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Una apuesta trunca que aumenta el escepticismo por la economía global

Sábado 10 de junio de 2017
The New York Times
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LONDRES.- En una economía mundial ya sobrecargada de variables de incertidumbre, Gran Bretaña acaba de aportar lo suyo.

Una elección pensada para revalidar el mandato del gobierno terminó sembrando más confusión sobre quién está a cargo de un país que se prepara para encarar las duras negociaciones de su divorcio pendiente con la Unión Europea (UE).

La primera ministra Theresa May había llamado a elecciones convencida de que el Partido Conservador saldría fortalecido y que eso la dejaría en mejor posición para negociar. Pero por el contrario, el rechazo a su liderazgo que expresó el electorado la dejó a merced de un diminuto partido de derecha y socialmente conservador de Irlanda del Norte para lograr formar gobierno, potenciando la incertidumbre por el futuro de las negociaciones comerciales con la Europa continental.

Cuando Gran Bretaña se preparaba para darle el portazo a Europa, la primera ministra había advertido que el país impondría estrictas limitaciones a la inmigración, una postura que aparentemente se profundizó tras los recientes ataques terroristas. Pero limitar la inmigración amenazaba con costarle a Gran Bretaña su permanencia en el mercado común europeo, una franja del planeta que se extiende desde Irlanda hasta Grecia y que es hogar de unos 500 millones de consumidores relativamente solventes.

Las autoridades europeas enfatizan sin cesar que la permanencia de Gran Bretaña en el mercado común implica que debe someterse a las reglas de la UE, una de las cuales garantiza que cierto número de personas pueden moverse en libertad dentro de los confines del bloque.

En el ímpetu del momento tras el referéndum por el Brexit , Gran Bretaña parecía destinada a un "Brexit duro" y a extirparse a sí misma del mercado común, con la perspectiva de que los aranceles comerciales terminaran restringiendo el flujo de exportaciones hacia el continente.

Reconfiguración

No queda claro cuánto tiempo se sostendrá el gobierno de May, ya que incluso con el apoyo del Partido Unionista Democrático, de Irlanda del Norte, su mayoría es el Parlamento es muy estrecha. Pero esta nueva e inesperada configuración política podría empujar a Gran Bretaña a ceder en sus planes contra la inmigración para no perder su membresía del mercado común.

Quienes abogaban por la permanencia de Gran Bretaña en Europa, o al menos por suavizar los términos de la salida, ahora tienen "la expectativa, o por los menos la esperanza, de que prevalecerá la moderación", dice Jeremy Cook, economista en jefe de World First, una financiera londinense dedicada a transacciones en moneda extranjera. "Pareciera que la mayoría del electorado rechaza un Brexit duro."

Sin embargo, y contra toda intuición, esta elección también parece aumentar las chances de un Brexit caótico, en el que Gran Bretaña salga a los tumbos de la UE y sin un acuerdo que regule las interacciones futuras con el continente.

May puso formalmente en marcha el Brexit en el mes de marzo: la cuenta regresiva de dos años para negociar los términos empezó a correr, y Gran Bretaña y Europa tendrán que establecer las pautas financieras y sellar algún tipo de acuerdo comercial. Siempre se supo que el proceso sería complicado y que estaría sujeto a la influencia de la política interna de los otros 27 miembros de la UE durante todo ese tiempo.

Actualmente, el destino de la mitad de todas las exportaciones británicas es la UE, un flujo de bienes que podría cortarse si Gran Bretaña queda fuera del mercado común.

El futuro de Londres como centro financiero global dominante también estaría en peligro. Los bancos globales tienen instaladas sus sedes regionales en esa ciudad, y dependen de los así llamados "pasaportes", que les permiten atender clientes en toda Europa como si se tratara de un mismo país con un único sistema de regulaciones. Si Gran Bretaña abandona Europa sin un acuerdo previo, los bancos tendrían que satisfacer a sus clientes país por país, y muchas de las transacciones que ahora manejan en Londres para clientes europeos serían directamente ilegales.

La preocupación por el impacto del Brexit viene pegándole duro al valor de la libra, que se desplomó tras el referéndum de junio pasado donde se decidió el Brexit. Ante el riesgo de que se levanten barreras comerciales, tanto Gran Bretaña como su moneda han perdido gran parte de su atractivo. Ayer, cuando las bolsas europeas empezaron a operar, la moneda británica se depreció un 2 por ciento.

A su vez, una libra más débil se traduce en un alza de precios en Gran Bretaña: de alimentos, combustibles y otros insumos importados que necesitan las fábricas locales. La pregunta decisiva es si esta incertidumbre marcará un punto de inflexión que obligará a los británicos a recuperar la calma o si redundará en más caos cuando el mundo necesita liderazgos capaces.

"El resultado de las elecciones hacen crecer las chances de un Brexit suave, pero al mismo tiempo también aumenta las posibilidades de un Brexit sin acuerdo, y por lo tanto de caer al abismo", dijo Mujtaba Rahman, director ejecutivo para Europa de la consultora de riesgos Eurasia Group.

Traducción de Jaime Arrambide

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