Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Al peronismo le llegó ahora su 2001

LA NACION
SEGUIR
Carlos Pagni
Jueves 15 de junio de 2017
0

Al peronismo le ha llegado su 2001. Una de las dimensiones de la crisis de aquel año fue un ajuste brutal de las capas medias. El malestar se proyectó sobre la estructura política. El radicalismo y, en menor medida, el socialismo, que constituían el aparato tradicional de intervención en la vida pública de ese sector, colapsaron. Es imposible comprender el kirchnerismo sin ese factor. La pulverización del segmento no peronista del sistema de partidos. Uno de los interrogantes de este momento histórico es si, con Cambiemos , esa parte de la sociedad se reencontró con un instrumento consistente para aumentar su influencia en el proceso colectivo.

La otra gran incógnita se está planteando en estas horas. ¿El peronismo sufre una dinámica similar de dispersión? La cariocinesis inaugurada por Sergio Massa en 2013 promete, desde ayer, acelerarse. Para evitar una disputa interna con Florencio Randazzo , la ex presidenta abandonó el PJ y fundó Unidad Ciudadana. Es un frente integrado por Kolina, de Alicia Kirchner; Nuevo Encuentro, de Martín Sabbatella ; el Partido de la Victoria, de Aldo San Pedro, y Compromiso Federal, de Alberto Rodríguez Saá. Mauricio Macri festeja. No sólo ella está vigente. Quizás hasta le provea una oposición partida en tres.

Unidad Ciudadana fue presentada ayer en un acto que, como era inevitable, tuvo a la señora de Kirchner como única oradora. Si, como quería Zannini, "a la presidenta no se le habla, se la escucha", a la ex presidenta también. En el Instituto Patria, que ella dirige, delante de 36 intendentes, se repartió un documento que describe el calvario al que Macri ha sometido a los argentinos y las propuestas para superarlo. Lo titularon "Unidad ciudadana para volver a tener futuro". Pero se podría haber llamado "Proyecto helicóptero".

Así como hace meses la señora de Kirchner anunció la creación de su nueva organización, la idea central de ese texto también había sido formulada. En el último discurso que pronunció en la Casa Rosada, ella explicó que el gobierno de Macri constituía una aberración política porque quienes lo eligieron habían sido engañados por los medios hegemónicos, los jueces corruptos, las corporaciones empresariales, los fondos buitre y el Imperio. Lo que sobrevendría era inexorable: un ajuste salvaje que correría el velo de la ilegitimidad. La primera consecuencia de este diagnóstico fue la negativa a entregar el bastón de mando al sucesor. Quién entrega ese símbolo y quién lo recibe son esenciales para Cristina Kirchner. Ella lo tomó de manos de su esposo, en 2007, y de su hija, en 2011. Florencia tendría más densidad democrática que Macri. Nada que sorprenda: en 1973 a los Montoneros les costó reconocer la autoridad de Perón, que había ganado con el 63% de los votos.

La declaración de ayer pretende demostrar que el Presidente es una especie de Videla sin desaparecidos. El razonamiento: la herencia recibida no es la raíz, sino la coartada de las dificultades económicas y sociales. Éstas, además, no son el costo inevitable de una normalización, sino el objetivo de un ajuste feroz en beneficio de los poderosos. Suele suceder con Cristina Kirchner: lo primero que olvida son los datos. Y, al poco tiempo, el temor a la contradicción con las propias experiencias. Como si describiera su gobierno y el de su esposo, denunció la utilización de la justicia federal y de los servicios de inteligencia para hostigar a los adversarios. Son rasgos que el oficialismo actual hereda del anterior y que, según señala Elisa Carrió cuando no se autocensura por razones proselitistas, estarían agravados: Macri perseguiría, además, a los propios.

Los intendentes salieron decepcionados. Como no saben que, para mortificación de Alberto Fernández, "Pepe" Albistur ya está preparando el marketing con algunos profesores bonaerenses, necesitaban que ella les confirme su candidatura. Pero les dijo que "hasta el 23 hay tiempo". Ellos deberían advertir que la proclama que les repartieron contiene un indicio claro de que está dispuesta a competir. Si el drama nacional es tan lacerante, sólo ella podría remediarlo. Salvo que haya perdido la autoestima.

Los documentos electorales, más que describir la realidad, establecen demarcaciones. El de ayer incluye un veto a los colaboracionistas que hayan ayudado a aprobar leyes del Gobierno. Cristina Kirchner tiene dos obsesiones: Fernando "Chino" Navarro y Juan Manuel Abal Medina. Al primero le reprocha los acuerdos económicos del movimiento Evita con el oficialismo. La recriminación a Abal es más insólita: no haber sido procesado en la causa Fútbol para Todos. Estética kirchnerista: al tigre le pueden sobrar manchas, no faltarle. Con Abal hay otro rencor. Como su colaborador Lucas Nejamkis se ha convertido en una especie de secretario privado del tenebroso Antonio Stiuso, en La Cámpora temen la contaminación del espía jubilado. Esas interdicciones se explicitaron la semana pasada en una conversación entre Máximo Kirchner y el ex intendente de Quilmes Francisco Gutiérrez, alineado con Randazzo.

También Luis D'Elía chocó contra un blíndex. La explicación más sincera la ofreció ayer un colaborador de la ex presidenta: "Ya bastante tenemos con renunciar al PJ. ¿Quiere que también nos quedemos con D'Elía?".

El abandono del PJ es la forma de evitar unas primarias con Randazzo. Una razón evidente: los Kirchner jamás fueron a internas. Siempre prefirieron la unanimidad. Si en algún distrito hay competencia, es porque todas las listas obedecen a la ex presidenta. Es el caso de la Capital Federal, donde compiten Daniel Filmus, Guillermo Moreno e Itai Hagman. Moreno tiene grandes chances de convertirse en diputado. Ofrece espectacularidad a cambio de fueros. Hay otro motivo para que no haya una confrontación: la señora de Kirchner no discute con empleados. Y para ella Randazzo sigue siendo un empleado.

La causa principal de esa resistencia, sin embargo, es otra: la ex presidenta sabe que su verdadero costo es que su política sea cuestionada desde el peronismo. "Si quieren ese ring, no pidan que se lo instale yo. Que lo busquen en los medios", suele decir.

La estrategia suena razonable. Cristina Kirchner cree que, en las primarias de agosto, Randazzo rondaría el 7 u 8% de los votos. Y ella se aproximaría al 25%. En las generales de octubre se impondría la polarización contra Macri, como garantiza el documento de ayer. En ese juego, sigue el argumento, Randazzo perdería lo poco que consiguió. En cambio, ella podría aspirar a un 30%, que le permitiría seguir protagonizando la disputa de poder. Como hacia 2019 el Gobierno ya habría fracasado, sobre ese 30% podría construir un proyecto presidencial competitivo. Para sí o para su hijo. Seguimos yendo por todo.

Hay una premisa verdadera: Randazzo está en problemas. No sólo porque estuvo subordinado a su nueva rival, a pesar de cualquier humillación, hasta el 10 de diciembre de 2015. Además, tiene dificultades de orden práctico. Al desafiarlo en las internas del PJ, Mario Ishii lo obliga a dividir segundos de publicidad y financiamiento. Si, como muchos prevén, se suma un amigo de Moreno a la competencia, el reparto es entre tres. Un inconveniente todavía mayor: la junta electoral y los apoderados del PJ responden, en su mayoría, al kirchnerismo. Randazzo pidió que los reemplacen. "Fueron designados por un congreso partidario", le respondieron. Anoche evaluaba inscribir un nuevo frente. El PJ quedaría sólo para Ishii.

Cristina Kirchner echó mano de una vieja receta. En 2005 también compitió como senadora fuera del PJ, que llevó como candidata a "Chiche" Duhalde. Esta vez se disputa el mismo tesoro: el conurbano bonaerense. Es una pelea estratégica. Pero se da en condiciones muy distintas a las de hace 12 años. El aparato oficial del peronismo sufrió dos derrotas en ese territorio. En 2013, ante el Frente Renovador, y en 2015, frente a Cambiemos. ¿Fueron dos casualidades? ¿O la política bonaerense y, por lo tanto, nacional está ante una mutación de largo alcance?

Es la pregunta que se hacen los intendentes. Ellos se exponen a perder poder en los concejos deliberantes, lo que puede significar, en algunos casos, la ingobernabilidad y, en otros, la cárcel. Por eso hasta el 24, que es cuando hay que presentar candidaturas, habrá negociaciones. Y mucha presión. La sentirá, sobre todo, Randazzo, de parte de los tres alcaldes que lo acompañan. No sólo temen perder frente a Cristina Kirchner. Sospechan que, gracias a la división del PJ y al bloqueo de cualquier renovación, todo puede pintarse de amarillo. El plan de Cristina, además, puede tener una fisura. Ella se propone enfrentar a Macri. Pero tal vez se enfrente con alguien más riesgoso: María Eugenia Vidal.

En esta nota:
Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas