Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Nadal nos grita que la vida también es esto

LA NACION
SEGUIR
Sebastián Fest
Domingo 11 de junio de 2017 • 14:32
0

PARIS.- Eran las 17:05 de una tarde pastosa en París, pura e incómoda humedad. Stan Wawrinka subió a la red porque, bueno, en desventaja de dos sets a cero algo había que hacer. Aunque la verdad es que fue casi a pasear. Merecido, entonces, el passing de drive cruzado que lo fulminó mientras del otro lado de la red llegaba un rugido bestial.

"¡Esto es mío!", parecía gritarle un pese a todo serenísimo Rafael Nadal. Mío. Mío. Mío. Y así, hasta seis veces más, diez en total.

¿Decacampeón? Palabra fea que por suerte se usa muy poco en el deporte, donde escasas veces alguien es diez veces ganador de lo mismo. Es el caso de Nadal, al que ya antes de ganar hoy había comenzado a rondarle la pregunta de cuál es el límite. ¿Una docena de títulos de Roland Garros? ¿Quince? ¿Hasta dónde piensa llegar?

El español tiene una cualidad que es virtud y problema a la vez: hace de la desmesura algo demasiado normal.

Hay que ver, si no, lo que le sucedió este año: tenía el Abierto de Australia en sus manos, 3-1 de ventaja en el quinto set, y el trofeo se fue a manos de Roger Federer. Después de eso, el suizo lo dominó con inusitada autoridad en Indian Wells y Miami. ¿Cuánto impactarían esos tropiezos en el ánimo de Nadal de cara a la temporada de polvo en Europa?

Cero. Nada. El español jugó este año en el mejor nivel de su carrera sobre arcilla, similar al de hace una década, aunque con el físico más estilizado e "inteligente" que se le haya visto. Hulk de Mallorca es sólo un recuerdo, y eso también es bueno para un jugador que hizo de las lesiones una costumbre.

Golpeado en las últimas temporadas, nervioso y con dudas, Nadal se reinventó para ganar. Lo hizo a los 31 años, con media vida en el circuito sobre los hombros. Si hasta se dio el lujo de desplazar a Toni, su tío-entrenador, del centro de las decisiones -Carlos Moyá es ahora el hombre clave- y así y todo solucionar cualquier atisbo de celos con un pase mágico: tío y sobrino compartieron hoy la histórica foto del décimo Abierto de Francia.

Una locura de logro. Por eso en un par de días el diario deportivo L'Equipe llenará los kioskos franceses con una edición especial de 40 páginas dedicada exclusivamente a Nadal y Roland Garros.

Y por eso hay que tomar perspectiva. En la Argentina celebramos y recordamos en estos días el cuadragésimo aniversario del único Roland Garros ganado por Guillermo Vilas, el de 1977. Un gran logro, un hito del deporte argentino. Imagínenlo ahora multiplicado por diez.

Es lo que intentaron hacer hoy Moyá y Alex Corretja, derrotado por el primero en la final de Roland Garros de hace 19 años. "Tú lo has ganado, sabes lo que se siente", le dijo Corretja, entrevistador de Eurosport, a Moyá. "¡Y ahora Rafa lo ha ganado diez veces!".

"Sí, es increíble", respondió Moya. "Pensábamos que no lo íbamos a ver en nuestras vidas". Pensaban mal. Se vio hoy, 11 de junio de 2017 a las cinco y veinte de la tarde de París con un Nadal gritando su gozo mientras la espalda se le embadurnaba de polvo naranja. La vida, nos decía, no siempre tiene límites. La vida, reía, también puede ser esto.

En esta nota:
Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas