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Vestuario, vestido y los roles en los escenarios sociales

Domingo 11 de junio de 2017
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LA NACION
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Conjunto de prendas exteriores con que se cubre el cuerpo: vestido y vestuario, en español, y en su primera acepción ambas son sinónimos. Y también lo son, según yo lo entiendo, en la práctica, ya que los vestidos que elegimos llevar definen, con nítidez y a simple vista, los roles que planeamos encarnar en los escenarios sociales donde nos toca aparecer: componen nuestro vestuario de cada día, y aquí la palabra sí viene empleada en su significado más usual: conjunto de trajes necesarios para una representación escénica.

No hay vestimenta que no sea a la vez signo. No hay apariencia que no sea susceptible de ser descifrada. El jean más banal, la camiseta más obvia. Son evidencias universales en nuestra sociedad de la imagen, de cuyo régimen la moda, autora de representaciones, es un principio activo básico. En todo está ella, y a todos los momentos de la vida, dando a cada cual la posibilidad de ponerse en escena, de trepar a protagonista, por medio de la pilcha.

Así, la doctrina del todo-moda ha engendrado, inexcusable, niñas y niños fashion-conscious, mientras que lxs adolescentes dedican a la apariencia unas cantidades de tiempo, energía y dinero notablemente mayores que la generación de sus padres, y ni que mencionar la de sus abuelos. La conciencia de que lookearse es deschavarse parece casi innata entre lxs jóvenes de hoy, devenidos maestros en el arte de producirse. Todxs nos damos a la representación a través del traje y todxs estamos atentxs a, y en muchos casos pendientes de, quienes lo hacen profesionalmente. Ímproba tarea. Todos los días, y todas las noches, en algún palacio o algún boliche del planeta hay inevitablemente algún evento, o alguna mamarrachada, con su forzoso cortejo de gente más o menos famosa posando más o menos, y mejor o peor, vestida.

DESDE FRANCIA. Brigitte Macron entusiasma por su chic seguro y su soltura elegante de persona inteligente
DESDE FRANCIA. Brigitte Macron entusiasma por su chic seguro y su soltura elegante de persona inteligente.

Esta sobrecarga de imágenes de moda no debe nada al azar y sí todo a la acción, conjunta aunque competitiva, de los conglomerados de la industria, a los que ya no basta el apretado calendario planetario de los desfiles, mientras que la moda masiva, implacable, se maneja según cadencias semanales de 52 microtemporadas. Fuera de las fashion weeks, a este punto del año en el verano boreal, pasadas las galas de premios de las industrias del entretenimiento, son los festivales musicales y cinematográficos -12 días de Cannes en mayo, 11 días de Venecia en agosto/septiembre- el pretexto ideal para renovadas procesiones de modeletes.

A diferencia de los eventos puramente fashionísticos, como la trillada gala del Costume Institute, pasada al dominio de la fantasía pop, donde se tiende a representar lo que no está al alcance del público con ropa que no cabría ni en los placards ni en las vidas de gran parte de la población del planeta, las figuras del cine, salvo desatinadas excepciones, se inclinan, en cambio, por encarnar lo viable, lo verosímil, con vestidos y trajes que lxs espectadores pueden imaginar, reversionados, en momentos singulares y celebraciones memorables de sus vidas.

Pero la representación pública más cabal tiene lugar en el contexto de la política. La da, con la mejor allure y la mayor naturalidad, Brigitte Macron, la esposa del flamante presidente de Francia, Emmanuel Macron. Profesora de Letras, 24 años mayor que su marido, nos entusiasma por su chic seguro, su soltura elegante de persona inteligente. Se ha sabido hace unos meses que la viste la casa Louis Vuitton. Y en su caso, bien se trata de vestuario, ya que como informó el servicio VIP del grupo LVMH, las prendas son prestadas, apuntadas en un registro y sistemáticamente devueltas. Todas las miradas están ahora puestas en ella, que tendrá un rol oficial, activo y no remunerado, en el area, se dice, de la educación. Sin ética y sin cultura, no hay estética que valga.

El autor ha colaborado en Vogue Paris, Vogue Italia, L'Uomo Vogue, Vanity Fair y Andy Warhol's Interview Magazine, entre otras revistas

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