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El argentino que recibió un riñón de su madre y lo rechaza tras su muerte

Juan Pablo Galardi, entrenador de rugby, se dializa tres veces por semana; en una entrevista con LA NACION, contó los obstáculos que sorteó y habló sobre la esperanza de que aparezca un nuevo donante

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LA NACION
Viernes 23 de junio de 2017 • 11:24
Juan Pablo entrena a chicos de 14 años en el rugby mientras espera su trasplante de riñón
Juan Pablo entrena a chicos de 14 años en el rugby mientras espera su trasplante de riñón. Foto: LA NACION
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Su mamá era alemana. "Expresaba el cariño justo y necesario", dice Juan Pablo Galardi sobre Mukele, como le decían a Carmen Drews. Sin embargo, ese detalle de la expresión medida de amor no define la historia entre este hombre de 37 años y su madre. Tampoco la decisión de ella de donarle un riñón cuando él vivía sus 25. Quizá sí, el extraño giro que dio todo cuando Mukele murió y el órgano que le dio una segunda vida a su hijo dejó de funcionar.

Juan Pablo, ahora en diálisis para suplir la falta de ese riñón hace ya seis años, da algunos indicios de lo que para él es su historia cuando habla de su creencia en las conexiones entre las personas, en abrazar lo que da salud al alma para salir de la autocompasión y en los superhéroes que no son los personajes de un cómic.

Juan Pablo y su mamá, luego de que ella le donará uno de sus riñones
Juan Pablo y su mamá, luego de que ella le donará uno de sus riñones. Foto: Gentileza Juan Pablo Galardi

"Teníamos una conexión especial con mi vieja. Todavía siento que está conmigo, sobre mi hombro derecho. En cada decisión que tomo está ella que me asegura que todo está bien", cuenta a LA NACION Juan Pablo en una mañana fría de domingo mientras se dirige al Club Atlético de San Isidro (CASI). Junto a su novia Romina, va a un partido de rugby en el que ese club se medirá con la división de menores de 15 años del Buenos Aires Cricket & Rugby Club (Biei), equipo que él entrena hace más de un año.

Antes de arengar con un "¡Todo depende de nosotros!" al grupo de chicos que se sacan el sueño entre saltos y fuerza de brazos, describe que sus problemas de salud comenzaron a los 18 meses. Por 1982 contrajo el Síndrome Urémico Hemolítico (SUH), enfermedad causada mayormente por la bacteria Escherichia coli que puede estar presente en los alimentos y en el agua.

La Argentina es el país con récord de casos de SUH, por lo que aquí es una enfermedad endémica. Afecta principalmente a niños menores de 5 años y es la principal causa de insuficiencia renal aguda y la segunda de enfermedad renal crónica. El SUH es responsable del 20% de los trasplantes renales en niños y adolescentes.

A raíz de eso, a los seis años, Juan Pablo tuvo una complicación llamada Glomerulonefritis por la que los riñones, responsables de filtrar los desechos y líquidos de la sangre, comenzaron a funcionar mal. Por eso tuvo que seguir desde pequeño una dieta estricta y tomar medicamentos para controlar la presión que suele subir por la enfermedad renal. No obstante, en realidad, eso era sólo una forma de retrasar lo inevitable, ser uno de los miles que esperan un trasplante de riñón.

La segunda vida de Juan Pablo

Juan Pablo entrena a chicos de 14 años en el rugby mientras espera su trasplante de riñón
Juan Pablo entrena a chicos de 14 años en el rugby mientras espera su trasplante de riñón. Foto: LA NACION

Juan Pablo mira el partido a un costado del campo junto con los otros entrenadores. El frío afloja con un rayo de sol que se asoma entre las nubes y disipa la molesta niebla matutina. Uno de los chicos del Biei corre hacia la línea oponente, esquiva a varios y anota un try. Luego de un pequeño festejo se acerca a Juan Pablo, dice que le falta el aire. El entrenador lo tranquiliza: "Ahora llamamos al médico, pero respirá tranquilo, no es nada, te mandaste un pique de aquellos". Una madre que está al costado del campo se preocupa, le acerca agua para el corredor, él la mira a los ojos y le agradece.

"Desde que empecé a jugar al rugby de chico hasta que dejé, mi vieja vino a todos los partidos. Yo jugaba con mi hermano y nos llevaba a nosotros y a otros compañeros en auto, jugáramos en La Plata, Chascomús, Carmen de Areco, con lluvia o nieve, ella estaba firme con nosotros. Así también sufría, pero era tan fuerte que parecía que sabía cuando nos hacíamos los lesionados y cuando no. Siempre tuvimos una conexión especial", recuerda.

Esa conexión se trasladaba al resto de quienes eran los compañeros de Juan Pablo. "Mi casa era el lugar de encuentro. Mi vieja era la primera que decía: «¿Cuándo vienen los chicos?» antes de que organizáramos algo porque le encantaba que vinieran todos. Y aunque no entendía nada de rugby, se sentaba con nosotros y era una más".

A los 25 años esa relación especial de madre e hijo se selló cuando Mukele le dio su riñón: "Ya estaba mal. El 28 de diciembre de 2006 fue el trasplante. Desde entonces, con mi vieja festejábamos más esa fecha que mi cumpleaños, que es el 1° de abril. Le decía que pocas madres pueden decir que le dieron a su hijo la vida dos veces".

