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Vidalinda, un lugar pensado para adultos mayores: "Acá: uno no se puede sentir solo"

Clarita Braslasky, 91 años

Lunes 05 de junio de 2017
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En Vidalinda, en Belgrano, 72 adultos mayores forman parte de una experiencia innovadora en la Argentina; depende de una mutual y ofrece comedor, actividades diarias, seguridad y atención médica.

El proyecto fue pensado para que personas mayores y autoválidas -al menos, al momento de ingresar- pudieran encontrar allí una alternativa a los geriátricos; es un sitio donde recibir contención, compañía y seguridad, viviendo de forma independiente pero comunitaria, con espacios y servicios comunes.

Clarita Braslasky está encantada de recibir visitas. Abre la puerta de su departamento, en el piso 12 del edificio de Vidalinda, y se muestra radiante. Combinada -viste remera, suéter y aros rojos- y con pañuelo al cuello, dueña de una sonrisa fácil y grandes ojos azules, ofrece café o té y se disculpa por un trapo colgado en el marco de la ventana de la cocina. Con un movimiento ágil, lo hace desaparecer. "Soy muy ordenada", admite entre risas.

Además es alegre e inquieta. "Tengo 91 años, pero no los siento. Estar acá me hace bien, nunca sentí que fuera vieja", dice mientras se acomoda en el sillón. "Mis últimos análisis me dieron perfectos. Sigo haciendo mis cosas y practico yoga."

Vive sola y en sus dos ambientes -con la ayuda de una señora que va limpiar una vez por semana-, la atención se la llevan las antigüedades. Compradas en su mayoría en San Telmo, junto a Juan Manuel, su marido -un ingeniero agrónomo que falleció en 1996-, tiene desde cuadros hasta vajilla, una mesa española de mosaicos, un cristalero de madera, figuras de Buda, y el dios Shiva.

Clarita llegó a Vidalinda hace cuatro años; cuando, ya viuda, empezó a sentirse sola. "Vivía en un departamento no lejos de acá, en una esquina muy linda, y me hice una amiga fabulosa en el mismo edificio. Compartíamos todos los gustos: ir a conciertos, al cine, salir. Pero lamentablemente ella falleció", recuerda.

Muchos amigos

Un día la invitaron al edificio de Vidal 2362 a jugar al burako. Le gustó y empezó a ir todos los sábados. "De alguna manera, el destino que me ayuda siempre, me guió hasta aquí. Como necesito y me gusta mucho el contacto con la gente, me mostraron los departamentos y vi que acá uno no se puede sentir solo: cuando te empezás a sentir mal están tus amigas y compañeras", afirma.

Como no conseguía vender su anterior departamento, su hija y yerno hicieron una "vaquita" para que pudiera asociarse a la mutual Vidalinda y mudarse a su actual domicilio. "Lo arreglé de manera de traerme las cosas que me gustaban y seguí mi vida normal, pero acompañada", explica.

Ahí la pasa "bárbaro". "Me gusta la vida de relación que hay acá. Si uno está con ganas de estar solo se queda en su casa leyendo o escuchando música. Pero si querés estar acompañada, acá todas somos amigas -asegura-. Festejamos los cumpleaños y el Día del Amigo, por ejemplo, y tenés la posibilidad de salir a ese jardín hermoso para hacer relax y concentrarte."

Su familia -tiene una hija, cuatro nietos y dos bisnietas- también comparte actividades con ella en Vidalinda. "Al principio, mi hija no quería que me mudara acá, pero después todos la felicitaron por su decisión y la mía", cuenta Clarita convencida.

Y concluye: "A ella, sin querer, se le solucionó un problema enorme que tienen otras hijas con sus madres, que no saben cómo atenderlas: a cierta edad necesitan ayuda y sobre todo la compañía de pares. Porque uno se siente más cómodo, más comprendido, con gente de la misma edad".

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