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Araceli González: "Desde muy joven viví a mucha velocidad"

A punto de cumplir 50 años, la actriz disfruta de un presente pleno en lo profesional y en el amor. Dice que con Fabián Mazzei se encontraron "en el momento justo", y habla crudamente de sus orígenes: "Vengo de mujeres fuertes que debieron hacerse más fuertes por hombres abandónicos"

Foto: Fernando Gutierrez
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LA NACION
Domingo 11 de junio de 2017
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Ocho años tenía Araceli cuando tomó la decisión de ser quien es. "Yo soy Ara", proclama a viva voz a quien quiera oírla. "Recuerdo bien ese momento, fue en una parada de colectivo, a las 2 de la mañana."

¿Cómo sabés que fue ese día?

Porque lo trabajé mucho en terapia. Es maravilloso darte cuenta de que hiciste ese clic. Descubrir quién sos, qué hiciste y por qué lo hiciste.

¿Qué pasó a esa edad? ¿Qué fue tan determinante para vos?

Papá se fue de casa y no volvió. A los 8 años enfrenté la separación de mis padres. Nos quedamos los tres solos, mi mamá, mi hermano y yo. A esa edad vi la desesperación de mi madre por hacer frente a esa situación. Tenía 8 años, pero no era estúpida, uno se da cuenta de los sufrimientos. Yo sabía de esos llantos en silencio, cuando ella creía que estábamos durmiendo. No me voy a olvidar nunca cuando explotó en casa el calefón. Todo era humo. Mi mamá nos sacó a los dos. No puedo olvidarme de esa imagen de los tres sentados en el cordón de la vereda. Era de madrugada, mirábamos lo que pasaba con la sensación de que íbamos a perder la casa, esa sensación tan angustiante de perderlo todo. Tengo una mamá muy valiosa. La amo con locura y odio que tenga lupus.

Fue en febrero de este año que sumergida en la desesperación Araceli pidió ayuda a través de Instagram. Su madre necesitaba con urgencia un medicamento y no lograba conseguirlo en ninguna farmacia. "A mi mamá le diagnosticaron hace tres años lupus, una enfermedad reumatológica", escribió en la red social sobre este mal. Se trata de una enfermedad crónica y autoinmune, en la que los anticuerpos producidos por el sistema imnológico atacan a los tejidos sanos, células y órganos.

¿Cómo está actualmente?

Un poco mejor -dice, y el nudo en su garganta parece apretarse aún más-. Era una mujer muy fuerte. El lupus se maneja mucho con lo emocional, por eso es importante que esté bien, cuidarla. Las personas a veces no se dan cuenta de que ciertas palabras pueden ser dañinas, que pueden provocar. A veces no se tiene conciencia del dolor que puede provocar en el otro. Tener cuidado es una elección, pensar en el efecto que puede provocar en el otro. Pero no todos piensan así. Yo sé que la vida que transitó mi mamá la llevó a esta enfermedad. Cuidó a sus padres hasta el último día. Ella se los montaba en la espalda para llevarlos al baño, para atenderlos. Un médico una vez le dijo: "Rosita, todo esto que usted hace lo va a pagar con su salud". Pero eso no la detuvo, cuidó a sus padres hasta el último día.

Dentro de unos días cumplís 50 años, lo que me lleva a preguntarte por esa reflexión que alguna vez dijiste: "Siento que tengo mucha más edad de la real".

Es verdad, lo siento así. Tiene que ver con la velocidad con la que viví, y soy consciente de ello desde muy joven. Tenía 25 años y veía a mis amigas bailar arriba de los parlantes, haciendo cosas de la edad, en cambio, yo estaba en otra cosa, atendiendo a mi hija [tuvo a Flor a los 21 años con el empresario dedicado al negocio de la carne Rubén Torrente]. Siempre me sentí muy responsable, desde los 8 años me siento así, con la responsabilidad de abastecer. Siempre fui una gallina ponedora. Empecé a trabajar desde muy chica [a los 12 años participó de un comercial de granadina, a los 15 ya hacía desfiles, sorprendió con la publicidad de By Deep donde encarnaba a una estatua viviente y se transformó en la chica de melenita by Sanders]. Recién ahora me siento más relajada.

