, que no sólo deja una estela de muerte, sino que también confunde a las fuerzas de seguridad, paraliza a las ciudades durante horas y envuelve a sus residentes en una punzante sensación de miedo, indefensión y caos durante horas y horas.

A las 21.20 (hora local) del 13 de noviembre de 2015, esa sensación irrumpió en la relativamente cálida noche de otoño de París. Una célula de seis extremistas asociada con Estado Islámico (EI) comenzó con bombas su múltiple operación terrorista en el Estadio de Francia, en Saint Denis, un suburbio de la capital. En los siguientes 20 minutos, los terroristas atacaron el teatro Bataclán -símbolo de la vitalidad de la noche de París- y varios pubs y restaurantes. Al finalizar la noche y la oleada de atentados, habían muerto 130 personas.

Anoche los blancos, los escenarios y las estrategias se repitieron. Una cálida noche de fin de semana de primavera fue interrumpida, a las 22.08 (hora local), por disparos, gritos en árabe, sirenas, muerte, confusión y pánico en puntos icónicos de la capital británica: el Puente de Londres y el Borough Market. Desde ese momento, Londres está paralizada sin que se sepa aún si los terroristas fueron arrestados. Los extremistas pueden atacar de nuevo en cualquier momento. El miedo y el desorden persisten por horas, en un inquietante triunfo de la estrategia terrorista.

Fue, como en París, un mensaje directo del extremismo a los europeos y sus gobiernos: desde el teatro Bataclán y el Estadio de Francia hasta el Puente de Londres, no hay lugar, no hay símbolo que no se pueda golpear y estremecer; más aún se pueden atacar varios a la vez y neutralizar ciudades enteras durante toda una noche, no importa cuántos recursos destine el continente a combatir la mayor amenaza que hoy enfrentan sus habitantes.

En realidad sí es relevante cuánto dinero, cuánto personal, cuánta inteligencia, cuánta vigilancia dedique un gobierno al combate del terrorismo.

Por lo pronto, el atentado de Londres parece menor en dimensión, número de muertes y puntos de alcance que el de París. En 2015 fueron por lo menos cinco los escenarios golpeados; anoche, en principio fueron dos. Las armas y la organización usadas por los atacantes son, también, bastante menos sofisticadas que las empleadas por Abdeslam Salah y Abdelhamid Abaaoud, jefes de la trama terrorista de la noche del Bataclán, que incluyó bombas y ametralladoras.

Entre un atentado y otro, transcurrió más de un año y medio, tiempo suficiente para que las fuerzas de seguridad e inteligencia europeas avanzaran en su estrategia antiterrorista. Desde esa noche de 2015 hasta hoy, no sólo asignaron más presupuesto y agentes o endurecieron -siempre con algo de polémica- sus leyes. Los gobiernos aumentaron los bombardeos a EI en su propia cuna, Irak y Siria, y sellaron las fronteras del continente, de forma tal que sea cada vez más difícil para un combatiente del grupo, entrenado para la muerte y destrucción, entrar a Europa.

Sus estrategias fueron efectivas. Lograron diezmar la capacidad de muerte del terrorismo islamista, pero no así su voluntad de destrucción o su odio. Irónicamente unos y otros -fuerzas de seguridad y terroristas- tienen éxito en sus estrategias. En el medio están los europeos, que ya parecen acostumbrados a las noches de horror y parálisis.

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