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PARA LA NACION
Viernes 09 de junio de 2017
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Las recientes revelaciones sobre la empresa Odebrecht en la región obligan a pensar que en materia de transparencia y probidad la región se encuentra en su peor momento. Sin embargo, el hecho de que exista discusión, indignación en la población e instituciones dispuestas a avanzar en todos los países muestra la contracara: en América latina se comienza a tomar en serio el fenómeno de la corrupción.

La misma suerte parecen correr las políticas de apertura del Estado en la era digital. A modo de ejemplo, el reciente Barómetro de los Datos Abiertos, un instrumento de medición internacional producido por la Fundación para la Web, encabezada por sir Tim Berners- Lee, muestra sistemáticamente en los primeros 20 lugares a países de América latina. El instrumento mide los datos que publican los Estados en áreas clave, así como su uso por parte de actores en la sociedad civil y el gobierno. La Argentina ha escalado este año 14 posiciones en este índice, confirmando su compromiso técnico y político en este tema.

La idea detrás de los datos abiertos de gobierno es sencilla. Los datos que el Estado produce pertenecen a la ciudadanía, la cual no sólo tiene derecho a acceder a los mismos, sino también a reutilizarlos para construir herramientas y productos que sirvan a la sociedad.

Para eso deben encontrarse disponibles en formatos legales y técnicos que permitan su reutilización. ¿A qué hora pasa el próximo colectivo? ¿En qué gastó el presupuesto su municipio? ¿Cuánto cuestan los medicamentos en su obra social? ¿Con quién contrata el Estado? Todas preguntas que encuentran soluciones a través de aplicaciones creadas desde la misma sociedad y en donde muchos casos América latina ha estado a la cabeza de un movimiento global. De particular valía es el trabajo que un pujante grupo de periodistas a nivel regional han lanzado desde diversos medios, al establecer unidades de datos, para generar historias con nuevas metodologías digitales y oficiar de punta de lanza en la batalla por más transparencia.

A pesar de estos esfuerzos, el camino para el uso efectivo de los datos del gobierno es largo. El propio barómetro referido indica que siguen siendo una minoría a nivel global los datos efectivamente abiertos. En nuestra región están bien documentadas las prácticas de resistencia a liberar información y datos por parte de todos los poderes del Estado y existen ejercicios de burda simulación de políticas de transparencia.

Dicho de otra forma, la mera apertura de un portal de datos o el lanzamiento de una aplicación no configura un ejercicio genuino de apertura gubernamental. Y si bien una minoría de servidores públicos, activistas, periodistas, académicos e investigadores utilizan los datos públicos, la democratización de las habilidades requeridas para hacerlo está aún lejos de llegar.

La suerte de esta agenda no está decidida. La región puede convertirse en un genuino referente de vanguardia, aprovechando colectivos pujantes que entienden lo público y lo digital desde un nuevo lugar, o seguir por un camino lamentablemente demasiado conocido por todos.

Coordinador Ejecutivo de la Iniciativa Latinoamericana por los Datos Abiertos, ILDA

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