Pero cinco años después Mukele murió de repente, tras una hemorragia general porque se le perforó una úlcera que había empezado a tratarse hacía poco. Fue entonces cuando el riñón que le había donado su madre comenzó a funcionar mal.

"Las posibilidades de rechazo son muy bajas y yo lo atribuyó a que mi mamá se me murió de repente. Me pegó en el balero y ahí aflojé. No tengo una explicación racional para eso, quizá no tomé debidamente las pastillas que te recetan para que tu sistema inmunológico no ataque al órgano nuevo, pero no sé, no creo. Ella era mi soporte", argumenta.

Según estudios de diferentes instituciones médicas, la sobrevida tras un trasplante renal promedia los 10 a 12 años.

La espera y los otros

Juan Pablo entrena a chicos de 14 años en el rugby mientras espera su trasplante de riñón
Juan Pablo entrena a chicos de 14 años en el rugby mientras espera su trasplante de riñón. Foto: LA NACION

Juan Pablo grita al ver cómo varios chicos del equipo del CASI se abalanzan sobre uno de sus pibes que sostiene con fuerza la pelota. Enseguida, sus compañeros van al rescate. Lo cubren y se juntan en lo que se llama un ruck, una formación móvil para mantener la posesión de la pelota.

Cuando Juan Pablo tuvo que hacer el duelo de Mukele también tuvo que comenzar un tratamiento de diálisis. A eso se le sumaron mayores controles de su salud, intervenciones, e internaciones. Un día, vencido por todo lo que le pasaba, mientras esperaba su turno en el Centro de Diálisis de Fresenius, le comentó su situación a otro paciente. Su discurso terminó con un triste "¿Por qué a mí?". El hombre, sin muchas vueltas, le respondió: "¿Y por qué no te va a pasar a vos? ¿Quién mierda sos?".

"Fue directo al hueso, pero me hizo reaccionar. Porque el auto compadecerte no te sirve para nada, te estanca, te frena, te da miedo. Salir de ese lugar te abre la cabeza. El por qué no a mí no me hace sentir invencible, pero me hace sentir mucho mejor. Cuando salí del por qué a mí hice el clic", dice.

Ese quiebre le sirvió para volver al rugby, que había dejado luego de jugar 10 años, de los cuales cinco de ellos fue capitán de su división. "Yo dejé a los 19 porque se me complicaba con el trabajo. Después ya me daba vergüenza volver. Sentía que el club puso muchas fichas en mí y yo le di la espalda. Pero cuando hice el clic me decidí a volver. En un asado con mis ex compañeros me ofrecieron ser uno de los entrenadores de una de las divisiones como si nunca me hubiese ido", cuenta.

Así explica que en el rugby encontró una manera de "hacer a un lado los fantasmas" y descargar la negatividad que a veces lo aqueja. El deporte y su novia Romina, con quien está en pareja hace tres años, lo ayudan a seguir adelante. Ella, a un costado del campo de juego comenta que no entiende mucho de rugby, que como es muy tranquila cuando Juampi decae ella lo levanta, que disfruta viajar con él, que lo primero que hacen es ubicar un centro de diálisis y después el hotel. Son colegas en el rubro de turismo, así se conocieron. Se ríe cuando recuerda que el primer beso fue un día en el que él estaba internado y ella lo fue a visitar como una compañera más. "Me aproveché que tenía las defensas bajas", dice.

Los verdaderos superhéroes

Juan Pablo entrena a chicos de 14 años en el rugby mientras espera su trasplante de riñón
Juan Pablo entrena a chicos de 14 años en el rugby mientras espera su trasplante de riñón. Foto: LA NACION

El juego de los Biei está promediando y aún defienden un resultado favorable. Juan dice que van bien, que son buenos chicos. Esa pasión por el rugby la intercala con su trabajo en un hotel de Puerto Madero, y, por supuesto, con el tratamiento de diálisis que realiza tres veces por semana. Las maquinas a las que se conecta por cuatro horas y media, y en las que su sangre circula, limpian su cuerpo de toxinas y líquido excedente.

En la Argentina hay más de 25.000 pacientes en diálisis. Según Eduardo Gottlieb, coordinador Médico Regional de Fresenius Medical Care, la calidad de vida de los pacientes dializados ha mejorado en los últimos 10 años. "No se puede afirmar con certeza cuántos años puede vivir un paciente en diálisis -explica-, pero sí existe evidencia suficiente para aseverar que el paciente que tiene un control nefrológico previo tiene mejor sobrevida que aquél que no lo tiene. Hay muchos pacientes que dializan hace 25 años o más".

No obstante, Juan Pablo sueña con que pronto lo llamen de la Fundación Favaloro, en donde está en lista de espera para un trasplante de riñón. En todo el país hay unas 6200 personas en su misma situación de acuerdo al Incucai. En 2016 hubo 746 trasplantes renales, en los últimos 5 años los números oscilan entre 700 y 800, observándose una ligera tendencia a la disminución según el Incucai.

Este año ya lo llamaron tres veces, así que tiene esperanzas de que su sueño se dé pronto. "Cuando hay una donación llaman a quienes son más compatibles con ese órgano, te hacen análisis y eligen al mejor candidato", explica. Es cuando define lo que para él es la donación de órganos: "Para mí los superhéroes no son los de los comics, son las personas que trascienden al darle sus órganos al otro".

Uno de los chicos marca un penal, Juan Pablo grita un "¡Vamos que podemos!". Romina lo mira y sonríe. Una heroína, sobre el hombro derecho del entrenador, también festeja.

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