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La belleza de un clasicismo áspero

Miércoles 14 de junio de 2017
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LA NACION
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Pinnock y Pahud, una colaboración ejemplar
Pinnock y Pahud, una colaboración ejemplar. Foto: Gentileza Liliana Morsia

Kammerakademie Potsdam y Emmanuel Pahud / Dirección musical: Trevor Pinnock / Solista: Emmanuel Pahud (flauta) / Programa: Sinfonía N° 47 en sol mayor, Hob 1:47 "EL palíndromo"; Concierto para flauta y orquesta N° 2 en re mayor K 314 y Sinfonía n°29 en la mayor K 201, de Wolfgang Amadeus Mozart; Concierto para flauta y orquesta n°7 en mi menor, de François Devienne / Mozarteum Argentino / En el Teatro Colón / Nuestra opinión: excelente

Trevor Pinnock es un héroe de la corriente historicista, pero es un héroe muy particular: el más sensible de todos, acaso el más expresivo. Su colaboración con el flautista Emmanuel Pahud en la temporada del Mozarteum Argentino fue un verdadero ejemplo del virtuosismo más alto que pueda imaginarse junto con el mayor refinamiento.

Pero empecemos por el principio. La calificación de "El palíndromo" que acompaña la Sinfonía N° 47 de Haydn se justifica por el Minué y el Trío. Sus segundas partes son las partes primeras tocadas hacia atrás, nota por nota. Esta retrogradación es sin embargo, como hizo notar Charles Rosen, la sorpresa menos sutil de la obra. Lo que podría haber sido un ejercicio académico se convierte en efecto intelectual y expresivo. La versión de la Kammerakademie Potsdam realizó maravillosamente ese acto de ilusionismo, en cuya orquestación Haydn trabajó con tanta minuciosidad. En instrumentos originales, los vientos entregaron una aspereza extrañada, necesaria.

Mozart había tenido siempre debilidad por la Sinfonía N° 47, y copió incluso el principio. La continuidad entre esa pieza y el Concierto para flauta N° 2 K. 314 no resulta, sin embargo, en absoluto evidente, salvo por el tratamiento del maestro Pinnock, que pone al desnudo los hilos estilísticos.

Sabemos que Pinnock es un campeón del barroco. Lo interesante es saber en qué sentido Pinnock proyecta la sabiduría barroca en el repertorio clásico de Haydn y Mozart. Sus versiones, y esto vale tanto para las sinfonías como para las piezas concertantes, están muy lejos de cualquier teatralidad. Los tempi son firmes y barroquizantes. Es un lugar común que el clasicismo simplificó la perspectiva polifónica del barroco. Pinnock nos reveló aquí una auténtica latencia contrapuntística en Haydn y Mozart.

Por su lado, Pahud es un instrumentista fuera de serie. No debe haber en el mundo otro flautista como él y serán pocos los músicos a su altura. En Mozart estuvo aéreo, pura elegancia. En el Séptimo de Devienne hizo que una pieza menor sonara como obra maestra.

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