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Aire fresco para una nueva selección

Diego Latorre

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LA NACION
Domingo 11 de junio de 2017
Sampaoli
Sampaoli.

En un primer partido de un proceso nuevo se pueden apreciar ciertas pautas, vislumbrar una idea, pero en ningún caso un entrenador logra hacer suyo un equipo en 90 minutos. El viernes se vio el borrador inicial de la era Sampaoli en la selección y cualquier consideración que se haga debe ser muy relativa, tanto en los puntos salientes como en los déficits que quedaron en evidencia ante Brasil.

Pero aun partiendo de esa premisa, por supuesto que el debut dejó varios ángulos para el análisis y la reflexión, algunos incluso anteriores a que sonaran los himnos en Melbourne.

La propia convocatoria, por ejemplo, que sirvió para demostrarle al mundo que aquel argumento sobre “los amigos de Messi” era una mentira. El nuevo técnico llamó a quien quiso, no hubo ningún tipo de restricción, no había ningún nombre prohibido. Cuando uno no sabe, o no quiere, repite las fórmulas; cuando sabe y tiene convicción demuestra su propia iniciativa. El primer paso para convencer es demostrar autonomía, no imitar. Y Sampaoli lo dio. La selección necesitaba ser agitada, incluso por una cuestión de esperanza. Bienvenidos sean entonces Icardi y todos los que hagan méritos y el técnico crea convenientes para plasmar sus ideas.

Argentina-equipo parte con una desventaja notoria: no hay una base de juego, un funcionamiento previo al que agarrarse. No hay en este caso ninguna herencia recibida. Sampaoli plantea un estilo totalmente nuevo, casi como un despertar, que tal vez sólo en algún trazo coincida con lo que proponía Martino. Con Bauza, en cambio, se había vuelto a un fútbol más convencional que modificó el escenario para estos futbolistas y por el que se pagó un costo muy alto.

Pero aun a pesar de los inconvenientes, contra Brasil se vio alguna cosa interesante. Hubo pautas claras en la gestación de las jugadas, aunque muy pocas veces hayan alcanzado un final adecuado, y pudo apreciarse una idea: laterales que ensanchan bien la cancha, pases filtrados, receptores a diferentes alturas... También en las tareas de recuperación, en las que se notó un equipo que se comprime lo más rápido posible, y si no se puede, se repliega con organización y orden, y a defensores centrales que intentaron anticipar en campo rival, aunque no siempre con éxito.

Un posible socio para Leo

Sampaoli y el nuevo ciclo del seleccionado
Sampaoli y el nuevo ciclo del seleccionado. Foto: Rodrigo Néspolo

La intención de juntar a Lionel Messi con Paulo Dybala es muy saludable. En esta ocasión, Brasil le acortó los tiempos y las distancias a Argentina, pero que Messi tenga el apoyo del funcionamiento para poder participar del juego más adelante, con un campo más despejado, tal como ocurrió al final del primer tiempo, logra que cuente con más alternativas de pase.

Y ya que menciono al 10, no me pareció una mala noticia que no haya jugado bien. Es positivo que el equipo sobreviva a un mal día del genio, que lo pase por encima, que lo agite, que lo ayude para que se inspire. Messi ha demostrado que la inspiración puede ser continua la mayor parte del año y de los partidos, pero a veces no sucede, y en esos casos uno debe apoyarse en el equipo. Depender de una genialidad es absurdo, aunque Messi nos haya mal acostumbrado.

Desde ya, también existieron carencias, más notables porque el examen fue ante un rival muy exigente. Pudieron apreciarse algunos déficits técnicos en el arquero Romero y en los centrales; cierto desbalanceo por afuera en la transición ataque-defensa (producto de que en línea de 3 el campo queda muy ancho si los laterales no corrigen a tiempo); y no quedó claro el rol de Lucas Biglia y Ever Banega, muchas veces superpuestos e impidiendo la fluidez del juego. Por otro lado, apenas pudo ponerse en práctica lo que sería el escenario ideal para los desmarques en diagonal de Gonzalo Higuaín, porque Messi y Dybala casi nunca recibieron con ventaja por detrás de los volantes brasileños.

Pero rescato y me identifico con el deseo de protagonismo, el gusto por la pelota, por el toque, por el juego, tan vinculado con nuestra esencia de fútbol. Falta mucho para que la selección sea el equipo de Sampaoli. Veremos cambios, sobre todo si finalmente Argentina se clasifica para el Mundial de Rusia, e incluso a pesar de esta carrera loca contra el tiempo a la que se ve obligado por los errores del pasado reciente. Pero el primer paso abrió una ventana a la ilusión, a la entrada de un imprescindible aire fresco.

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