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Un golpe que remueve aún más el avispero del Golfo Pérsico

PARA LA NACION
Jueves 08 de junio de 2017
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TÚNEZ.- El doble atentado de ayer en Teherán añade tensión a un Golfo Pérsico convertido en un avispero después de que el lunes Arabia Saudita y varios de sus aliados rompieron relaciones diplomáticas con Qatar. Aunque el autodenominado Estado Islámico (EI) reivindicó el ataque rápidamente a través de su agencia oficial de noticias, en Irán se sospecha que Riad podría estar detrás del crimen, que segó la vida de por lo menos 13 personas. Mientras el presidente del país, Hassan Rohani, se mostró cauto en su reacción y apeló a la cooperación internacional, los Guardianes de la Revolución, la fuerza armada de elite, afín al sector más radical del régimen, atribuyeron la acción a Estados Unidos y Arabia Saudita.

Las suspicacias en algunos sectores de Irán sobre una posible colusión entre el régimen saudita y el grupo jihadista son hasta cierto punto comprensibles. Ambos comparten una interpretación fundamentalista del islam, muy similar en todo lo relativo a cuestiones de moral social.

Asimismo, ambos, de confesión sunnita, consideran "infieles" a los chiitas, la rama del islam mayoritaria en Irán. Ahora bien, sí difieren en algunos conceptos importantes, como el de la jihad, más extremo según la interpretación de EI.

El hecho de que Arabia Saudita, curiosamente al igual que Qatar, haya financiado directa o indirectamente a milicias islamistas radicales en Irak, y sobre todo en Siria, con el objetivo de derrocar al régimen de Bashar al-Assad, no ayuda a disipar las sospechas.

Doble discurso

Según algunos analistas, Riad aplicó durante los años siguientes a la invasión estadounidense de Irak una política dual frente a los grupos jihadistas como Al-Qaeda: la persecución en su propio territorio para evitar atentados y su promoción o asistencia allí donde sus intereses fueran coincidentes.

Sin ir más lejos, la coalición militar liderada por Arabia Saudita ha colaborado con Al-Qaeda en Yemen para combatir a los hutíes.

Dicho esto, en un momento en el que las tropas de la coalición internacional contra EI, de la que forma parte Riad, están a punto de asestar en Mosul y Raqqa una estocada al "califato" de Abu Bakr al-Baghdadi parece descabellado pensar que los sauditas sean capaces de dirigir las acciones de una célula jihadista en Teherán.

Teniendo en cuenta el grado de sofisticación del atentado de ayer, lo más probable es que su preparación se iniciara meses atrás y, por lo tanto, su coincidencia en el tiempo con la crisis diplomática en la región sea cuestión de azar.

Como máximo, los líderes de EI podrían haber adelantado la fecha de ejecución para crear confusión y meterse en la compleja ecuación regional.

Financiamiento

Sea como fuere, el atentado de ayer no tiene precedente. Durante los últimos años, Irán fue víctima de varios ataques terroristas, pero siempre en su periferia, cerca de la frontera con Paquistán, normalmente reivindicados por grupos separatistas.

A pesar de que tropas iraníes y milicias chiitas adiestradas y financiadas por el régimen de los ayatollahs participan en la guerra contra EI en Siria e Irak desde hace años, no se había registrado ningún atentado en su capital a manos del grupo jihadista. Los próximos meses descubriremos hasta qué punto el grupo jihadista cuenta con una infraestructura potente en Irán, el centro de poder chiita en Medio Oriente.

Los detractores de Irán en Estados Unidos acusaron al régimen de los ayatollahs de colaborar con Al-Qaeda tras 2003, alegando que algunos de los activistas del grupo se movían con cierta libertad por el país sin ser arrestados.

Entonces, Teherán temía ser el próximo en la lista de George W. Bush y estaba interesado en el fracaso de la aventura iraquí. Actualmente, en un contexto muy diferente, y con el ascenso de una nueva generación jihadista, la de EI, aún más hostil hacia los chiitas, Teherán ha sido añadida a las capitales occidentales como blanco del terror.

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