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En la patrulla perdida

Sergio Suppo

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LA NACION
Miércoles 07 de junio de 2017
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Enrique Senestrari logró un minuto de fama. Su nombre, por fin, consiguió perforar la frontera de su ciudad. El problema es que esta notoriedad es hija de un papelón.

Miembro de una patrulla perdida que deambula en las redes sociales, este fiscal federal de Córdoba terminó emboscado en una radio de Cosquín en la que se animó a pedir un golpe de Estado contra Mauricio Macri. Soldado de la primera hora de Justicia Legítima, Senestrari es mejor actuando que hablando por su gloriosa causa. Apenas un ejemplo. En 2013, participó de una operación que hizo detonar el esquema de seguridad de Córdoba y puso en el tobogán a los candidatos del oficialismo provincial en las elecciones de ese año. Al caso no le faltó ningún ingrediente: el gobernador De la Sota acorralado, una cúpula policial presa, la muerte dudosa de un policía, un servicial estafador como denunciante y, por supuesto, un propagandista disfrazado de periodista. Luego de tres años de prisión, los acusados fueron liberados tras ser culpados de delitos menores.

Senestrari creyó ser un héroe, pero quienes lo condecoraron se olvidaron de recordarle dos detalles: avisarle que la década ganada había terminado y que ahora convenía disimular un poco.

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