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Pablo Grinjot: el cantautor orquesta

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LA NACION
Jueves 15 de junio de 2017
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Presentación del álbum La dueña de mi poesía / Músicos: Pablo Grinjot (voz, guitarra, piano, composición y arreglos), Christine Brebes, Cecilia García, Valentina Granara, Carlos Britez y Andrea Rosenfeld (violines); Mariano Malamud (viola); Dolores Velasco y Karmen Rencar (violoncello); Esteban Magnelli (contrabajo); Matías Pergolani y Pedro Kracht (guitarras) / Invitados: Agustina Paz (piano), Darío Jalfin (piano), Fabián Prado (piano) y Manu Careter (bandoneón); Daniel Melingo, Cata Raybaud y Martín Reznik (voces) / Concierto: el último sábado / Sala: Biblioteca Nacional / Nuestra opinión: buena

Grinjot, acompañado por una sección de arcos
Grinjot, acompañado por una sección de arcos. Foto: DIEGO SPIVACOW / AFV

Es difícil determinar si la presencia de orquestas sobre los escenarios argentinos responde a una vuelta al pasado o una apuesta al futuro.

La vuelta al pasado podría ser pensar en la orquesta como un formato habitual, cotidiano, como las tangueras que sonaban en la década del cuarenta en las confiterías, como las que animaban bailes de típica y jazz, como las que tenían las radios más importantes del país, incluso hasta un par de décadas después.

La apuesta al futuro es la que vienen haciendo músicos de diferentes vertientes desde el comienzo de este siglo para defender una estética que los identifica y lograr, de ese modo, que no sea raro tener sobre un escenario a un grupo de arcos, metales o maderas.

Pablo Grinjot es uno de esos músicos que se identifican con la estética de las orquestas de cuerdas. Y más allá de lo que muestre su presente, recurre a ellas cada vez que puede. Evidentemente se siente cómodo con esa sonoridad.

El último sábado Grinjot presentó su último disco, La dueña de mi poesía, e interpretó temas de álbumes anteriores en un formato de orquesta de cuerdas, tres guitarras, piano y varios cantantes invitados.

Su flamante CD es un poco más eléctrico y suena con formaciones mucho más pequeñas, pero ese sano berretín que tiene de representarlo con orquesta era una tentadora idea, frente a la posibilidad de tener un auditorio como el de la Biblioteca Nacional, con una caja que permite una presentación acústica. Grinjot tomó la decisión y fue a fondo con ella. Esto incluye hasta las voces, que sonaron al natural, sin mediar amplificación.

Así se dispuso a recorrer su repertorio, el nuevo y el que ya tiene unos cuantos kilómetros recorridos; ese cancionero que tiene su sello en las rimas y ese que admite influencias, como la de Fito Páez ("Despedida"), Andrés Calamaro ("Maniquí"), Sabina ("Peronismo y cultura") o Drexler ("Tren llegando").

Esa no fue la primera vez que Grinjot trabajó con esta clase de formaciones. Suele experimentar con la tímbrica y la sonoridad en diferentes situaciones (incluso experimenta con el repertorio, porque es capaz de sentarse al piano en los bises para dar su versión del "Vals N°2", de Chopin).

Estos formatos pueden ser tomados como un proceso en evolución que debe seguir madurando. El balance de su orquesta es uno de los puntos por ahora más débiles. En el concierto en la Biblioteca Nacional las cuerdas taparon el volumen de las tres guitarras y de las voces de los cantantes invitados. Sólo sobrevivió la voz de Grinjot aunque no se la escuchó en el plano adecuado.

En cuanto a los arreglos, el cantautor tiene allí un terreno para seguir trabajando. A menos que sienta que las cuerdas le vayan a quitar protagonismo a las canciones, puede profundizar (o darle la tarea a otro orquestador) en matices para conseguir variantes para su grupo de arcos.

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