¿Por qué?

Hoy tengo un hombre al lado que me dice me banco tu humor, tu manera de ser, me banco todo porque entiendo la vida que tuviste. Si no, no podría estar con vos. Así es Fabi [Fabián Mazzei]. Una vez me confesó que para estar conmigo hay que tener muchos cojones.

Foto: Fernando Gutierrez

¿Creés que es así?

No todos se bancan a una mina que resuelve, y yo soy una mina que resuelve, que no espera. Viví mucho tiempo muy sola con mis hijos y eso me llevo no esperar, a resolver. Ahora este hombre, Fabi, me enseñó a relajarme, a saber que puedo contar con alguien. Hizo que sacara en mí esa parte femenina que mucho tiempo estuvo olvidada. Laburo desde muy chica y empecé a ganar plata y a bancarme y ayudar a los míos. Tenía 21 años, una hija y no paraba de trabajar. Fue en la época en la que compré mi casa, mi primer auto, la casa a mi mamá, mi segundo auto, crié a mi hija. Mi capital lo hice en esa época, a veces hay mucha confusión, piensan mal [en referencia a su matrimonio de 14 años con Adrián Suar]. Lo digo para que no hablen más boludeces. Trabajaba de lunes a viernes en La banda del Golden Rocket [la tira juvenil donde conoció a Suar] y los viernes por la noche me tomaba el avión para hacer algún laburo en el interior. Los lunes por la mañana estaba otra vez en Buenos Aires. Mi mamá me llevaba a mi hija donde fuera para que estuviera con ella. Así pagué mi casa por mes. Siempre fui muy cuidadosa con mi trabajo y respeto mucho a la gente que trabaja. ¿Viste que hay gente que tiene una manera de hablar muy superada respecto del trabajo del otro?

MUJERES GUERRERAS

"Ellas, las mujeres de mi familia, guerreras es la palabra más exacta que encuentro para definirlas: me enseñaron a respetarme, a cuidarme, a decir y denunciar lo que pienso y siento, a ser fiel con lo que amo y sueño [.]. Hoy, Francesca, me encontrás en mi mejor versión. Siendo una mujer que ama y es amada. [.] Para pararme en este escenario tuve que vivir 50 años", escribió Ara en el texto que pude leerse en el programa de Los puentes de Madison, la obra que protagoniza con Facundo Arana en el Paseo La Plaza basada en la novela de Robert James Waller, la misma que Clint Eastwood llevó al cine con Meryl Streep.

"A Francesca le pongo mi vida, son todas mis mujeres juntas. Mi abuela, mi madre, mi hija. En el escenario me paro como mis tías, que eran re tanas -reconoce-. Me paro como ellas, con los riñones. Murieron solteras y vírgenes. Recuerdo pasar todos mis veranos en Ceres, provincia de Santa Fe, y verlas a ellas de la manera en que tocaban las cosas, cómo se colgaban los repasadores. Francesca hace lo mismo. Mi abuela murió a los 101 años, lúcida, produciendo. Laburó hasta el último segundo. ¿Podés crees que dejó la máquina de coser enhebrada? En cada función me pasa reencontrarme con ellas, con estas mujeres tan fuertes, tan guerreras. Y veo lo que les pasa a las que están del otro lado, a esas mujeres que se emocionan, que se identifican con muchas de las cosas que digo, con el dolor de los sueños reprimidos.

Hoy hablamos mucho del lugar que ocupa la mujer, de lo que nos pasa.

