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Una Lucía alienada y victoriana

Viernes 09 de junio de 2017
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PARA LA NACION
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Oriana Favaro brilló vocalmente y en la composición del personaje
Oriana Favaro brilló vocalmente y en la composición del personaje. Foto: Pérez De Eulare / Teatro Argentino

Lucia di Lammermoor / Autor: Gaetano Donizetti / Dirección musical: Silvio Viegas / Dirección de escena: Rita Cosentino / Dirección del coro: Hernán Sánchez Arteaga / Escenografía: Nicolás Boni / Vestuario: Imme Möller / Coreografía: Sibila Miatello / Elenco: Oriana Favaro (Lucía), Darío Schmunck (Edgardo), Fabián Veloz (Enrico), Sergio Spina (Arturo), Emiliano Bulacios (Raimondo), Rocío Arbizu - Estefanía Cap (Alisa) y Maximiliano Agatiello (Normanno) / Otras funciones: Hoy a las 20 , y el domingo a 1as 18.30 / Teatro Argentino de La Plata / Nuestra opinión: muy bueno

Lucía de Lammermoor fue siempre una ópera que remitió casi invariablemente a la locura, quizá por la popularidad de su aria más célebre. Pero afortunadamente Rita Cosentino decidió, en su versión para el Teatro Argentino de La Plata, explorar a una Lucia que, en plena época victoriana, vive una situación de alienación, maltrato machista, y un proceso de metamorfosis que sólo puede terminar en tragedia. La propuesta del tortuoso devenir de una mujer como moneda de cambio en una sociedad patriarcal está muy alejada del mero padecimiento psiquiátrico.

La concepción de la puesta es consistente en todos sus puntos; la escenografía propone espacios cerrados y opresivos que se complementan con una excelente iluminación que no solo dirige los ojos a las luces, sino -sobre todo- a las sombras. Objetos diversos presentes en escena sugieren la idea de lo inerte: hojas secas, cuadros descolgados, sombras que se desfasan de las acciones. Como si todo estuviera perdido desde el principio entre la tiranía real y la amenaza sobrenatural. El detalle que interrumpía la fluidez dramática de la obra era el tiempo excesivo que requerían los cambios entre escenas, incluso le daba tiempo al público para revisar compulsivamente los celulares.

La actuación de Oriana Favaro (Lucía) fue brillante, no sólo en lo vocal, sino por la artesanía en el desarrollo de su personaje. Al comienzo Lucía es una mujer apresada por la violencia de su hermano y las obligaciones (para con todos, menos con ella), expresados a través de una represión física y vocal. Sólo cuando ella recibe la falsa carta de abandono de su amado comienza a jugar con sus manos, pasándolas compulsivamente por su falda, cabeza, pecho. Ese momento fue el detonante para el aceleramiento del arco dramático que la llevará a lucirse vocalmente en el aria de la locura "Oh, giusto cielo!", sobre todo en el dúo (aclamadísimo) con la flauta traversa.

Otro gran momento fue el sexteto del segundo acto "Chi mi frena in tal momento?", en el que los protagonistas tuvieron espacio para lucirse junto al coro y a la orquesta, que fue balanceando su dinámica en relación con las voces con el pasar de la obra hasta lograr momentos de gran intimidad, así como de espectacularidad.

La actuación de Darío Schmunck (Edgardo) fue enérgica, y especialmente notoria en su proyección y sutileza de matices en el aria Tombe degli avi miei. Fabián Veloz (Enrico) y Emiliano Bulacios (Raimondo) también se lucieron particularmente con su capacidad vocal y dramática, completando un robusto elenco Rocío Arbizu, Sergio Spina y Maximiliano Agatiello.

En una obra plagada de distintas formaciones vocales, los cantantes lograron explorar sus capacidades dentro de una propuesta coherente, interesante, y trabajada con gran consciencia a partir del desarrollo de cada personaje.

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