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Con audacia pero sin éxito, Podemos intentó derribar a Rajoy

Iglesias, el líder del partido, presentó una moción de censura contra el presidente, pero no logró apoyo de otras fuerzas

Miércoles 14 de junio de 2017
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El presidente español Mariano Rajoy
El presidente español Mariano Rajoy. Foto: Archivo

MADRID.- El líder de Podemos, Pablo Iglesias, ejecutó ayer su más arriesgada aventura política en tres años de fulgurante carrera cuando defendió en el Congreso español una moción de censura para derrumbar el gobierno de Mariano Rajoy y sucederlo como presidente.

Sin más apoyos que los propios, la jugada de la izquierda radical nacía condenada al fracaso, pero le garantizó a Iglesias una enorme repercusión pública para cimentar su plan de erigirse en la figura principal de la oposición española. Sostuvo un debate ácido con Rajoy durante siete horas, en las que intentó sin éxito convencer a los socialistas -segunda fuerza de la cámara- de que lo acompañaran a formar una nueva mayoría.

"Tenemos que sacar al Partido Popular (PP) de las instituciones. Rajoy pasará a la historia como el presidente de la corrupción", lanzó Iglesias en una de sus interminables intervenciones desde el estrado. Rajoy podría haber optado por el silencio, pero aceptó el cuerpo a cuerpo: "Un gobierno suyo, señor Iglesias, sería letal para los intereses de los españoles. Su devoción por la política como espectáculo le incapacita como gobernante".

De algún modo el debate les sirvió a los dos. A Iglesias lo devolvió a los primeros planos en un momento en que su partido luce estancado y teme perder espacio ante los socialistas, renovados desde la elección de un líder con discurso combativo, Pedro Sánchez. Rajoy, que gobierna en minoría desde noviembre, aprovechó el duelo para demostrar que no existe una alternativa viable a él.

Pese a lo previsible del resultado -se conocerá hoy al final del debate-, la sesión del Congreso tuvo un indudable carácter histórico. Es apenas la tercera vez en 40 años de democracia que se plantea una moción de censura. Nunca antes lo había hecho una tercera fuerza, con menos de la mitad de votos necesarios para ganar la votación y disparar el relevo en la presidencia.

Las dos veces anteriores el jefe del gobierno sobrevivió, aunque con consecuencias diferentes. En 1980, el socialista Felipe González se presentó para tumbar al centrista Adolfo Suárez. Pese a perder la votación, le sirvió para agigantar su perfil presidenciable. Dos años después ganaría las elecciones generales. En 1987, el líder de Alianza Popular (antecesora del PP), Antonio Hernández Mancha, vio cómo se hundía su carrera después del fallido intento de tumbar a González.

Iglesias se inspiró en el modelo del ex presidente socialista. El problema es su palpable falta de apoyos. Contará con no más de 90 votos de 350: los de su partido, los de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) y los de Bildu, la izquierda radical vasca. Necesita 176 para ser investido presidente.

El PSOE, por orden de Sánchez, se abstendrá. Lo mismo harán el otro bloque catalán -PdCat- y los vascos del PNV. Los liberales de Ciudadanos -cuarta fuerza- y otras fuerzas menores votarán no, lo que le garantiza a Rajoy un número holgado para sortear el desafío.

Iglesias insistió en tenderle la mano al socialismo para formar un gobierno "como el de Portugal", donde manda una alianza de tres partidos de izquierda que impidió la continuidad de los conservadores. Ofreció negociar un programa para presentar otra moción de censura en septiembre con Sánchez como candidato a la presidencia.

El punto débil de su oferta radica en que él tuvo la oportunidad de desalojar a Rajoy de la Moncloa y apoyar un gobierno encabezado por Sánchez hace un año, cuando el PP no conseguía aliados suficientes para sostenerse en el poder. Esbozó cierta autocrítica por esa actitud: "Asumo los errores que pude cometer. Pido que asuman los suyos y trabajen con nosotros".

El discurso inicial del fundador de Podemos duró casi tres horas, en las que impugnó minuciosamente la gestión de los conservadores y presentó un plan de 11 medidas contra la corrupción.

Rajoy sorprendió al entrar en el juego. Subió cinco veces al estrado. Fue especialmente burlón con Irene Montero, vocera del bloque de Podemos y actual pareja de Iglesias. Ella había sido la encargada de abrir el debate, con un durísimo discurso de dos horas y cuarto. "Quiero agradecerle sus cariñosas palabras. La moderación y la templanza con las que se ha conducido pasarán a los anales del Parlamentarismo", le contestó Rajoy.

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