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Una revolución que exigirá mucha atención

Viernes 09 de junio de 2017 • 10:08
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Sampaoli
Sampaoli. Foto: Rodrigo Néspolo

Después de las palabras, la selección siguió inyectándole contenido a varios síntomas favorables que había anticipado el relato de Jorge Sampaoli . El escenario era incómodo, muchas piezas con nueva partitura ante un examinador calificado. El rodaje aceitará el funcionamiento de la Argentina y esa proyección despierta entusiasmo desde el compromiso grupal. Aún en el final de la larga temporada europea, el equipo por momentos se pareció a un rebaño de lobos hambrientos. Porque vale correr riesgos si el esfuerzo es general.

La Argentina no traicionó la búsqueda pese a desajustes en los retrocesos, intermitencias en la presión alta, cierto sufrimiento en las pelotas aéreas por su baja talla y la tendencia al estatismo en ataque. Más allá de los desarreglos, hay una revolución en marcha. Alcanzaron cinco entrenamientos y 90 minutos para percibirlo, pero habrá que darle mucha más espesura a las intenciones. Consolidar la propuesta demandará insistencia y convicción en dosis altas.

La estructura colectiva desde luego rechinó. Arrastra crujidos defensivos de otros tiempos. La flexibilidad táctica de Sampaoli descompuso al equipo en la segunda etapa, con dibujos cambiantes y una paleta de matices que fueron decolorando a la selección. Eligió jugar sin referencia de área y protegerse desde la tenencia. Pero sólo logró diluirse en la abundancia de volantes sin descargas verticales para avanzar. El resultado definitivamente fue anecdótico en un clásico que la Argentina no mereció ganar. Los seis cambios terminaron por desvirtuar la esencia, pero subrayaron un síntoma de la nueva era: llegó el recambio. La selección cerró el partido con Correa, Tagliafico, Guido Rodríguez, Mammana, Lanzini y Acuña en el campo.

Messi
Messi. Foto: Rodrigo Néspolo

El clásico fue una desafiante oportunidad para tasar jerarquías alternativas. Y ahí quedó a la vista que Maidana es de acá, que Dybala mantuvo su apagada versión Champions y que sin dudas Mercado ha sellado algún pacto con los goles trascendentes. Messi reclamará mejores laderos para cumplir la meta de potenciarlo. Cuando la Argentina perdió el control del clásico en el segundo tiempo, faltaron gestos de liderazgo. La reconstrucción dejará a la vista debilidades.

Sampaoli está edificando una selección que valora la pelota y que siempre ataca. Así se acostumbrará a sentirse más autorizada al éxito. Deberá estabilizar velocidad, espacio y sociedades. Nace un equipo con un concepto noble, que persevera detrás de un estilo. Esa idea no tendría que pervertirse. La identidad no parpadeó -sí las formas y la intensidad-, pese a que enfrente hubo un equipo, aun con algunas ausencias, con muchos kilómetros de prueba. Brasil, sin dudas, hoy es una mejor expresión colectiva.

El secreto es creer en un proyecto antes de que arroje victorias. Este triunfo no es más que una inyección anímica. Hay una diferencia entre armar equipos que queden en la historia y armar equipos solamente para ganar: la valentía del entrenador. Se necesita de jugadores atrevidos para llevar adelante una propuesta que implica riesgos, pero el primer intrépido debe ser Sampaoli para insistir con la receta del protagonismo desmedido, como prometió. Sampaoli tiene entre sus desafíos devolverle conceptos y mecánica a una selección vaciada en el olvidable ciclo de Bauza.

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