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La vida pasa y los franceses siguen esperando el milagro en la Chatrier

Domingo 11 de junio de 2017 • 14:26

PARIS.- Mirando la historia de Roland Garros desde 2005 hasta aquí, podría decirse que "la vida es eso que pasa mientras los franceses siguen alentado rivales de Rafael Nadal en las finales sin suerte alguna". Después terminan reconociéndolo y hasta perdonándole que todavía no pueda desarrollar un discurso en idioma francés en la entrega de premios. El español ha hecho varios intentos, pero el temor a quedar expuesto lo termina limitando y prefiere volcarse al inglés.

¿Qué es ver un partido de Nadal en la Philippe Chatrier? Gritos de aliento de españoles que año tras año vienen a verlo, sean residente en París y alrededores o bien llegando desde España. Y toda la adrenalina y expectativas que generan los rivales de turno (ni hablar cuando ese oponente fue Roger Federer) que se van apagando a medida que transcurre el encuentro. En rigor, es el propio Nadal el que mete al público en el freezer a partir de un tenis arrollador, efectivo. Les adormece las ilusiones. ¿Sabe cuántos errores no forzados cometió en 125 minutos de partido? ¡Doce! Y en el tercer set, en los 35 minutos que duró, apenas uno. La frustración puede ser de Dominic Thiem, de Stan Wawrinka o del rival que se pare enfrente, porque son los que más lo padecen, pero termina siendo del público local también. Que no se resigna y sigue alentando. Como lo hizo en el 6-2 y 5-3, con Nadal al saque. Era el momento que el suizo necesitaba el milagro para poder pelear. Un quiebre. Fue a cambiar de raqueta: la reventó contra el piso cuando tiró un passing a la platea que era para 30-30. Fue 40-15. Cuatro puntos le duró a "Stanimal" esa raqueta.

Algunas expresiones de amor incondicional que llegan desde lo alto para Nadal. Una hasta sorpresiva: "Dádme un hijo", le pide un español. Es el furor de sus compatriotas, que no ocultan la debilidad por Rafa y la admiración que provoca a medida que pasan los años. No sólo vuelve de las lesiones, sino que lo hace renovado y con ambiciones propias de quien está empezando una carrera. Al final, hasta los franceses terminan emocionándose con ese video que recicla las imágenes de sus festejos, de sus ahora siete caídas de espaldas mirando al cielo, acompañada por esas tres versiones arrodillado.

Seguramente el año próximo habrá un nuevo intento. Mutuo. La vida sigue pasando y Nadal continúa ganando. Roland Garros lo respeta a su manera.

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