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¿Hijos sin madres?

La filiación de los niños no puede ni debe depender de la voluntad de los adultos ni de la interpretación forzada de las leyes

Jueves 15 de junio de 2017

Ha cobrado cierta notoriedad el caso de una pareja de hombres convivientes, padres genéticos de dos hijos cada uno, mellizos en un caso, que aspiran a que sean inscriptos como hijos de ambos. Además de los inconvenientes que les impone la naturaleza, tropiezan con la disposición legal que establece que la filiación la marca la madre que los dio a luz.

Uno de los hijos, nacido en el extranjero, fue inscripto como hijo del padre, sin mención a la madre, pues la legislación del país de origen así lo permite. Los otros nacieron en la Argentina, de vientres subrogados, es decir, de mujeres que se prestaron a gestarlos.

Para lograr su propósito, ambos papás iniciaron lo que legalmente se denomina "acción de filiación", con relación a los mellizos, y de "adopción de integración", en el caso de la niña nacida en el extranjero que resultaría adoptada por el conviviente no progenitor. El cuarto niño nació con posterioridad a la iniciación de las acciones legales. Durante el proceso, debidamente asesorados, optaron por convertir su demanda de filiación en un pedido de adopción plena por integración, admitida por nuestra ley, de forma tal que los tres hermanos lo serían por doble vínculo: con doble filiación y doble apellido. El cuarto niño se integraría de la misma forma.

Sin embargo, los demandantes insistieron en su pedido originario invocando la voluntad procreacional, pese a que no habían cuestionado la constitucionalidad del artículo del Código Civil y Comercial que establece la maternidad de quien gestó y dio a luz al niño. La sentencia de primera instancia se pronunció por la inscripción de los dos hijos del progenitor como hijos de los dos convivientes, y en cuanto a la niña, que sólo tenía un padre, aceptó la adopción de integración con relación al otro conviviente. El defensor de menores y el Ministerio Fiscal se habían pronunciado por la adopción de integración para los tres y apelaron la sentencia.

La Cámara Civil dio por claramente establecido sobre la base de las constancias del parto que los mellizos habían nacido de una madre perfectamente individualizada y los declaró hijos de ella y de su padre, conforme la ley argentina. Con relación a la niña, con madre no individualizada, dispuso la adopción de integración tal como había sido solicitada. Los demandantes han planteado un recurso extraordinario y el expediente deberá ser resuelto, en definitiva, por la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

Las argumentaciones expresadas públicamente por los apelantes tienen una carga más efectista que real. Aducen que los niños se convertirán en NN, que las madres no tienen voluntad de ser madres, que existe un vacío legal en la materia, que se afecta el derecho a la identidad de los menores, que se los quiso obligar a la adopción de integración aun cuando habían modificado el pedido en tal sentido y que se les pretendía imponer a los niños una madre que no tenían, afirmación esta última difícil de sostener.

A su vez, los muy fundados argumentos del defensor de menores, representante de los niños, expresaban que se estaba intentando convertir a los jueces en legisladores, pues el Congreso había mantenido el principio legal y natural por el cual los hijos son de quien los da a luz. Destacaban asimismo que no era posible fomentar un negocio a partir de la vulnerabilidad de las mujeres más carecientes; que era conveniente que todos los hijos tuvieran un mismo vínculo, como se fija con la adopción plena, y que la filiación no podía depender de la voluntad de los adultos. También aducía, en concordancia con la doctrina civilista argentina, que los niños no pueden ser objeto de un contrato ni un útero objeto de otro y que los niños tenían derecho a un proceso unitario: fecundación, gestación y parto.

También se ha señalado la trascendencia psicológica de la gestación, el valor de la vida intrauterina y del intercambio y la comunicación de tejidos entre embrión y receptora, así como la mayor inmunización del bebe a través de la placenta o del calostro, el diálogo molecular que evita el rechazo del cuerpo extraño, la simbiosis entre estas dos vidas, ya que hay células del niño que han sido detectadas en la madre, la percepción de la voz de la madre y las vivencias exteriores incorporadas, como la música, entre otras.

Preocupa el empecinado esfuerzo por torcer la naturaleza, sobre todo cuando sólo se persigue hacer primar cuestionables posiciones ideológicas. Desde esta columna se ha rechazado la adopción de niños por parejas de un solo sexo, pero ésta hoy es legal y, como tal, debe ser respetada. Del mismo modo, si la ley dice que los hijos son de la madre que los alumbró y no se plantea discusión alguna sobre la prioridad entre la madre genética y la madre gestadora, una vez más, sólo cabe respetar la ley y preservar el derecho a la identidad del niño. La solución de la adopción integradora respeta el interés de los papás, mediante una ficción legal explícita, esto es la filiación adoptiva plena, merced a la cual los niños serán hijos de los dos papás y podrán, oportunamente si lo desean, conectarse con la madre que los gestó y dio a luz.

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