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Ataques en Londres: sin alterar su rutina, los londinenses y visitantes dijeron "no" al terror

Con cierta resignación, los ciudadanos y turistas buscan recuperar la tranquilidad tras los atentados

Domingo 04 de junio de 2017 • 12:17
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LA NACION
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Los londinenses intentan recuperar la tranquilidad tras los atentados
Los londinenses intentan recuperar la tranquilidad tras los atentados. Foto: AFP

LONDRES.- Para muchos fue un shock despertarse y comprender lo que había ocurrido. Un espanto que aumentaba en la medida en que se conocía que eran más las víctimas fatales y que muchos de los heridos estaban realmente graves.

El fuerte sobresalto no impidió que Londres siguiera su vida con la mayor normalidad posible. "Es penoso, pero tenemos que admitir que esto ya está aceptado. Sabemos que ocurre y que ocurrirá. Es algo que ya no nos detiene", dijo a LA NACION Carolyn, quien ha vivido toda su vida en la ciudad y no la cambiaría por nada del mundo.

Londres recibe diariamente a miles de visitantes. Nada de eso se alteró ayer. "Es una pena lo que ha pasado, pero nosotros seguimos con nuestro paseo", dijo uno de los conductores de los habituales autobuses que hacen recorridos turísticos por la ciudad.

Para ellos, la rutina fue eliminar una de las paradas de la visita habitual. Justamente la que refiere al Puente de Londres, donde ocurrió la primera parte del ataque, que al momento de cerrar esta crónica había dejado siete muertos y la espantosa incorporación de muerte a cuchilladas.

"Yo no pienso dejar que esto altere mi vida", dijo Santiago Berisso, un argentino que vive en Londres hace siete años y que trabaja en la City financiera. Santiago paseaba con un amigo en la explanada de Saint Paul, la enorme iglesia cerca de la orilla del Támesis.

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"Lo que ha ocurrido y ocurre es una situación muy seria, que deja una sensación de vulnerabilidad. Pero eso no te paraliza, no se puede dejar de hacer la tarea de todos los días", añadió.

Alrededor suyo todo era bullicio. La gente paseaba por la explanada, a las orillas del río y cruzaba puentes similares al que ayer fue escenario del ataque.

"Sí, es un puente que cruza el río de la misma manera. Y está lleno de paseantes porque la vida sigue adelante", comentó Isabelle, que paseaba junto a su marido, Ben. "Tengo amigos en la Argentina, ojalá que este mensaje les llegue y entiendan que no tenemos miedo", añadió.

Para otros, lo ocurrido tenía rasgos de especial cercanía. "Yo estuve en el mercado de Borough apenas unas horas antes de que esos hombres acuchillaran a varios de los clientes", comentó a LA NACION una turista argentina.

"Esta mañana veía por televisión el informativo y reconocí el lugar donde yo estuve apenas un rato antes. Fue impresionante, una sensación muy fuerte, de cercanía con el espanto", añadió.

Los londinenses intentan recuperar la tranquilidad tras los atentados
Los londinenses intentan recuperar la tranquilidad tras los atentados. Foto: Reuters

Sin embargo, su diálogo con este medio fue a bordo de uno de los clásicos colectivos de dos pisos que recorría la comercial calle Oxford. "Por supuesto que estoy paseando. No pienso alterar mi rutina", dijo.

Clara -que no quiso dar su apellido- regresa mañana a Buenos Aires. Empezó su recorrido por Gran Bretaña apenas horas antes del ataque de Manchester, del pasado 22 de mayo, en el que murieron más de veinte personas.

Por una morbosa coincidencia, lo termina horas después de otro ataque, en este caso, en esta ciudad. "Sé que no es más que una fea casualidad", dijo.

Parte convencida de que es poco lo que se puede hacer. "En todos estos días vi policías con armas muy pesadas y sé que es una ciudad segura. Aún así, ocurren estas cosas", reflexionó.

Los negocios y los principales centros de atracción abrieron sus puertas como un día normal. El extendido servicio de transporte no se vio alterado y no se advirtieron medidas adicionales de seguridad en subterráneos y colectivos.

Incluso una protesta religiosa al pie de las escaleras de la National Gallery, en la plaza Trafalgar, siguió su rutina tal como estaba programada.

La gente paseaba con grandes bolsas de compras por las principales avenidas y en los parques, muchos paseantes ocuparon las reposeras de alquiler. Sólo se fueron cuando los corrió el viento frío que empezó a soplar pasado el mediodía. Pero no el miedo.

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