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Franco Fagioli: una voz que derriba uno a uno a los prejuicios existentes

El contratenor tucumano interpreta el rol principal en la ópera que se estrena esta noche; su formación, que comenzó en su provincia y siguió en el Instituto del Colón, se desentendió del camino típico para un registro vocal como el suyo

Martes 06 de junio de 2017
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LA NACION
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Tras las cuatro funciones de Julio César, Fagioli viajará a Europa a prepararse para su próximo desafío: la Scala de Milán
Tras las cuatro funciones de Julio César, Fagioli viajará a Europa a prepararse para su próximo desafío: la Scala de Milán. Foto: Mauro V. Alfieri

El contratenor inglés Alfred Deller, en la década del cincuenta, fue quien les abrió camino a los que tenían este registro vocal. Tiempo después, y gracias a la corriente historicista que se vivió especialmente desde 1970, nuevamente se los empieza a utilizar dentro de la ópera. Sin embargo, no ha sido sino hasta fechas recientes cuando aquellos que poseen esta voz tan especial han ganado protagonismo dentro de la escena lírica mundial. Y es a Franco Fagioli, el hoy ya consagrado contratenor nacido en Tucumán, a quien le corresponde el título de ser el primero dentro de muchas categorías: en ingresar a la carrera del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, en ganar el prestigioso concurso de canto lírico Neue Stimmen (2003) y en firmar en exclusiva con Deutsche Grammophon. También ha sido el primer hombre en estrenar roles (Hänsel, Ariodante y Arsace) que anteriormente eran interpretados por mezzosopranos. En esta oportunidad, vuelve a la Argentina para interpretar el papel de Julio César en la ópera de Händel que se estrena hoy, con Martin Haselböck al frente de la Orquesta Estable y con régie de Pablo Maritano.

Fagioli pertenecía al coro de niños de Tucumán y a los 11 años interpretó a uno de los geniecillos en una producción de La flauta mágica. Allí le quedó grabada para siempre la sensación de estar sobre el escenario.

Pero la decisión de dedicarse al canto vendría unos años más tarde, cuando al comprarse un CD con el Stabat mater, de Pergolesi, descubrió la voz de James Bowman. Comprendió que eso que escuchaba era lo mismo que él hacía con su voz y decidió convertirse en contratenor. "Empecé en Tucumán tomando clases con Annelise Skovmand y de allí me vine al Colón. Haberme formado como contratenor en el instituto fue muy especial, me dio herramientas que me han servido mucho afuera. El Colón tiene una tradición de bel canto y yo empecé por ahí. Cuando hablo de bel canto no sólo lo hago en referencia a un estilo musical del siglo XIX, sino a una manera de cantar, una técnica y un concepto del canto lírico asociado a la ópera italiana. Desde allí yo me he movido siempre, a cantar Monteverdi y Händel, pero también Mozart y Rossini. Empecé con una visión amplia, con compañeros que cantaban de todo y yo aprendiendo de todos ellos", recuerda Fagioli.

Como una carrera original y no como la clásica del contratenor que se inicia con la música barroca es la descripción que hace Fagioli de la suya. "Ha sido más amplia, ha gustado de diversos sabores y eso se lo debo a mi maravillosa formación. Fue lo que me definió como artista desde un principio. Me gusta investigar diferentes aspectos y luego hacer a nivel muscular y vocal lo que le queda bien a mi voz. Cuando Mozart escribió Sesto para La clemencia de Tito, lo hizo para un castrado y ahora quienes lo cantan son mezzosopranos porque el registro es agudo. Pero, a diferencia de otros, yo sí tengo esas notas, así que lo estudié y funciona. Esto yo lo entendí y me propuse abrir la cabeza; lo que sí está claro es que cada voz tiene que hacer lo que puede, no todos los contratenores tienen que cantar Rossini o Mozart, porque no sucede así. Lo que sí es importante es dejar a un lado los prejuicios, porque si escuchás ópera desde allí entonces el arte no te llega. Sólo plantéate si te gusta o no, nada más. Por eso siento un poco que con mi carrera voy pateando prejuicios."

Ganar el famoso concurso Neue Stimmen fue para Fagioli un momento bisagra en su carrera y el que le dio el empuje para lograr la proyección internacional de la que hoy goza. "Resultó una especie de gran vidriera. Logré requerimientos de trabajo maravillosos. Allí me di cuenta de que podía salir al mundo. Es por esto que vivo en Madrid. Por mi trabajo es el centro desde el que me desplazo a todos lados. Pero todavía no he echado raíces profundas en Europa. La Argentina me hace falta, me gusta el país y me gusta Tucumán, que es mi lugar. Yo una vez al año regreso así no tenga compromisos. Este viaje en particular me ha servido para conectarme con todo lo que soy, con mis inicios y con todo lo que a mí me inspiró a hacer música. Antes de regresar a Europa voy a hacer algo muy emocionante en mi ciudad: cantaré Sesto en La clemencia de Tito, en el teatro San Martin de Tucumán."

El histórico idilio entre Julio César y Cleopatra le sirvió de inspiración a Händel para escribir esta ópera seria en 1724, considerada la más importante y más representada del compositor nacionalizado inglés. Consta de tres actos, con libreto de Nicola Francesco Haym, el cual está basado en la obra de Giacomo Bussani. El rol de Julio César ha sido para Fagioli un referente dentro de su carrera. "Lo he seguido cantando desde que en 2005 hice mi debut en la ópera de Zurich junto a Cecilia Bartoli y bajo la dirección de Marc Minkowski. Lo he preparado muy bien y es un rol que me permite explorar muchas cosas. Si bien yo soy contratenor, el registro vocal en el que yo canto sería el de mezzosoprano en cuanto a sonoridad y tesitura. Lo interesante de Julio César es que explorás el medio de la voz con el grave, lo cual te ayuda a encontrar el personaje. Es un canto visceral, un rol muy físico y un poco la búsqueda va desde allí. Está en uso no sólo la voz de cabeza, sino todo el registro vocal: las notas graves, las centrales y las agudas. Esto le da al rol una especie de ambigüedad, donde de repente escuchás una voz contralto y de repente una voz masculina. Éste era uno de los detalles primordiales de la voz del castrado. Era un requerimiento de la época, mostrar esta especie de monstruosidad vocal", afirma Fagioli.

La soprano estadounidense Amanda Majeski será la Cleopatra junto a la que Fagioli compartirá uno de los romances más famosos de la historia. La régie está a cargo de Pablo Maritano y la dirección musical es de Martin Haselböck. "El director escénico ha hecho un análisis muy inteligente de esta obra, puesto que hacer óperas barrocas no es nada fácil, te obliga a hacer una relectura y creo que logró algo hermoso. Será un encuentro entre romanos y egipcios donde todo puede pasar. Además, es especial volver a trabajar con Haselböck, todo un referente en música antigua. Hicimos Rinaldo también en el Colón y tenemos muy buena comunicación."

Con una agenda repleta hasta el 2020, la carrera de este contratenor parece no tener límites o, por lo menos, él no se los pone. "Sigo estudiando cada día para evolucionar como lo hace mi voz. Esto no se acaba más", asegura. Y para muestra basta ver su próximo compromiso en Europa, otra vez de la mano de Händel: debut en la Scala de Milán, cantando en Tamerlán y acompañado de Bejun Mehta y Placido Domingo.

Julio César

Ópera de Georg Friedrich Händel, con libreto de Nicola Francesco Haym

Teatro Colón, Libertad 621

Funciones, hoy, el viernes y el próximo martes, a las 20; el domingo, a las 11

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