Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Adiós a Villa Freud: el entorno de la plaza Güemes dejó de ser un polo de psicoanalistas

Alrededor de ese espacio verde, en Palermo, funcionaron consultorios por décadas; dos bares recordaban también a Sigmund Freud; hoy, los profesionales atienden en todos los barrios

Jueves 08 de junio de 2017
La farmacia Villa Freud, en Medrano y Salguero, el último bastión de una moda que pasó
La farmacia Villa Freud, en Medrano y Salguero, el último bastión de una moda que pasó. Foto: Fabián Marelli
0

En una de las primeras canciones que escribió Joaquín Sabina sobre Buenos Aires, el español mezcló en una estrofa surrealista a Jorge Luis Borges, Eva Perón y Sigmund Freud. La elección de los personajes no fue casual. A fines de los 80, cuando el cantante grabó "Con la frente marchita", los consultorios de los psicólogos se multiplicaban en la ciudad como ahora lo hacen las cervecerías. Los analistas se concentraron entre las avenidas Santa Fe y Coronel Díaz y las calles Soler y Jerónimo Salguero, como si alrededor de la plaza Güemes constituyeran una república propia. Pronto, esas manzanas de Palermo fueron bautizadas "Villa Freud".

Hoy, cada vez menos profesionales trabajan en esa pequeña comarca. Se esparcieron. La ciudad con la relación de psicólogos por habitante más alta del mundo -uno cada 64 habitantes- ahora tiene analistas en todos los barrios. Belgrano es uno de los favoritos.

El psicoanálisis llegó a Buenos Aires a principios de los años 40. La inauguración de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) fue una de las piedras fundacionales. En ese momento, la terapia era un privilegio: solamente las clases medias-altas ilustradas se recostaban en el diván. Cada sesión valía una fortuna. "Esa zona era típica de la clase media intelectual, por eso se llenó de consultorios", dice Claudia Borensztejn, actual presidenta de la APA. "Estar ahí era como una moda", aporta Modesto Alonso, psicólogo. Los psicoanalistas funcionaron como una cofradía que se estableció cerca de la plaza Güemes.

"Eran un grupo endógeno", suma Mariano Plotkin, historiador y autor de Freud y las pampas. Tan endógeno que vacacionaban en grupo. Pasaban los veranos en Punta del Este, y La Draga se convirtió entonces en "la playa de los psicólogos". Los psicólogos tuvieron su barrio, su playa y sus cafés: uno, en la esquina de Salguero y Charcas, se llamaba Sigi (diminutivo de Sigmund) y al otro le pusieron Freud. Ambos bares ya cerraron.

"Era un sector repleto de consultorios, librerías, clínicas: allí se armó una especie de parque temático", cuenta Lucía Rossi, vicedecana de la Facultad de Psicología de la UBA y profesora de Historia de la Psicología. No queda nada del parque temático que ella describe. En 1985, la ley del ejercicio profesional de psicología empezó a cambiar el paradigma: los psicólogos pasaron a ser aceptados por las obras sociales y entraron a trabajar en hospitales. El mapa laboral se les abrió; la Capital, también.

En algún momento conocida como plaza Freud, hoy la plaza Güemes es rodeada por una rotonda ovalada. Hay un mástil con una bandera argentina, juegos para niños, una decena de árboles. No hay rastros de Freud. En 2006, dos legisladores porteños intentaron dejar una huella indeleble: presentaron un proyecto de ley para modificar el nombre de dos cuadras de la calle Medrano, aisladas del tramo principal, y llamarlas Freud. La idea no prosperó.

Hay que caminar hasta Medrano y Salguero para encontrar el último bastión de lo que fue la zona. Julio Rosenberg está al frente de la farmacia Villa Freud desde 1987. "Por acá había una cantidad increíble de psicólogos", explica, aunque no se lleva el crédito por el nombre: "Ya se llamaba así cuando la abrí: era el momento de furor". Pero los días de gloria pasaron: "Quedan psicólogos, pero no como antes".

La desconcentración de los discípulos de Freud y Lacan se explica por varios motivos. Por un lado, como se dijo, las clases populares de a poco accedieron a los tratamientos psicoterapéuticos y el servicio empezó a ser demandado en otros lugares. "Hay analistas en todos los barrios porteños", dice Rossi. "Ahora la gente no elige el analista por el nombre, sino que buscan alguien que viva cerca de su casa", aporta Borensztejn. La gran masificación de la materia también influyó: según un informe publicado en noviembre de 2016, en Buenos Aires trabajan aproximadamente 48.000 profesionales. No hay lugar para todos en Villa Freud.

La transformación urbana también influyó. Años atrás, cuando la práctica estaba menos regulada, los profesionales no habilitaban sus consultorios para trabajar. Ya no es así. "El 80% de los edificios de Villa Freud son viejos y, por ende, no aptos para profesionales", detalla Horacio Berberian, socio de la inmobiliaria Shenk, quien admite que continúa ofreciendo la zona llamándola con la vieja denominación. "Hay pocos inmuebles con esas características y la oferta de departamentos para que trabajen los analistas bajó mucho", señala. Ahora eligen Belgrano: "Es por la extensión de la línea D, el Metrobus y la alta cantidad de construcciones nuevas". Algunos, no obstante, optan todavía por las calles donde, alguna vez, las ideas de Freud volaban como una sombra brillante: "La demanda todavía existe", dice.

La ciudad con más psicólogos del mundo

Se suele decir que Buenos Aires es la ciudad con la mayor proporción de psicólogos por habitante del mundo. Los números lo confirman y asombran. En la Capital trabajan 48.000 profesionales: es decir, un analista cada 64 habitantes. Es tan abismal la cifra que la cantidad es apenas inferior al total de psicólogos que hay en el país: según un relevamiento realizado en 2016 por los psicólogos Modesto Alonso y Domenica Klinar y validado por la Universidad de Buenos Aires, en la Argentina se desempeñan 98.300 matriculados.

Lucía Rossi, vicedecana de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires, indica que hay 13.000 estudiantes cursando la carrera en esa institución: "Las matrículas estallaron después de la última dictadura militar. En el 85 alcanzamos los 13.000 alumnos, y esa suma todavía se mantiene", dice. A pesar del crecimiento de las universidades privadas, todavía son las públicas las que forman más licenciados. El 63% surge de las aulas estatales, mientras que el 37% restante proviene de ámbitos privados. Desde 1957, cuando se creó la carrera de Psicología en la UBA, 39.855 personas recibieron sus diplomas.

Entre el total de egresados en el país, las mujeres dominan con una amplia mayoría: representan el 80% del total.

En esta nota:
Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas