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La mañana en que los bares de Washington se llenaron para un "desayuno FBI"

Con la sensación en el aire de estar ante un hecho histórico, los norteamericanos siguieron con nervios la declaración de Comey

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LA NACION
Viernes 09 de junio de 2017
Atención total en un bar de Washington a la audiencia de Comey
Atención total en un bar de Washington a la audiencia de Comey. Foto: AFP / Jim Watson
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WASHINGTON.- La fila de gente recorría la cuadra y daba la vuelta a la esquina. Algunas personas esperaron más de una hora. Dentro del Shaw's Tavern, un bar en Shaw, un barrio joven y vibrante de Washington, el bullicio enmudeció cuando James Comey, el ex director del FBI que paralizó la ciudad y el país, comenzó a hablar. El bar, repleto, siguió casi todo su testimonio en un silencio de sepulcro.

El histórico testimonio de Comey ante el Senado fue un Superbowl político: hubo personas que faltaron al trabajo, fueron a la oficina más tarde o llevaron su computadora al bar para verlo con amigos; algunos con un Bloody Mary enfrente, sin importar que fueran las 11 de la mañana.

Mientras tanto, Comey destrozaba al presidente Donald Trump.

"Estoy muy impresionada con su sinceridad. Su memoria es muy clara", dijo Andrea Erdmann, una consultora económica de 47 años, mientras miraba la audiencia y tomaba un cóctel margarita. Recordaba la Guerra Fría, la Unión Soviética, y toda la trama del Rusiagate le parecía casi surrealista: "Es muy raro, es como estar en un planeta diferente".

Ellen Hackler, 61 años, y Martia Tomas, 60 años, se conocen desde que tienen cinco años y ayer pasaron toda la mañana sentadas en la barra viendo la audiencia. La siguieron de principio a fin. Por momentos, en silencio, como el resto del bar. De a ratos, comentando lo que escuchaban entre ellas.

"Es un hombre honesto", decía Martia.

"Trabajé en el FBI y te puedo decir que es muy respetado", agregaba Ellen.

Ambas creían que Trump miente porque no sabe o porque quiere. Esa opinión era compartida, dentro y fuera del bar: Washington es una ciudad demócrata. El año último, Hillary Clinton obtuvo el 90,5% de los votos en las elecciones presidenciales. Aquí, casi todos quieren un impeachment y casi nadie mira con buenos ojos a Trump.

Pocos recordaron ayer las críticas que llovieron sobre Comey por el mailgate de Hillary Clinton y cómo jugó en la elección de Trump. Ahora, todos esperaban el golpe contra Trump.

"Hay una reacción visceral", explicaba, en la fila, antes de la entrada del bar, Kathy Harvey, de 49 años, que había ido con su hija, Ella, estudiante de 18 años. "Estamos esperando a que se resquebraje el hielo", graficó.

El menú del bar ofrecía un "sandwich FBI" con una "salsa Top Secret", y un "desayuno FBI," que consistía en una tostada francesa con panceta, helado de vainilla y jarabe de arce. Mucha gente se quedó afuera. Hubo un aplauso: cuando Comey dijo que Trump había mentido sobre los motivos para echarlo. También risas y un murmullo de ternura cuando Comey dijo que tuvo que cancelar una cita con su mujer para ir a cenar con Trump a la Casa Blanca, el momento más liviano en las dos horas y media de audiencia.

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