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Qué hay detrás del boom progresista de ¿aprender? filosofía

Esta disciplina convoca multitudes y llena cada vez más lugares alejados de las universidades; son los nuevos espacios para acercarse a Platón; defensores y detractores de la divulgación

Viernes 09 de junio de 2017 • 22:09
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LA NACION
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El público esperando a Dario Sztajnszrajber en una charla a cielo abierto en el patio del Centro Cultural Konex
El público esperando a Dario Sztajnszrajber en una charla a cielo abierto en el patio del Centro Cultural Konex. Foto: Facebook

En sus inicios, la filosofía y el estudio de sus textos era una tarea aristocrática. Hoy, esta disciplina se expresa en múltiples formatos: capta elevadas audiencias en la televisión, se escucha en una columna de radio, atraviesa una obra de teatro y hasta convoca a un grupo de amigos en un bar de Ramos Meijía. Como le sucede al personaje de Nietzsche en Así habló Zaratustra la disciplina sale al aire libre y se aleja de los lugares llenos de polvo. Sin embargo, ¿puede ser considerado "filosofía" o solo son actividades de esparcimiento? ¿Cuánto se piensa en estos ámbitos?

El filósofo Dario Sztajnszrajber divulga la filosofía por varios medios después de la explosión que significó su programa "Mentira la verdad" por canal Encuentro. Hoy llena los espacios en cada "clase magistral" que dicta en el Centro Cultural Konex, colma una sala de teatro con "Desencajados: Filosofía + Música", -un espectáculo donde algunas de las canciones del rock nacional se ven invadidas por textos filosóficos- y con sus giras atrae multitudes en los lugares más recónditos del país. "Hay algo de la filosofía que está convocando", dice Sztajnszrajber a LA NACION.

No hay dudas. Ya son varios los pensadores que coordinan encuentros de divulgación en Buenos Aires. El miedo, la angustia, la muerte, el amor, la ética y el poder son algunos de los temas que se abordan en estos ámbitos.

Filosofía a la gorra

En Benjamín Matienzo al 2000, la sala de estar de una casa colonial se convirtió en un lugar de encuentro. Dos mesas comunitarias puestas a lo largo esperan a que el público comience a llegar. "Mejor no abramos la ventana todavía", le dice el filósofo Diego Singer a la gente del lugar mientras se acomoda en una silla de madera pintada de color fucsia. La abertura tiene un postigo que vuelve oscuro el espacio pero cuando Kalima Cultural abre sus puertas al público, permite que los transeúntes que pasan por la vereda vean directamente el escenario que se alza en el fondo. Quizás también logren oír alguna frase de la filosofía de Singer.

Desde hace ocho años que el filósofo comenzó a incursionar en una idea que fue tomando cada vez más forma: hacer filosofía a la gorra en lugares itinerantes -bares, librerías o espacios culturales-. Desde enero, gracias a la difusión vía redes sociales, coordina todos los viernes en Kalima Cultural encuentros de filosofía. Él se sorprende: "'Foucault: una historia de locura' la di como 9 veces porque seguía teniendo nuevo público; llegó un día que no la quise hacer más porque me aburrí".

Filosofía a la gorra: encuentros itinerantes
Filosofía a la gorra: encuentros itinerantes. Foto: LA NACION

En una mochila de viaje, carga entre 8 y 10 libros. Antes de comenzar, los deja sobre la mesa que está en el escenario para que al final de la exposición cualquiera pueda acercarse y hojearlos. A la hora de inicio estimada, el público comienza a llegar y se acomoda alrededor de las mesas. En menos de 20 minutos la sala está llena por completo.

Algunos ya lo conocen y lo saludan, otros no saben qué va a pasar cuando termine la exposición. "Pasar la gorra permite que cualquiera pueda venir y deja un problema expuesto en la relación valor y precio sobre qué se debe hacer para que estos circuitos culturales independientes sigan existiendo", explica Singer. Como había anticipado, comienza haciendo una aclaración: "Cuando termine de leer el texto voy a pasar la gorra y les voy a pedir su dinero. Después de eso nos quedamos a charlar. Les compete como comunidad hacerse cargo de que si quieren que algo siga sucediendo deben actuar como grupo para que así sea".

Al otro lado de la Ciudad, la modalidad se repite. Tomás Lamastra y Sofía Mónaco ofrecen encuentros de filosofía a la gorra en una librería de Ramos Mejía. Ambos son profesores de esta disciplina, recibidos de la Universidad de Buenos Aires y dan clases en diversas carreras de grado. Sin embargo, hace tiempo que buscan que aquello que tanto los apasiona no quede solamente reducido a estos espacios, ni que se piense como complejos conocimientos de erudito que tienen como fin la acumulación del saber. Por el contrario, esperan que la filosofía se convierta en una materia para cualquier persona que quiera problematizar la realidad.

