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Infancias

Víctor Hugo Ghitta

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LA NACION
Miércoles 14 de junio de 2017
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Sucedió el 10 de junio de 2009: la Justicia condenó al padre Grassi por abuso sexual y corrupción agravada de menores. El padre Grassi (¿debemos seguir llamándolo así?) era entonces director espiritual de la Fundación Felices los Niños, que daba asistencia social a chicos en situación de calle. Ocho años después, con exactitud casi matemática, el gobierno provincial decidió intervenir la institución por irregularidades administrativas. El destino de los 52 internados es aún incierto. Cincuenta y dos vidas que debieron ser protegidas, necesitadas de resguardo emocional y de orden, en busca de un amparo que les devolviera el sentido pleno a sus vidas y la dignidad personal. Pero no ha sucedido así.

Primero los bajos sentimientos de un cura que nunca fue reducido al estado laical (¿cómo se miden los silencios de la iglesia?, ¿cuál es el rostro de la complicidad?), y después la impericia, si no los manejos oscuros, de quienes administraban los dineros públicos dejaron esas cincuenta y dos vidas a la intemperie. Pasaron nueve años -nueve años en las vidas breves de chicos y adolescentes, una eternidad- y ese tiempo extraviado jamás será recobrado.

Son las infancias perdidas, un dolor que debería ser de todos.

No tienen perdón de Dios.

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