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Rusiagate: un funcionario de Trump negó haber participado en un pacto con el Kremlin

El fiscal General, Jeff Sessions, dijo que nunca se reunión o participó en ninguna conversación sobre cualquier tipo de interferencia con cualquier campaña o elección en Estados Unidos

Martes 13 de junio de 2017 • 19:15
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LA NACION
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Jeff Sessions
Jeff Sessions. Foto: Reuters / Aaron P. Bernstein

WASHINGTON.- En otra tensa audiencia en el Congreso, el fiscal General de Estados Unidos, Jeff Sessions, uno de los funcionarios involucrados en el Rusiagate, negó cualquier participación en un supuesto pacto entre la campaña de Donald Trump y el Kremlin para intentar torcer la última elección presidencial.

Sessions, un republicano de larga trayectoria en el Senado y uno de los primeros que respaldó a Trump, llegó a la audiencia debilitado, envuelto en sospechas tras haber ocultado algunos de sus encuentros con el embajador de Vladimir Putin en Washington, Sergey Kislyak, durante la última campaña.

"Permítanme decir esto claramente. Yo nunca me he reunido o he tenido ninguna conversación con algún ruso o algún funcionarios extranjero con respecto a cualquier tipo de interferencia con cualquier campaña o elección en Estados Unidos", dijo Sessions, en su declaración inicial ante el Comité de Inteligencia del Senado, que lleva adelante una de las investigaciones del escándalo político que mantiene en vilo a Washington.

Visiblemente molesto, Sessions continuó: "La sugerencia de que he participado en cualquier colusión, que estaba al tanto de una colusión con el gobierno ruso para dañar a este país, al cual he servido con honor por 35 años, o para socavar la integridad de nuestro proceso democrático es una terrible y detestable mentira", fustigó.

A principios de año, Sessions había reconocido que había mentido ante el Congreso sobre sus contactos con el embajador de Rusia en Estados Unidos, por lo que decidió abrirse de la investigación por el Rusiagate. Esa movida abrió la puerta para el nombramiento del fiscal especial, Robert Mueller.

Trump se molestó por la decisión, y Sessions llegó a ofrecerle su renuncia. El presidente nunca la aceptó, pero en los últimos días ni Trump ni nadie de la Casa Blanca se ha atrevido a darle un respaldo franco al Fiscal General.

El clima era espeso, y no sólo por el calor abrasador que invadió a Washington. La noche anterior, un amigo de Trump, Chris Ruddy, sugirió en una entrevista que el presidente podía llegar a echar a Mueller. Sean Spicer, secretario de Prensa de la Casa Blanca, sacó un comunicado para aclarar que Trump nunca discutió el tema con Ruddy, pero no desmintió la historia.

Ayer por la mañana, Ruddy volvió a la televisión e insistió con lo que había dicho. De paso, despedazó a Spicer: "No lo negó. No emitió un comunicado negando mi historia. Es lo más tonto que he oído. Es de principiante. Fue un comunicado ridículo".

La reacción fue inmediata: republicanos y demócratas salieron a blindar a Mueller. Hasta el presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, defensor acérrimo de Trump, dijo que había que dejar "hacer su trabajo" a Mueller.

"Tengo mucha confianza en Bob Mueller. Creo que fue una buena elección", dijo el líder replubicano del Senado, Mitch McConnell.

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