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Viaje por el universo creativo de Momix, una compañía de danza e ilusiones

Un recorrido por la granja donde Moses Pendleton y su exitosa compañía idean, trabajan y producen obras que parecen salidas de la misma naturaleza; de Connecticut al mundo, y la Argentina también

Jueves 15 de junio de 2017
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LA NACION
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WASHINGTON (Connecticut).- El viaje de Nueva York a un pequeño pueblito de Nueva Inglaterra dura menos de tres horas y conlleva emociones varias. Es pasar de la interminable hilera de rascacielos a la naturaleza viva. En el camino se pueden acariciar con la vista arroyos, ríos, bosques y montañas. La propuesta es llegar a los headquarters de Momix, uno de los grupos de danza teatro más importantes del mundo. Fue creado por Moses Pendleton, quien, a pesar del éxito, nunca decidió mudarse de su casa victoriana en la montaña. En lugar de montar un gran estudio en Nueva York y hacerse multimillonario prefirió levantar un estudio con forma de granero a metros de su hogar. Allí sus vecinos más cercanos suelen ser ciervos, mapaches, comadrejas y hasta osos negros.

Habita una casa semicircular de 120 años de antigüedad -de 22 habitaciones- donde, además, están sus oficinas. Al llegar a la puerta uno ya siente palpitar el corazón de Momix. En el porche de entrada, una muñeca de yeso y papel maché descansa en una reposera, custodiada por dos cabezas. A su alrededor hay muchas flores, plantas vivas y otras secas que se enredan y forman figuras como aquellas que Pendleton crea en sus espectáculos. Quien recibe con una amable sonrisa es Cynthia Quinn, su productora, que invita a pasar a lo que será un apasionante mundo de fantasía y arte. Mientras el piso cruje ante cada paso, las paredes saludan con un empapelado que se desgaja en pliegues, como si sufrieran un peeling artístico. Lo que podría ser viejo y dejado aquí se ve hermoso, apasionante, deliberado. Entre esos pliegues cuelgan máscaras blancas, cuadros, antigüedades varias, fotos, un universo barroco y sensible. Sobre los muebles del vestíbulo, una bacanal de viejos adornos, girasoles secos, libros de páginas amarillas con tapas duras. Adentro, en el gran living comandado por un hogar a leña, sillones de todo tipo sobre los que descansan más máscaras y una variedad indescriptible de objetos. Nadie que habite ese lugar podría tener un ego incontrolable, ni aunque sus espectáculos hayan pasado por los escenarios más importantes del mundo o sea considerado uno de los principales referentes de la danza teatro. Luego de unos pocos minutos aparece él, Moses Pendleton, y se confirma el pronóstico. Un tipo muy amable, de esos que miran a los ojos siempre, con un sentido del humor único y la sabiduría de un hombre que siente que "el futuro está en el pasado". Es el mismo que tiene la habilidad de ser coreógrafo de seres humanos, plantas, flores y piedras.

Muestra con orgullo su estudio, donde hay objetos en el piso, las paredes y el techo. Su escritorio (bellamente antiguo, por supuesto) da a una vista placentera. En algunos cuadros se exhiben fotografías suyas. Muy particulares y personales. Allí está su visión, el secreto de esa mente única. La foto de un montículo de nieve tiene un particular erotismo; otras con flores y plantas secas proponen formas humanas y animales. Luego invita a mantener una charla en su lugar favorito de la casa: el pórtico trasero, que da a su propia colina. Confiesa que ése es su lugar de inspiración desde 1978. En esa gran colina él mismo cultivó distintos tipos de plantas y flores. Muestra cómo el majuelo, un árbol que da capullos de algodón, flores pinchudas y unas espinas impresionantes, puede ser inspirador de una gran coreografía. Más allá, logró hacer un mandala de más de 100 metros de circunferencia, dibujado por 16 hileras de girasoles. Se necesitarían muchas páginas para poder describir el universo de este hombre que en sus ratos de ocio, con esa misma vista que le regala la naturaleza, combina la lectura de una compilación poética de Pablo Neruda con un enorme libro titulado La biblia del vino.

