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El fiscal general se despegó del Rusiagate y evitó hablar sobre Trump

Sessions es el funcionario que negó haber colaborado para que el Kremlin interfiriera en la campaña; rechazo a las versiones de que el presidente quiere sacar al fiscal que está investigando el caso

Miércoles 14 de junio de 2017
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LA NACION
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El fiscal general Sessions, ayer, durante la audiencia en el Senado
El fiscal general Sessions, ayer, durante la audiencia en el Senado. Foto: Reuters / Aaron Bernstein

WASHINGTON.- En otra tensa audiencia en el Congreso, el fiscal general de Estados Unidos, Jeff Sessions, uno de los funcionarios involucrados en el Rusiagate, negó cualquier participación en un supuesto pacto entre la campaña de Donald Trump y el Kremlin para intentar torcer las últimas elecciones presidenciales.

Debilitado en la Casa Blanca y envuelto en sospechas tras mentir sobre sus encuentros con el embajador de Vladimir Putin en Washington, Sergey Kislyak, durante la última campaña presidencial, Sessions intentó despegarse del escándalo y, a la vez, evitó responder preguntas clave sobre sus conversaciones con Trump.

Esa reticencia de Sessions, que testificó bajo juramento ante el Comité de Inteligencia del Senado, que lleva adelante una de las investigaciones sobre el Rusiagate, desató picantes cruces con varios senadores demócratas, quienes lo acusaron de obstruir la investigación.

"Permítanme decir esto claramente: yo nunca me reuní o tuve ninguna conversación con algún ruso o algún funcionario extranjero con respecto a cualquier tipo de interferencia con cualquier campaña o elección en Estados Unidos", dijo Sessions al comenzar.

Visiblemente molesto, Sessions continuó: "La sugerencia de que participé en cualquier colusión, de que estaba al tanto de una colusión con el gobierno ruso para dañar este país, al cual he servido con honor por 35 años, o para socavar la integridad de nuestro proceso democrático es una terrible y detestable mentira", fustigó. Sessions llegó incluso a decir que nunca recibió información oficial sobre la investigación y que todo lo que sabe lo sabe por lo que lee "en el diario".

La interminable controversia que se instaló como una sombra negra sobre la Casa Blanca había surgido ya durante la campaña con el hackeo al Comité Nacional del Partido Demócrata. A fines de 2016, diversos órganos de inteligencia norteamericanos afirmaron que Rusia estaba detrás de esas operaciones para ayudar a Trump a ganar.

A principios de año, Sessions había reconocido que había mentido ante el Congreso sobre sus contactos con el embajador de Rusia en Estados Unidos, por lo que decidió abrirse de la investigación del Departamento de Justicia sobre el Rusiagate. Esa movida, el despido de James Comey del FBI y sus revelaciones posteriores abrieron la puerta para el nombramiento del fiscal especial, Robert Mueller.

Trump se molestó por la decisión de Sessions y el ex senador, un funcionario duro criado en el sur del país que ha sido acusado de ser racista y xenófobo, llegó a ofrecerle su renuncia. El presidente nunca la aceptó, pero, en los últimos días, ni Trump ni ninguno de sus funcionarios le brindó un respaldo franco y público al "policía supremo", como se le dice al fiscal general.

El clima en la audiencia era espeso, y no sólo por el calor abrasador que invadió a Washington. Los demócratas ya se habían preparado para masacrar a Sessions, pero el ambiente se enrareció luego de que, la noche anterior, un amigo de Trump, Chris Ruddy, dijo en una entrevista que el presidente estaba meditando sobre la posibilidad de echar a Mueller. La sugerencia encendió alarmas en la oposición.

Sean Spicer, secretario de prensa de la Casa Blanca, sacó un comunicado para aclarar que Trump nunca discutió el tema con Ruddy, pero no desmintió la historia.

Ayer por la mañana, Ruddy volvió a la televisión e insistió en lo que había dicho. De paso, despedazó a Spicer: "No lo negó. No emitió un comunicado negando mi historia. Es lo más tonto que he oído. Es de principiante. Fue un comunicado ridículo".

La reacción fue inmediata: republicanos y demócratas en el Congreso blindaron a Mueller.

Incluso el presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, defensor acérrimo de Trump, dijo que había que dejar "hacer su trabajo" a Mueller. Lo mismo hizo el líder republicano del Senado, Mitch McConnell: "Tengo mucha confianza en Bob Mueller. Creo que fue una buena elección", dijo.

El tema salió incluso durante el testimonio de Sessions, quien también respaldó al fiscal especial, en quien, dijo, tiene "confianza" para llevar adelante la investigación.

Trump viajó ayer con varios funcionarios de su gobierno a Milwaukee, en Wisconsin, donde brindó un breve mensaje para atacar la reforma de salud de Barack Obama y promover su propia reforma, en la cual trabajan ahora los republicanos en el Senado en un hermético silencio. Los periodistas que viajaron con él intentaron sacarle una definición sobre Sessions, pero no lo consiguieron. Trump se quejó de la oposición demócrata.

"Vamos a tener cero votos de los obstruccionistas, los demócratas", anticipó el presidente.

Problemas de imagen

60%

El nivel de desaprobación de la gestión de Trump

Cinco meses después de entrar a la Casa Blanca, Trump obtuvo esta semana el nivel de desaprobación más alto de su breve administración, según una encuesta de Gallup. Ningún otro presidente había llegado tan rápido a ese nivel

86%

El nivel de aprobación entre los republicanos

El mandatario mantiene, sin embargo, un fuerte respaldo de los votantes de su partido, según la misma encuesta, que lo apoyan con una fuerte mayoría del 86%. Por otra parte, apenas le dan el visto bueno el 9% de los demócratas y el 36% entre los independientes

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