"La filosofía a la gorra elimina cualquier jerarquía o privilegio que tiene el saber y la idea es hacer que deje de ser exclusiva para unos pocos", opina Lamastra. Además, ambos dictan cursos arancelados, en la librería Caburé de San Telmo, que tienen una duración de un mes. "Vemos que hay un acercamiento mayor a la filosofía y se da en un sentido variado. Entre las personas que asisten a nuestras charlas se puede encontrar diversidad de edades y profesiones", cuenta.

Otras propuestas

Desde el 2002, la licenciada en filosofía Roxana Kreimer organiza Café Filosófico en Belgrano. Después de la exposición de la intelectual sobre un tema pautado previamente, se abre el debate mientras los asistentes prueban algo dulce y toman café. "Hace 15 años que hago el Café Filosófico, es la actividad más antigua en su tipo en Buenos Aires -dice Kreimer- desde ese entonces han pasado unas 200.000 personas". Actualmente, asisten entre 30 y 80 interesados por fin de semana."Un espacio para reflexionar sobre las cosas importantes de la vida", es como Kreimer define a la actividad en su página oficial.

En Palermo Soho, el filósofo Eduardo Rodríguez coordina "Vino Filosófico" todos los fines de semana. Unas 250 personas por mes participan de estos encuentros. "Los viernes, estoy haciendo un ciclo de historia de la filosofía titulado "Pensando lo Pensado", en tanto que los sábados presento temas más generales desarrollados por mí o por algún invitado", cuenta Rodríguez. Luego de la charla se hace un intervalo con empanadas y vino y se cierra el encuentro con una media hora más de diálogo entre los asistentes y el disertante.

Vinos Filosóficos: todos los viernes y sábados a las 21
Vinos Filosóficos: todos los viernes y sábados a las 21. Foto: Gentileza de Eduardo Rodríguez

Mientras la disciplina se cuela en muchos espacios, existen detractores de la divulgación. El filósofo Guido Mizrahi, egresado de la Universidad de Sorbonne en París, opina contrariamente: "La filosofía perdió consistencia, entonces es absorbida por uno de los mecanismos que tiene la muchedumbre: la divulgación". Y agrega: "Van a decir que es mejor que se divulgue a que no y cualquier opinión contraria a esto sería una opinión opuesta a la democracia y a la tecnología". El académico no apuesta por la masividad. Brinda cursos arancelados tanto presenciales, en su departamento de Palermo, como a distancia. "La filosofía fuera de cierto rigor no existe -dice Mizrahi- no son más que charlas para divertirse y para distraerse un rato en donde sólo se pueden aprender algunos conceptos".

¿Pueden estos eventos ser considerados filosofía? Para Sztajnszrajber la respuesta es "sí". "La anarquía originaria del saber filosófico ha permitido que esta disciplina se haga de modos muy diversos. A mi me encanta trabajar en las charlas masivas, en la televisión y en la radio buscando que la filosofía, con todo su rigor y su problematicidad, no se quede aislada o enclaustrada en un ámbito aristocrático", dice.Y agrega: "Creo que la filosofía es transformadora pero no la reduzco a la formalidad del canon filosófico tradicional que termina haciendo filosofía para pocos. Nosotros sin perder la profundidad y la rigurosidad de la filosofía buscamos que alguien pueda acercarse a este lenguaje, apropiarse de muchas de sus categorías y tomarlas para una reinvención permanente de su existencia".

Para Singer no tiene que haber subestimación del público. "Espero que vean que hay una complejidad interesante y no una simplicidad falsa. Tiene que ser difícil no para ser un aristócrata, sino porque los temas hay que pensarlos de modo diferente al sentido común", opina.

La filosofía práctica es fundamental para analizar el contexto, mientras que la verdad puede ser pensada de diferentes maneras. Estas charlas convocan, se comparten y generan intercambios positivos, sobre todo por no estar destinadas a un público particular. Algunas personas asisten esporádicamente, otros van siempre que pueden. Unos tienen conocimientos previos y otros no. No hay requisitos para participar, solo hay que interesarse por los dilemas del ser humano y animarse a formar parte de una charla a puertas abiertas. "Los raros se juntan", dice Singer. Afortunadamente, en buena hora el público es diverso y cada vez son más los que se animan a participar.

La paradoja del fenómeno

El 21 de abril, Darío Sztajnszrajber escribió en su cuenta de Facebook: "No solo que la sala del Teatro Municipal de Río Cuarto se llenó por completo, si no que también se instalaron pantallas tanto en el hall como en la calle, para los que se quedaron sin entradas". Mientras tanto, en esa ciudad al sur de Córdoba, la carrera de filosofía de la Universidad Nacional de Río Cuarto tuvo 25 inscriptos este año. Guillermo Ricca, director del departamento de Filosofía de esta universidad, dice: "En años anteriores, 2013, 2014, 2015, no llegábamos a 15 ingresantes. Para nosotros el aumento es significativo". El intelectual cree que el mayor interés puede deberse a la promoción que realizaron en colegios secundarios. Y opina que el tipo de disciplina que exige el estudio de la filosofía está lejos de estas nuevas propuestas masivas, más parecidas a un concierto de rock que a una clase.

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