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Es el momento para salirse del sistema

Jorge Búsico

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PARA LA NACION
Jueves 15 de junio de 2017
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De repente, la estantería empezó a moverse y se cayeron algunos objetos de valor. Un rush de derrotas encendió las alarmas: los Pumitas contra Georgia (teniendo que jugar ahora la permanencia por primera vez en la historia del Mundial M20), Argentina XV con Rusia por la Nations Cup y los Pumas frente a una Inglaterra sin 10 de sus titulares (aunque se observaron puntos positivos y hay esperanzas de victoria en la revancha de pasado mañana en Santa Fé). A ese panorama hay que agregarle la saga de Jaguares, quedando otra vez fuera de los playoffs del Súper Rugby y perdiendo ante rivales de menor jerarquía. Un primer pronóstico indica que algo no está saliendo bien o no se está haciendo bien.

Es necesario ubicar el contexto. El rugby profesional lleva apenas un año y medio en la Argentina, por lo cual en el nivel 1 (Pumas/Jaguares) es pronto para elaborar conceptos determinantes. Aunque reine la impaciencia, hay que darle tiempo a ese proceso, lo que no significa eludir el seguimiento crítico del camino que eligió la UAR. No sabemos aún en ese terreno si los desajustes que ya se vienen observando desde el año pasado responden a esa etapa de transición o a fallas en los distintos escalones de decisión. O si ambos están yendo de la mano.

Lo que sí está claro es que a los distintos seleccionados argentinos se los nota sin identidad en su juego. Han perdido atributos históricos, ya no sorprenden atacando (el rasgo distintivo de los últimos años) y se siguen mostrando indisciplinados, desconcentrados y, muchas veces, sin respuestas para lo que ofrecen los rivales.

Evidentemente, no se ha tomado nota de lo que pasó el año anterior. Hay una dosis de soberbia y también de desconocimiento y de influencias/amiguismos que tienen que ver con este escenario. No se trata de quitar o agregar personas, sino de introducir ideas nuevas. Algo que sacuda a lo que ya se viene haciendo sin grandes cambios desde que en 2009 arrancó lo que en el ámbito de decisiones llaman "el sistema".

Es doloroso ver cómo chicos y grandes son doblegados en el scrum, vulnerados más de la cuenta en la defensa y sin poder soportar la presión en los momentos calientes y finales de los partidos, cayendo en infracciones o errores no aptos para el primer nivel. En la búsqueda del ataque y del offload se ha perdido la fuente de obtención. Hoy, el sistema de juego de los seleccionados se asemeja a una manta corta.

Este panorama en la cancha conlleva a otra situación preocupante: las potencias siguen estando lejos porque, fundamentalmente, cuentan con otras realidades y otros presupuestos a los que la Argentina difícilmente llegue, ni siquiera incorporando una segunda franquicia al Super Rugby. La UAR debe ser la entidad deportiva que, luego del fútbol, más recauda en la Argentina en concepto de televisión y patrocinadores. La mayor parte de ese presupuesto se va sólo en sostener la estructura profesional. ¿Qué pasará si no alcanza?

Las alternativas no parecen sencillas. Si se rearman los contratos de los jugadores (hay diferencias sustanciales en muchos de ellos), aparecerá el riesgo de que muchos se marchen a Europa. Si se continúa exprimiendo el presupuesto, se puede romper el rugby de clubes. Es el momento para ideas nuevas. Para apuntalar la estantería antes de que se derrumbe del todo. Para salirse del sistema.

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