Su compañía, Momix, ya estuvo en la Argentina en varias oportunidades, y recuerda que cuando viajó a Buenos Aires se deslumbró con un show de danza de Miguel Ángel Zotto y Milena Plebs y con la presencia de Sharon Stone en el mismo hotel donde estaba parando. Fue a principios de los años 90. Desde hoy, Momix, compañía definida de danza ilusionista, volverá a presentarse en Buenos Aires, en el teatro Coliseo, en cuatro funciones y hasta el domingo. En Momix Forever, diez intérpretes revisan los mejores momentos de sus espectáculos Opus Cactus (a punto de reestrenarse en Nueva York, en el teatro Joyce), Bothanica, Momix Classics, Nuova Creazione, Sun Flower Moon, Passion y Super Momix.

-Sentado aquí me imagino que este paisaje que lo rodea es su fuente de inspiración.

-La naturaleza es mi tema favorito. Se une a la palabra nutrir [en inglés suenan de forma similar]. Es mi inspiración más importante, me nutre. ¿Ves ese espino? Tiene flores muy delicadas, copitos como de algodón, y unas espinas enormes. Es una imagen hermosa. Parece que tuviera picos. Los primeros colonos de Nueva Inglaterra ponían alrededor de sus casas majuelos para alejar a los espíritus malignos. Yo siempre digo que no sé si esos espinos están ahí para mantenerlos lejos o para evitar que salgan de las casas.

-¿Cómo es eso de que cuando ve un árbol o una flor imagina esas mismas formas en el cuerpo humano?

-Adoro los misterios y las formas de la naturaleza. Pueden estar en las flores, en las hojas secas. Vos viste la foto de la nieve apilada. Es erótica, parece un delfín en una situación de sexo oral con una hermosa sirena. Es sensual. El viento suele esculpir la nieve. Adoro el invierno, es fantástico, tan salvaje. Si sabés sentir el viento, conocés a Dios. La naturaleza esculpe la colina. Suelo ir a donde el hombre no va, conozco lugares donde la pared de piedra ataja la nieve y el viento hace sus esculturas. Ahí hago fotos fantásticas, retengo imágenes maravillosas. Cuando las veo puedo ir más allá de sus formas. Veo el verdadero espíritu de los espinos, o de una hoja muerta, o de una planta congelada.

-O sea, trabaja con sus cinco sentidos?

-Así es. Trato de desarrollarlos y de trabajar con ellos. Creo que el ser humano está desensibilizado y las artes tratan de abrir los sentidos. A través del oler, escuchar, tocar, degustar, ver e incluso desde manejar bien la energía, uno puede pasarlo mejor, se puede tener propósitos, volar como los pájaros. El secreto está en cómo el ser humano se conecta con lo no humano: con los animales, con las plantas, los minerales. Mi visión de eso está reforzada por el hecho de vivir aquí. Esto está conectado con mi próximo show, que estará centrado en el medio ambiente. Por ejemplo, no me interesa nada el mundo cibernético actual ni la tecnología, sino la esencia, que es sorprendente. Ando mucho en bicicleta, de día y de noche. Pedalear al atardecer es casi un acto religioso, una pequeña plegaria. Me muevo y pienso, siempre con música en mis auriculares.

-¿Qué tipo de música?

-Depende de la foto. Los pintores suelen trabajar con música de fondo. Seguramente sería apasionante saber cómo esa música afecta su creatividad. Sinestesia. Mucho de lo que hago no podría hacerlo sin música. El sonido es el director. Durante el día escucho música que me desconecte, en el atardecer necesito otra. Son rituales necesarios, inspiradores. Amo esta casa, conservada casi en su totalidad, sin modernizaciones. ¿Viste que conservo el empapelado original, semiarrancado? Me encanta, quise dejarlo así tal cual. Cuando entra la luz por las ventanas y se refleja en la sombra del empapelado roto traza figuras hermosas. Es fantástico. Las sombras son bellas. Mi exploración es así, como un fotógrafo, tratar de entender la luz. Y cuando sucede, sentarte a contemplarla.

Viva Momix Forever.

Teatro Coliseo, Marcelo T. de Alvear 1125.

Hoy, mañana y pasado mañana, 20.30; el domingo, a las 17.

Entradas,desde $ 400

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