La obra llega en un momento muy especial. Creo que todas de alguna manera estamos haciendo un viaje muy introspectivo, y lo digo sin ser feminista. No me gustan los extremos y esa idea de dejar de lado al hombre. Para mí es importante que esté presente, que nos acompañe, eso no quiere decir que no tengamos nuestro propio espacio y que no podamos dar rienda a nuestros propios sueños. Mi mamá quería ser bailarina, estudió toda su vida, pero mi papá no quiso que siguiera con esa idea. Se casó y lo dejó todo. Me lo contó ella, con un gran dolor. Y Francesca es eso. Después de la separación, mi mamá se reinsertó en el universo laboral, pero tuvo que pasar por situaciones horribles por salvar a sus hijos y a su hogar. Hizo changas, enfrentó acosos y abusos que suelen atravesar a muchas mujeres, que por bancar un hogar a veces tienen que tolerar el maltrato. Hay muchas cosas de las que no se habla. La necesidad muchas veces hace que uno se calle y eso le pasa hoy a muchas mujeres. Nos callamos por el cuidado de nuestros hijos, por nuestra integridad física y mental. Le tengo mucho respeto al género femenino, a ese gran abanico de mujeres, para mí son es el eslabón más importante de la sociedad. Somos las mujeres las que criamos a los hombres, la que lo abarcamos todo. También respeto mucho a los hombres. Aprendí a quererlos. Pensá que vengo de mujeres fuertes que debieron hacerse más fuertes por esos hombres abandónicos. Eso a mí me puso en otro lugar.

Foto: Fernando Gutierrez

¿Qué hombres fueron tus referentes?

Siempre le digo a Toto [Tomás, hijo de su relación con Adrián Suar] que aunque en el futuro se separe de su mujer tiene que quererla, cuidarla, porque ella siempre va a ser la madre de sus hijos. No pienses que le estás regalando plata, no, no es eso, le estás dando lo que le corresponde a esa señora que parió y que está criando a tus hijos [simula el consejo]. Por suerte, hay hombres que son diferentes. Mi hermano, por ejemplo, se comprometió con sus hijos y a mí eso me da una gran emoción, me hace sentir orgullosa. Creo que eso tiene que ver sobre todo con la relación que se establece entre madres e hijos. Veo cómo es Fabi con su madre y me doy cuenta de por qué él es así. Cuando pienso en los hombres en mi vida, en mi pasado, aparece mi abuelo.

Hablamos de Fito Monteferrario, el padre de su madre, el hombre que quiso ser médico pero fue obligado a ser ingeniero. Fito, el personaje que aparece en los cuentos para chicos que Araceli escribió allá por 2006 y que tiene como protagonistas a una nena, un abuelo que relata historias por la noche y una amiga imaginaria que sirve como voz de la conciencia. "Mi abuelo reemplazó a la figura paterna en casa. Escribí mucho sobre él en mi diario íntimo. Era poeta, mi profesor de matemáticas. Lo recuerdo dibujando. Lo tengo tan presente. El olor a la goma de borrar me lleva a pensar en él -describe-. Me hacía la comida, me llevaba al colegio, mientras mi mamá trabajaba. Es el referente que encontré para poder amigarme con el otro género. Lo redescubrí cuando comencé a escribir esos cuentos. Recuerdo que con unos de mis primeros sueldos lo vestí. Lo llevé a comprar ropa. Qué lindo fue vestirlo. Era coqueto."

¿Volviste a escribir?

Tengo muchas cosas escritas, tendría que sentarme con alguien que me ayude a ordenar todo eso. Lo hice en una época muy triste de mi vida [en 2004, después de 14 años, se separó de Adrián Suar]. Lo que escribí es muy oscuro, de mucha tristeza. Para mí fue muy sanador en su momento y lo hice por recomendación de mi psicóloga. Ella decía que tenía que amigarme con la soledad, porque la soledad te hunde, pero si nos amigamos pueden salir de ella cosas muy buenas. En ese época, había noches en las que me sentía muy sola, la soledad puede llevarte a zonas muy oscuras, a pensamientos feos. Sentís que no vas a poder salir nunca. Por suerte el dolor es transitorio, pero hay que atravesarlo.

