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Usos y funciones del fútbol

Ezequiel Fernández Moores

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PARA LA NACION
Miércoles 14 de junio de 2017
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“Presidente, paremos las armas ya”, clama Rafael Dudamel a Nicolás Maduro. El técnico acaba de lograr el triunfo más importante en la historia del fútbol venezolano: finalista del Mundial Sub 20 de Corea del Sur. Menciona primero a Samuel Sosa, el pibe de 17 años autor del gol histórico en la semifinal del jueves contra Uruguay. Y lo compara con Neomar Lander, el pibe también de 17 años que unas horas antes murió en las calles de Caracas, en medio de la violencia política que sacude a Venezuela. La selección, derrotada 1-0 por Inglaterra en la final, llegó ayer a una Caracas que la esperó con himno, caravana y fiesta en el Estadio Olímpico de la Ciudad Universitaria (nunca en el Palacio Miraflores), pero que igualmente no deja de protestar. Imposible que la Vinotinto Sub 20 quedara al margen del conflicto. Que su hazaña no fuera objeto de manipulación. Que de uno y otro lado la pusieran como ejemplo de “unión” y de lo que “debería ser” el país. Como si una pelota tuviera la obligación de disimular las disputas salvajes por el poder. Como si todo fuese tan simple.

El Dudamel más famoso de Venezuela, Gustavo Dudamel, acaso el director de orquesta sinfónica más aclamado del mundo, ya había sufrido esa tensión. Cómo evitarla en un país que, como me sucedió en una visita de 2009, ya cuestionaba hasta al Papá Noel de shopping porque también él, era obvio, vestía de rojo. “De rojo chavista”. A Dudamel, formado en el Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela que revitalizó Hugo Chávez, lo cuestionaron siempre en Caracas por su afinidad con el fallecido ex presidente. El músico ovacionado en el mundo, dirigiendo Stravinsky o mambos de Pérez Prado, gestual, carismático y vital, decía en deliberado mal inglés que él venía del sur, del “patio trasero”. El mes pasado escribió una carta pública al presidente Maduro pidiéndole “ya basta de desatender el justo clamor de un pueblo sofocado por una intolerable crisis”. El Dudamel músico estalló tras la muerte de Armando Cañizales Carrillo, violinista de 17 años, miembro del Sistema Nacional de Orquestas. Lo mataron en plena protesta de un balazo en el cuello.

Neomar, el pibe por el que reclamó ahora el Dudamel futbolista, murió en cambio, según parece, cuando manipulaba un mortero de fabricación casera que, supuestamente, le explotó en el pecho. El gobierno, sí responsable de otras decenas de muertes, insiste en aclararlo y da sus pruebas. No es fácil la información. Por un lado, un gobierno desgastado y ya con bajísima aprobación popular. Por otro, una oposición que no repara en medios para derribarlo. Y, también, una información globalizada que podrá ahorrarle calificativos a Michel Temer, jamás a Maduro. Según dónde me informe, creería por ejemplo que fue la empresa privada Polar y no la Federación, la petrolera estatal PDVSA y el gobierno de Venezuela los que dieron apoyo económico clave para la hazaña de la Sub 20. Y podría creer también que, enojados por su postura política, las autoridades decidieron ahora el despido del DT Dudamel, a quien, en realidad, le prolongaron el contrato, como DT de mayores y juveniles, hasta el Mundial de Qatar 2022. La “regla del juvenil” que obligó en 2007 a alinear a un jugador de 18 años por equipo, me dicen desde Caracas, ayudó al surgimiento de los Wuilker Faríñez, Yangel Herrera, Yeferson Soteldo y Ronaldo Pena, figuras en Corea del Sur.

La Vinotinto Sub 20 no mereció perder la final del domingo en Corea. Inglaterra le ganó con lo justo. Celebró por primera vez un título que el fútbol argentino, en tiempos de preparación más seria, logró seis veces. Fue la segunda Copa Mundial para los inventores del fútbol, primera desde el Mundial de mayores de 1966 jugado en casa. El mejor jugador en Corea –una lista que incluye a Diego Maradona y Leo Messi– fue su atacante Dominic Solanke, hijo de nigerianos. También es hijo de nigerianos Ademola Lookman, el otro goleador inglés en la semifinal contra Italia. Y Sheyi Ojo, cuyo ingreso en el segundo tiempo fue clave para revertir el 0-1. El plantel campeón que forma desde hace años la Federación inglesa (Europeos Sub 17 de 2010 y 2014 incluídos), incluye a seis jugadores de ascendencia nigeriana.

Históricamente la selección más poderosa de su región, Nigeria ni siquiera se clasificó para la última Copa Africana. Inglaterra le ganó de mano y se quedó con Solanke, uno de los pocos hijos de inmigrantes recibidos con los brazos abiertos en tiempos de Brexit. Liverpool acaba de quitárselo a Chelsea por unos 4 millones de dólares. Le será igualmente difícil afirmarse en una Premier League dominada por patrones extranjeros que privilegian estrellas globales, más rentables para el mercado asiático. Si bien histórica, la campaña del Sub 20 inglés fue por TV de cable hasta que llegó la final contra Venezuela. La BBC, eso sí, cortó y mudó a otro canal la fiesta de premiación. Eran juveniles. Y debía trasmitir una nueva etapa del Mundial de Triatlón. El fútbol es juego, negocio y pasión. Puede ser usado para distraer. Y también alivia.

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