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¿Por qué estoy sufriendo?

PARA LA NACION
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Bernardo Stamateas
Jueves 15 de junio de 2017 • 01:23
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El dolor nos contrae, nos empuja hacia adentro; mientras que la alegría nos expande. Cuando una persona está sufriendo, todo le parece sin sentido, pues el dolor nos marca, nos forma y nos transforma.

1.Reacciones frente al sufrimiento:

Podemos reaccionar de muchas maneras cuando estamos sufriendo. Por ejemplo, cayendo en abatimiento, aislándonos, victimizándonos o enojándonos. Algunos tienen la creencia de que el sufrimiento es meritorio o purificador y terminan por idealizarlo.

2.¿Cómo podemos afrontar los momentos difíciles de la vida y el sufrimiento que estos nos producen?

a. Enfrentándolos con la mejor actitud. Es decir, sin quedarnos en el dolor. Transitando el momento duro siendo conscientes de que no hay fórmulas para hacerlo y tenemos que respetar nuestros tiempos de dolor. El dolor no es un pozo, sino un camino que muchas veces nos toca recorrer. A la mayoría de los seres humanos nos cuesta aceptar el sufrimiento como parte de la vida. Por eso, buscamos una explicación y surgen las preguntas. En realidad, no queremos sufrir y sentimos que es algo extraño que no debería tener lugar en nuestra vida. Aun cuando, en el fondo, sabemos que es algo "natural" y una parte ineludible de nuestro paso por este mundo.

b. Otra forma de enfrentar el dolor es utilizándolo para cambiarme a mí mismo y ser una mejor persona. Víktor Frankl decía que el sufrimiento solo tiene sentido si lo cambia a uno mismo y lo hace mejor. Lo importante entonces es descubrir: en qué me cambió este dolor, qué dejó en mi vida, qué hizo nacer en mí, de qué manera me hizo crecer. Todas las personas que han pasado por situaciones difíciles comentan: "Dejé de preocuparme por tonterías y empecé a enfocarme, a priorizar otras cosas". Es decir, que han logrado "utilizarlo" a su favor, no porque se trate de algo positivo, sino para abrir su existencia a una nueva dimensión de mayor madurez y de cosas verdaderamente importantes en su vida.

c. Pasar del por qué al para qué. Preguntarnos por qué nos pasó lo que nos pasó no nos permite resolver nada. No resulta útil responder esta pregunta porque nos conduce a mirar hacia atrás y al sufrimiento lo enfrentamos "mirando hacia adelante". Lo importante es: qué voy a hacer con lo que me está pasando.

d. El dolor es una pregunta que no tiene respuesta. Aunque nos expliquen que la persona querida se murió por tal o cual motivo, el dolor no cede. He escuchado a gente preguntar: "¿Por qué me pasó esto a mí?". Y a alguien responder: "¿Y por qué no?". Esta no es una respuesta apropiada porque puede sonar como: "Embromate por lo que te tocó vivir".

e. Hacer crecer lo sembrado de quien partió. Toda persona que se fue de nuestro lado nos ha dejado una semilla, algo en nuestro interior y, muchas veces, nuestra tarea es hacerla crecer. Dice La Biblia que las obras de quienes partieron continúan en nosotros. La mejor manera de honrar a quien partió no es tirándonos en la cama y aislándonos del mundo, sino haciendo crecer esas semillas que nos dejó.

f. Transformarlo en un don para ayudar a otros. Podemos darle un sentido, una utilidad, al dolor. Muchas personas que han atravesado un gran sufrimiento lo han transformado en un don para ayudar y bendecir a otros. Este es un sentido privado que uno encuentra en comunión con uno mismo.

g. Recordar las respuestas positivas a situaciones del pasado. Todos vivimos situaciones complicadas que han dejado marcado en nuestro "ADN" que no nos dimos por vencidos. Es una especie de "currículum de batallas ganadas" y la fortaleza para seguir avanzando sin claudicar.

h. El apoyo social. Para cada problema, una compañía. En el sufrimiento busquemos gente que nos consuele, nos ame, nos acompañe. Víktor Frankl contaba: "Un hombre, en secreto, le dio a otro un pedazo de pan y le dijo algo que acompañó ese regalo. Ese algo es lo que me hizo llorar". Las palabras y la mirada de ese hombre acompañaron el regalo. Vemos en este ejemplo que el pan le dio energía al cuerpo pero la palabra le dio energía al espíritu. En eso consiste un gesto: un beso, un abrazo, una espera, un silencio, una mirada. Cuando uno sufre, comienza a valorar mucho más un gesto que el pan que pueda recibir.

i. Activar las emociones positivas. No perdamos de vista las "madrigueras afectivas": esos espacios que nos brindan bienestar, como una salida con amigos, el compartir con otros, la lectura, la oración y todo lo que nos "cargue de energía" y nos ayude a atravesar los momentos difíciles.

Nuestro objetivo al enfrentar el dolor es transformarlo en un don para ayudar a otros sabiendo que este es parte de nuestra historia, nos forma y nos transforma.

Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a Bernardoresponde@gmail.com

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