Foto: Fernando Gutierrez

En el programa de la obra escribiste: Mi madre, mi hija y yo, todas casi morimos de amor.

Es cierto, y por eso digo que Francesca tiene tanto de tantas mujeres y de mí. En algún momento sentimos que nos moríamos de amor, que no había forma de salir de ahí. Sufrí como una perra, pero empecé a escribir, a sanar, me redescubrí y conocí a Fabián, que me cambió la vida.

El sábado 14 de diciembre de 2013, a las 18.45, Araceli y Fabián se casaron luego de seis años de prometerse amor para siempre. Ara le creyó, y como bien dice el refrán, "la tercera es la vencida". Ella se ríe y asegura, feliz, que hoy bien sabe que los hombres no son aquellos príncipes con los que crecimos y soñamos alguna vez. "Pero me volví a enamorar. Nos encontramos en el momento justo. Es el compañero de mi vida y mis hijos lo adoran."

Si hay algo que la enorgullece por completo, es hablar de sus hijos, de Flor y de Toto. "La gente los quiere. Veo cómo hablan, cómo se relacionan entre ellos. Son hijos de dos padres diferentes y se aman. Fue importante el trabajo que hice para que ellos se quieran. Hoy cada uno tiene su propia vida y por sobre todo, valores, respeto por el trabajo y por el otro. Un hijo te modifica la vida, el ego, la estupidez se te va y si no pasa eso, es que sos una jodida. Se te tiene que ir toda la boludez; para mí, mis hijos son lo más importante de mi vida. Cuando Flor se fue a vivir sola casi me desmayo, me quise morir, estuve nueve meses con una contractura."

¿Para tanto?

Sí, no es joda lo que te digo. Tardé un año en ir a su casa, de hecho voy poco, me cuesta mucho. No puedo pensar en que ella no está en casa. Crecimos juntas, fuimos compañeras. Le di la teta en el medio de la 9 de Julio, tirando baliza. Trabajaba y ella estaba conmigo. La hice fuerte, fui más dura con ella que con Toto. Sentí que tenía que serlo. Flor, te tengo que hacer fuerte, porque te quiero, lo hago para ahorrarte diez años de terapia.

Tus dos hijos eligieron seguir el camino de la actuación.

Sí, es maravilloso. Toto está en Fanny la fan [la comedia de Telefe] y Flor sigue en camino con mil cosas [estrenó en cine Soldado argentino e Hipersomnia]. Siempre les digo que valoren trabajar en equipo, yo soy re de trabajar en equipo. No es fácil, uno no siempre tiene la suerte de contar con un buen grupo de trabajo. Cuando se da, hay que aprovecharlo. No siempre te vas a llevar bien con todo el mundo, y no todo el mundo te tiene que querer. Pero sí, hay que tener respeto por sobre todas las cosas. Con Facundo [Arana, su compañero en la obra Los puentes de Madison] no nos llevábamos bien al inicio. Los dos tenemos personalidades fuertes y chocamos, por eso se armó tanto ruido. Estábamos en desacuerdo, hasta que un día nos pusimos de acuerdo y ensamblamos y es genial que pase eso. Lo hablamos, le dije: A mí siempre me vas a tener acá, nunca te voy a ir por detrás, todo lo que tengo que decirte te lo digo cara a cara. El fue igual y hoy somos un equipo.

Se mueve de un lado hacia otro. Sus manos no dejan de dibujar en el aire y su cuerpo acompaña cada palabra. Araceli no para. "No duermo mucho. Lo que pasa es que estoy con muchas cosas", confiesa. Tiene el celular cerca. Está en silencio, pero la luz que no deja de parpadear por momentos la distrae. "Estoy con muchas cosas, a full con mi página web, que vamos a lanzar dentro de poco. Arranqué a idearla cuando terminé con Guapas [la novela de Canal 13], y como soy una mina súper activa no me pude quedar quieta. Siempre tengo que estar haciendo algo, decorando, investigando, algo tengo que hacer. La página tiene que ver conmigo, con los temas que me interesan, con lo que soy yo. Vamos a hacer encuentros con la suscriptoras, van a tener lugar diseñadoras emergentes. Vamos a hablar de todo. Quiero que sea un lugar de interacción con la gente. También estoy preparando un libro dedicado a las modelos de los años 90."

Una década clave en tu carrera.

Fueron mis años de proyección, mi salida. Para mí esos años tienen un valor muy importante. La idea es elegir a esas mujeres y presentarlas como guerreras.

¿Fue en esos años cuando notaste que las cosas ya no serían como antes?

Creo que empecé a darme cuenta de lo que iba a pasar cuando arranqué con La banda del Golden Rocket. Al poco tiempo tenía periodistas en la puerta de mi casa, me seguían a todos lados. No entendía bien qué pasaba. La verdad es que no me gustaba demasiado. Pero poco a poco uno aprende cómo manejar este tipo de situaciones. Tuve mome ntos de mucha exposición [el casamiento con Suar generó un gran revuelo mediático], pero siempre intenté resguardar a mis hijos. Sé que estas cosas tienen que ver con la profesión. Sólo hay que saber hasta dónde exponerse.

Pronto vas a protagonizar Debacle... Cómo te explico que me duele igual que a vos, film con fuerte temática femenina.

Sí, filmamos en septiembre. Doy vida a una psiquiatra, con una hija y una madre abandónica que aparece en mi vida mucho tiempo después. Mirta Busnelli es mi mamá. Es una película con la que nos vamos a identificar que habla de violencia de género, del proceso de cambio de sexo, de temas que tienen que ver con nosotras.

Hace una pausa con el cuerpo, en el hablar. Sonríe y apoyando su mano sobre la mía deja escapar: "Esto, todo esto, es algo que busqué toda mi vida. Siempre estuve preocupada por mi evolución, por hacerme cargo de lo que me pasaba, y eso hizo un trabajo muy de raíz en mí. Hace cinco años, mi terapeuta me dio el alta. Llegué un día como cualquier otro y me dio los motivos por los que me daba el alta. Fue el día que más lloré en mi vida. Lo más importante es, como bien me dijo cuando me separé de Adrián, llegar a los 50 bien de la cabeza. Y trabajé y mucho para llegar físicamente entera, pero lo más importante, para estar bien del bocho, rodeada de la gente que realmente quiero y que me hace bien. Hoy, elijo con quién estar y compartir mi vida."

1967

Nace el 19 de junio. Es la hija mayor de Ernesto Omar González y Rosa. Su hermano se llama Adrián

1988

Se casa con el empresario Rubén Torrente, con quien tiene una hija, Florencia. Comienza a triunfar como modelo. Se suma al staff de Pancho Dotto

1992

Es parte del elenco de La banda del Golden Rocket. Conoce a Adrián Suar. En 1994 protagoniza Nano y recibe el Martin Fierro como actriz revelación

1997

El 19 de octubre se casa con Adrián Suar. Un año después nace Tomás. Se separan después de diez años de relación

2013

Se casa con Fabián Mazzei, luego de seis años de noviazgo. En 2014 protagoniza Guapas y en 2016 Los ricos no piden permiso. En teatro, en la actualidad, da vida a Francesca en Los puentes de Madison

El futuro

En estos días lanzará su sitio web. En septiembre rodará la película Debacle... Cómo te explico que me duele igual que a vos, una coproducción argentino-chilena. Prepara un libro que homenajea a las modelos de la década del 90

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