Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

El alemán que se animó a escribir e incomodar

SEGUIR
LA NACION
Domingo 11 de junio de 2017
0

Una de las frases más célebres del pensador alemán Theodor Adorno es aquella en la que afirma que "escribir poesía después de Auschwitz es un acto de barbarie". Para los escritores alemanes de posguerra, la imposibilidad de escribir, poesía o lo que fuere, después del horror nazi fue ciertamente una marca generacional. Durante años, quizá más que cualquier otro fue Günter Grass, que en 1980 dio una ya famosa conferencia titulada precisamente Escribir después de Auschwitz, quien pudo superar el gran tabú de Adorno para abordar el pasado e intentar entenderlo. "¿Cuándo se hizo de noche sobre Alemania..?", se preguntaba en aquella conferencia el novelista que quiso explicarlo a través de un niño con un tambor de hojalata. Pero ni Grass podía decirlo todo respecto del pasado. Recién al final de su vida, después de obtener el Premio Nobel, reveló en sus memorias su antigua pertenencia a las SS.

Bernhard Schlink pertenece a otra generación, la que pudo formularse y responderse las preguntas que sus padres prefirieron callar. Sus temas siempre han sido el pasado y el peso de la culpa, incluso antes de que su nombre se volviera conocido en el mundo por el éxito de su novela El lector. Profesor de Historia de la ley, y juez en la corte constitucional del estado federal de Renania del Norte-Westfalia, Schlink comenzó su carrera de escritor escribiendo sobre lo que más conocía, crónicas policiales en las que el protagonista es un investigador privado que en su juventud, durante el nazismo, actuó como fiscal. Lo llamó "Selb", que en alemán también significa "yo mismo". La culpa por su pasado, que persigue a Selb, es para Schlink también la culpa de toda una nación.

En El lector cuenta el romance de un joven con una mujer mayor que lo seduce para luego desaparecer de su vida, hasta que un tiempo después, el muchacho, ahora estudiante de abogacía, vuelve a reencontrarla en un tribunal: ella está ahora en el banquillo de los acusados por su papel como guardia de Auschwitz durante la Segunda Guerra Mundial.

Letras incómodas las de Schlink, que se ha animado a incursionar en otros tabúes de la sociedad alemana, como el terrorismo de izquierda en la década del 70, al que aborda en El fin de semana, una novela donde sus protagonistas son confontados con el olvido y el perdón, con la memoria y, otra vez, la culpa.

Hace unos días, Schlink volvió a visitar Buenos Aires, donde Victoria Pérez Zabala lo entrevistó para esta edición de La Nación revista. La memoria no fue un tema ajeno al diálogo. Cuando se le preguntó sobre qué significa para él ser alemán, no dudó: "Es una carga", dijo. Pero cree que la sombra del pasado se va alejando cada vez más para los jóvenes alemanes que consiguen aliviarse de la culpa.

Si lo logran, es porque autores como Schlink pudieron escribir e incomodar.

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas